Luis Fernando Iribarren tenía 31 años cuando ayudaba a su tía por una dura enfermedad, hasta que la muerte de ella en 1995 derivó en un investigación que reveló una serie de crímenes estremecedores: había matado a cinco integrantes de su familia. Apodado como «El Carnicero de Giles«, su nombre siguió causando terror casi hasta al final de sus días, cuando se fugó de la cárcel y estuvo doce días prófugo hasta que fue recapturado por su «mayor debilidad».
Iribarren falleció el pasado domingo 22 de febrero pero su muerte se conoció en las últimas horas, según informaron medios locales. Padecía un severo cuadro de neumonía y se hallaba internado en el hospital Hospital Mi Pueblo de la localidad bonaerense de Florencio Varela, donde había sido trasladado desde la Unidad 31 del Servicio Penitenciario Bonaerense, lugar en el que cumplía prisión perpetua tras ser condenado por quíntuple homicidio.
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Tenía 61 años, y mientras estuvo detenido se recibió de abogado, estudió periodismo y ciencias económicas. Además, era conocido en la red social TikTok, donde compartía mensajes y videos sobre su vida cotidiana y consejos sobre Derecho. Incluso, respondía mensajes para estudiantes de esta carrera.
El Juzgado de Ejecución Penal N.°1 de Mercedes le otorgó un beneficio especial por buena conducta, le autorizó salidas educativas con un dispositivo electrónico con rastreador, pero en una de ellas se escapó y no apareció más. En casi treinta años de reclusión jamás había dado señales de fuga, y finalmente fue recapturado en Villa Atamisqui, Santiago del Estero, donde caminaba junto a su perrita.
La brutalidad de sus crímenes lo ubicaron en las crónicas policiales más impactantes de Argentina, mientras que Iribarren también se encontraba dentro de los presos que hace más años estaba detenido en el Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB), siendo superado Carlos Eduardo Robledo Puch, «El Ángel de la Muerte», que lleva casi 55 años en prisión.
Los crímenes del «Carnicero de Giles»
Luis Fernando Iribarren fue condenado por el crimen de su tía Alcira, de 59 años, que vivía a unos metros de distancia de su casa en San Andrés de Giles. Atravesaba una enfermedad oncológica, por lo que él se mudó con ella para cuidarla y asistirla en sus tratamientos. Un día, sus vecinos no la vieron más y comenzaron a sospechas.
El «carnicero» respondió ante las preguntas que la salud de la mujer había empeorado y por eso había tomado la decisión de internarla en un hospital en la ciudad de Buenos Aires. Poco después reconoció que «su tía había muerto» y no había podido ganarle al cáncer. Sin embargo, los olores nauseabundos hicieron que una de las personas que vivían cerca de su casa llamara al número de emergencias 911.
La Policía descubrió que la había matado de dos hachazos en la cabeza y que la había en el jardín de la casa mientras seguía su vida como si nada. Tras el hallazgo, comenzaron los cuestionamientos sobre qué había ocurrido con la familia de Iribarren, ya que hace años se desconocía su paradero.

“Mi familia se fue a vivir a Paraguay”, era la coartada que le decía en aquel momento a sus vecinos. Sobre el motivo, sostenía que eso se debía a una presunta deuda por un préstamo que había pedido su papá, Luis Juan Iribarren (49), y que no podían saldar.
Pero durante la causa que se abrió por el asesinato de su tía terminó confesando los homicidios contra los otros integrantes de la familia: así fue como los efectivos hallaron los cadáveres de su padre; su madre, la maestra Marta Langevin (42); y sus hermanos, Marcelo (15) y María Cecilia (9).
Los restos habían sido ocultados en una casona de un campo de la localidad de Tuyutí, a 25 kilómetros de San Andrés de Giles. “Los maté porque les tenía bronca”, diría después a las autoridades cuando le preguntaron acerca de los primeros cuatro crímenes que cometió, en agosto de 1986.

En sus declaraciones habló con frialdad, pero manifestó: “Entré directamente al dormitorio mío y que compartía con mi hermano Marcelo. Maldita sea la hora que entré y vi la carabina apoyada contra la ventana. Sin pensar, agarré el arma viendo que estaba cargada. Entré a la pieza donde dormían mis padres y mi hermana, cerré los ojos teniendo ubicados ya los cuerpos y disparé no sé si dos o tres tiros contra cada uno”.
Iribarren fue juzgado en agosto de 2002, cuando fue sentenciado a la pena de “reclusión perpetua con accesoria por tiempo indeterminado” por los cinco homicidios.
La fuga del quíntuple homicida
Además de recibirse como abogado, el asesino tuvo permiso para estudiar en la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLP (Universidad Nacional de La Plata). Estuvo preso en cinco cárceles bonaerenses -las unidades 31 de Florencio Varela, 5 de Mercedes, 10 de Mechor Romero, 12 de Gorina y 26 de Olmos-, se casó y tuvo dos hijos.
En 2024, durante una de sus salidas educativas, dejó el rastreador GPS cargando en la sede universitaria y desapareció antes de cursar una de las materias. Logró llegar hasta Santa Fe con su perro y se fue en auto hasta Santiago del Estero. Finalmente lo atraparon siguiendo el dato del animal, que lo acompañaba dentro de la cárcel. En total, pasó doce días prófugo.
Todo ocurrió en medio de un fuerte operativo que incluyó un pedido de captura internacional, y luego de su captura regresó a prisión, donde el «Carnicero de Giles» estuvo alojado hasta su muerte, este domingo 22 de febrero.
FP










