«A veces lo único que hago es mirar un punto fijo» confiesa Jacques Bedel al reflexionar acerca de su metodología de trabajo, que lleva a cabo de manera rigurosa desde hace más de cinco décadas. Se mueve con holgada comodidad entre las obras —algunas actuales y otras históricas— que presenta en el Centro Cultural Recoleta, un espacio que conoce muy bien, mientras enfatiza una y otra vez que él es un artista del presente, siempre activo y experimental.
Parado frente a una fotografía de una imponente iglesia en situación de catástrofe, inundada y derribada por el océano, explica que, desde que tiene uso de razón, la necesidad de conjugar su profesión de arquitecto y la de artista visual, ha estado presente. En pocos minutos deja muchos temas sobre la mesa para debatir.
Ir y venir
Ese ir y venir se percibe en todo el recorrido de la exposición, primero por las salas 7 y 8, donde se despliega Artistas y arquitectos. Bedel, Benedit y Testa en el Recoleta, en la que conviven piezas de los tres artistas argentinos responsables del proyecto arquitectónico que daría vida al Centro Cultural Recoleta en 1980, cuando Bedel era un joven de apenas 30 años, y finaliza en la sala 9, con una especie de cápsula visual que sintetiza con una docena de trabajos su última década de producción, bajo el título de Fragmentaciones.
Inauguración de la muestra Artistas y arquitectos. Bedel, Benedit y Testa en el Recoleta. Foto: gentileza CCRecoleta.Un capítulo más entre Bedel y esta institución, que se remonta a finales de los años 70, cuando no era más que un potencial.
“La posibilidad de hacer la reforma que finalmente le dió vida al Recoleta, fue un invento mío que surgió un día que me encontré con Ricardo Freixá, que por entonces era Secretario de Cultura de la Municipalidad de Buenos Aires, y me comentó que necesitaban reciclar este edificio para que albergara a los museos de la ciudad, así que me mandé y le dije que le regalaba el anteproyecto. 15 días más tarde me llamó y lo que había sido una conversación de cóctel se transformó en algo real. El tema es que me faltaba infraestructura, porque si bien estaba trabajando mucho había empezado hace poco, así que llamé a Clorindo y a Tato”.
Freixá pensó que el trío entenderían a la perfección las necesidades del proyecto, ya que además de arquitectos eran artistas. No se equivocó.
Nacido en 1947, Bedel logró destacarse en la escena del arte porteño desde finales de los 60. Formó parte del Grupo de los Trece, mejor conocido como Grupo CAYC, donde precisamente forjó un vínculo con Luis Fernando Benedit y Clorindo Testa, además de Víctor Grippo, a quien destaca como un gran colega. Bajo la gestión de Jorge Glusberg, presentaron su trabajo en muchas partes del mundo e incluso ganaron el Gran Premio de Honor en el Premio Itamaraty en la XIV Bienal Internacional de Arte de San Pablo en 1977.
Bedel, Benedit y Testa en el Centro Cultural Recoleta. Foto de archivo, gentileza CCRecoleta.Algunas de las obras incluídas en el guión curatorial de Cecilia Rabossi fueron parte de aquel envío, ya que parte de la intención era mostrar piezas del período en el cual los tres artistas realizaron la obra del edificio del Recoleta. Esos universos que cobraban vida dentro del taller de cada uno.
A lo lejos brilla una obra cargada de minúsculas municiones, como esas bolitas plateadas que las abuelas le ponían a las tortas en los 80. Bedel se para frente a ella y la describe como si la hubiera hecho ayer y no hace 52 años.
Lo mismo sucede con trabajos que están registrados en bocetos y fotos, pero que hace mucho tiempo se perdieron. Ellas reflejan la potencia en la exploración con distintos materiales, en especial aquellos que no pertenecen de forma estricta al universo del arte, pero que identifica como mecanismos para expandir su hacer y no parecerse a nadie más, algo que no tolera: la copia, la imitación y la apropiación.
