Si el tango dice que primero hay que saber sufrir, Boca puede dar fe del estribillo que popularizó Roberto Goyeneche. Al padecimiento deportivo, que incluyó la peor racha sin victorias de su historia, le agregó la dolorosa muerte de Miguel Ángel Russo. No obstante, si el técnico fue un símbolo de la lucha, el equipo se dispuso a dar pelea. Cansado de ser un pájaro sin luz, se energizó con dos victorias que hoy lo hacen llegar mejor que River al Superclásico del domingo.
Sí, Boca hoy no solo tiene más puntos en la tabla y casi asegurada su participación en la Libertadores 2026 después de dos años de ausencia; además, aún con claroscuros, el funcionamiento colectivo y los niveles individuales son más altos que aquellos que se observan en Núñez, donde pesa una crisis futbolística sin precedentes en la última década.
Entonces, la pregunta que puede hacerse cualquier desprevenido, ajeno al mundo azul y oro, es cómo logró Claudio Úbeda recuperar la confianza de los jugadores y los hinchas, atribulados por un año que arrancó con la eliminación del máximo certamen continental a manos de Alianza Lima, que continuó con la debacle en los playoffs del Apertura frente a Independiente y tuvo su punto más álgido con la prematura salida de la Copa Argentina contra Atlético Tucumán. Que cambió dos veces de técnico porque pasó de Fernando Gago a Russo y de Miguel al Sifón, su ayudante de campo empoderado por Juan Román Riquelme, al menos hasta diciembre.
“Hace quince días hablamos con los chicos sabiendo que teníamos cuatro finales por delante y había que saber cómo jugarlas. Arrancamos bastante bien este camino”, dijo Úbeda después del triunfo ante Estudiantes en La Plata. El rosarino de 56 años solía ser el comunicador de las directivas de Russo. Las buenas y las malas. Por eso no le pesó ponerse al frente del plantel. Tampoco, tomar decisiones.
En principio, sostuvo el esquema 4-4-2 con Brian Aguirre por la derecha y Carlos Palacios por la izquierda. Pero no le tembló el pulso para reemplazar al chileno, muy a pesar del enojo que le había mostrado ante Rosario Central, el último partido de Russo en un campo de juego. Suele ser un cambio fijo en cada fecha. Cuando el ex extremo de Newell’s faltó por un cuadro febril, utilizó a Williams Alarcón. Sin embargo, su mayor apuesta fue Exequiel Zeballos, quien llevó de a poco hasta darle la titularidad. El domingo arrancó contra Estudiantes y no se vislumbra que vaya a volver a salir del once inicial.
“Lo del Chango me da felicidad. Es un chico noble, con un potencial increíble. Le generamos confianza y demostró el desequilibrio que tiene. Tiene que creerse que puede ser determinante”, manifestó Úbeda. Y lo respaldó a pesar del penal errado. “Zeballos era el designado, lo hace muy bien. Tuvo su recompensa en el segundo tiempo y eso le dio aire. Es parte del crecimiento de un jugador joven», explicó.
El Changuito de 23 años, que sufrió lesiones importantes en las últimas tres temporadas, fue clave en los últimos 3 partidos con un gol ante Belgrano, dos asistencias frente a Barracas Central y el primer grito contra Estudiantes. Con los cordobeses y el Guapo fue un revulsivo; el domingo, el más gravitante desde el comienzo.
Úbeda mostró una lectura interesante para las variantes durante el partido. Sus modificaciones giraron el curso de los acontecimientos contra Barracas Central y Estudiantes. Por el ingreso de Zeballos hace una semana en Luna y Olavarría, y por la presencia de Ander Herrera en el segundo tiempo este domingo. El español fue decisivo por dos situaciones: la expulsión de Gabriel Neves y la falta que le hizo Fabricio Pérez y derivó en el penal que Miguel Merentiel canjeó por gol y por el triunfo.
El caso de Herrera es otra cuestión que Úbeda analizó con paciencia. Aunque en un momento de la semana pensó en hacerlo jugar de entrada ante la ausencia de Leandro Paredes, prefirió tenerlo a su lado en el banco y darle pista en el complemento. “Lo venimos cuidando para que nos pueda dar lo máximo cada minuto que le toque dentro de la cancha. Es súper inteligente, acomoda al equipo si hay errores y ante la necesidad y tiene lectura de juego. Es el segundo penal que le cometen, supo aprovechar la oportunidad. A pesar de sus pocos minutos, juega bien y marca la diferencia”, puntualizó el Sifón.
Merentiel corre con Zenón a celebrar el gol del triunfo ante Estudiantes. Foto: Maxi FaillaLa suspensión de Paredes fue un desafío para Úbeda, que intentó compensar el hueco que dejó su jugador franquicia con Tomás Belmonte, un futbolista de diferentes características, y un leve cambio de esquema, ya que modificó las dos líneas de cuatro y encaró el partido a bordo de un 4-2-3-1.
Merentiel y Milton Giménez se sostuvieron a pesar de que fallaron mucho contra Belgrano, lo que ameritó críticas de los hinchas, y tuvieron revancha ante Barracas Central. La fórmula de los centrodelanteros se mantuvo, más allá de tuvo un rol más referencial el ex atacante de Banfield.
“Jugar con uno o dos ‘9’ lo analizaremos dependiendo de las circunstancias que nos presente el partido, no somos cerrados a que siempre tenga que ser doble ‘9’, no hay ningún problema”, reflexionó el entrenador.
«Así se tienen que jugar estos partidos, cuando está la posibilidad de jugar, hay que jugar que es lo principal. Después, hay que ser aguerrido y duro cuando hay que defender y recuperar. La historia de Boca sabe cómo enfrentar este tipo de partidos y nosotros lo tenemos bien en claro«, enfatizó Úbeda.
Con la mente enfocada en el Superclásico, el plantel volverá a trabajar este martes. Consciente de que llega al partido más difícil en un rumbo ascendente. El premio es muy grande: el orgullo de vencer a River, la clasificación a la Libertadores y el reconocimiento de la gente, que durante todo 2025 miró a este equipo con mucho desdén.









