cómo la tecnología transforma la sexualidad

cómo la tecnología transforma la sexualidad

Durante décadas, cada generación descubrió el sexo a través de rituales que mezclaban deseo, curiosidad, algo de torpeza y clandestinidad. Hoy la sexualidad se forma a través de las pantallas en un ecosistema fragmentado, contradictorio e hiperestimulado que está gestando nuevas formas de erotismo, críticas al consumo tradicional y tendencias conservadoras que promueven un nuevo tipo de abstinencia.

Este año los cinco sitios triple X más visitados de los Estados Unidos sumaron 2.2 mil millones de visitas mensuales gracias a una oferta mucho más compleja que lo que sucedía el siglo pasado con las revistas, las películas y los inicios de la web.

Hoy la pornografía es un entorno inmersivo donde conviven videos personalizados por Inteligencia Artificial, una clasificación exhaustiva de cada fantasía imaginable y chatbots que interactúan y se adaptan a nuestros deseos.

Esto generó la aparición del “gooning”, sesiones maratónicas de masturbación con múltiples pantallas y comunidades enteras alentando a sostener una suerte de trance erótico colectivo durante horas gracias a algoritmos que tienen siempre a mano el próximo estímulo. Quienes lo practican hablan del placer como un loop infinito en donde el objetivo es la pérdida de control.

En la pornografía conviven videos personalizados por IA y chatbots que interactúan y se adaptan a nuestros deseos.

En la vereda de enfrente está Relay, una app creada por jóvenes mormones pensada para quienes quieren dejar de ver porno. Ofrece reuniones de apoyo en distintas ciudades, registros diarios, videos de terapeutas y un contador de “días limpios”. Se calcula que hoy cuenta con más de 100 mil usuarios activos y que ocho de cada diez son varones jóvenes.

Esta misma tendencia lleva ciento de miles de reproducciones en TikTok con hashtags como “NoFap”, “abstinence challenge” o “No Nut November”, con personas que comparten la sensación de que sus consumos de pornografía son problemáticos y que todo sucedió porque la tecnología abrió puertas que ahora cuesta cerrar.

En medio de esa tensión están también quienes quieran vivir de las fantasías y crean sus propios caminos. Es el caso de Hidden, una alternativa a las plataformas de contenido erótico como OnlyFans creada por la influencer Stella Barey, quien sintió que la presión por contentar a los algorítmos y la falta de control sobre sus videos y fotos se había vuelto insoportable.

De este modo nació una plataforma que se presenta como “ética” porque asegura devolverle autonomía económica a las creadoras y busca evitar el burnout que suelen vivir quienes necesitan publicar contenido a diario. En la visión de su creadora, si la tecnología nos expone, la mejor ofensiva es usarla para recuperar el control.

Así, en un mundo en el que lo sintético y lo real conviven sin límites claros, la misma generación que inventa el “porno ético” con algoritmos más justos también impulsa apps para evitar el porno por completo. Y no hay una contradicción.

La tecnología, que parecía destinada a simplificarlo todo, está haciendo que la sexualidad vuelva a ser un territorio incluso más complejo de lo que era. Más político, más discutido, más negociado y, paradójicamente, más humano.

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