Inauguración de la muestra Artistas y arquitectos. Bedel, Benedit y Testa en el Recoleta. Foto: gentileza CCRecoleta.Esa obra, al igual que muchas otras que hará a lo largo de los años, se nutren de la catástrofe de manera casi imperceptible e invitan a una doble lectura, la que se ve a primera vista y la que hay que encontrar hundiendo el hocico. «En esa época había hecho otro trabajo que hacía un ruido así –shhhhh– porque estaba sobre cuatro resortes, que permitían que las municiones sueltas se movieran hacia un lado y hacia el otro. No volví a verla, pero ahora que lo pienso, deberíamos rehacerla» asegura entre risas.
En cuanto a esos años de florecimiento creativo y oportunidades, aclara: «Con Glusberg participamos de exposiciones muy importantes que le otorgaron al grupo presencia internacional. Era una persona que lograba gestionar cosas en distintas partes del mundo y, aunque a veces sabías que no ibas a volver a ver lo que se había mandado, me convenía más ganar visibilidad. Tomábamos el riesgo y por eso sucedieron grandes cosas como la Bienal de San Pablo, aunque pasaron 30 años hasta que pude recuperar algunos de los trabajos porque habían quedado en una galería que en ese momento era muy importante pero que no me las devolvía», afirma.
Bedel, Benedit y Testa en el Centro Cultural Recoleta. Foto: gentileza CCRecoleta.En esa conciencia sobre el pasado, Bedel confiesa tener registro de todo, algo que Florence Baranger confirma. “No vas a encontrar a otro artista que tenga el archivo que armamos”. Uno de los tesoros más preciados son las agendas que conserva, todas iguales y rotuladas por año, desde 1971.
“Jacques puede decirte lo que hizo cada día de su vida”, asegura Baranger, responsable de ese archivo, razón por la cual supo de qué manera sintetizar la última década de trabajo del artista en ese puñado de obras que parecen mimetizarse en cuanto al color (o la falta de ello, ya que todas son en blanco y/o negro) y resaltar la urgencia por la experimentación.
Reinventarse constantemente
«No entiendo a los que no tienen la necesidad de reinventarse constantemente. Eso para mí está en la búsqueda de nuevos soportes, técnicas y materiales”, sostiene de manera tajante.
Inauguración de la muestra Artistas y arquitectos. Bedel, Benedit y Testa en el Recoleta. Foto: gentileza CCRecoleta.En esta sección se incluyen obras de la serie Rapsodia, que comenzó en 2014, cuando percibió que las artes visuales estaban invadidas por la fotografía y quiso explorar.
“Así fue como apareció el uso de diferentes tipos de plásticos y la unión con la técnica que hasta entonces era desconocida para mí. Sin embargo, en 200 años de historia de fotografía, nadie había trabajado de esta manera, algo que sucede porque no hice un recorrido tradicional sino que me salteé etapas y llegué a algo que permite el ingreso de la tridimensionalidad, que nace de la nada y se sostiene de la oscilación entre la luz y la sombra”.
Aparecen también escenarios, paisajes prácticamente abstractos y espacios que el artista crea a partir de un trabajo de composición. “Todas las fotos que uso son de viajes que hacemos, por eso me gusta sentarme del lado de la ventanilla y me emociona cuando se divisa una tormenta a lo lejos. Si no hay nubes, no puedo hacer nada”.
Inauguración de la muestra Artistas y arquitectos. Bedel, Benedit y Testa en el Recoleta. Foto: gentileza CCRecoleta.Iglesias occidentales, cielos cargados, océanos fuera de control. Todo confluye y parece advertir acerca de un futuro distópico. “Siempre debatimos acerca de la materialidad de la obra, dónde rige su nacimiento, si en el momento en el que Jacques saca la foto o cuando se concreta. Para él todo está en el archivo», concluye Baranger mientras se acercan a la salida y discuten sobre la existencia de Dios (Bedel aclara que se hizo ateo recién a los 50 años), la importancia de las ideas por sobre todo y el rechazo hacia los artistas que copian a otros. Más temas para seguir debatiendo.
Artistas y arquitectos. Bedel, Benedit y Testa en el Recoleta se puede visitar de martes a viernes de 12 a 21 y los sábados, domingos y feriados de 11 a 21 en el Centro Cultural Recoleta (Junín 1930).










