cómo las provincias se pasan animales para restaurar ecosistemas

cómo las provincias se pasan animales para restaurar ecosistemas

En silencio, hay una red de cooperación que crece en la Argentina y que tiene un objetivo tan ambicioso como concreto: devolverle vida a ecosistemas donde ciertas especies desaparecieron.

La herramienta clave tiene un nombre técnico —translocaciones “de silvestre a silvestre”—, pero su lógica es simple: llevar animales libres desde provincias donde abundan hacia otras donde están extinguidos o en niveles críticos.

El resultado es una suerte de “federalismo ambiental” en acción, impulsado por gobiernos, científicos y organizaciones como @rewilding_argentina, que vienen liderando muchos de estos proyectos en el país.

Qué es el rewilding

El rewilding es una estrategia de conservación que busca restaurar ecosistemas devolviéndoles sus especies clave y permitiendo que la naturaleza vuelva a autorregularse.

A diferencia de otros enfoques más intervencionistas, no se trata solo de proteger lo que queda, sino de recuperar lo que se perdió: reintroducir animales que se extinguieron localmente, reconstruir cadenas alimentarias y devolver procesos naturales como la depredación, la dispersión de semillas o el control de poblaciones.

En ese esquema, cada especie cumple un rol. Por eso, cuando falta una —sobre todo grandes herbívoros o depredadores—, todo el sistema se desequilibra.

Ahí es donde entran las translocaciones: mover animales silvestres para acelerar esa recuperación.

Federalismo ambiental en acción

Santa Cruz, por ejemplo, aportó guanacos para reforzar poblaciones en el Chaco. Jujuy colaboró con Corrientes enviando ocelotes. Desde Corrientes, en tanto, salieron yaguaretés con destino al Chaco, en un intento por recuperar al mayor depredador de América en territorios donde había desaparecido.

En paralelo, los osos hormigueros rescatados —principalmente en Santiago del Estero, pero también en Chaco y Formosa— fueron clave para reintroducir la especie en Corrientes, donde hoy vuelve a formar parte del paisaje.

Incluso hay casos que cruzan fronteras: desde Santa Cruz se enviaron choiques a Chile para ayudar a recuperar la especie en la región de Aysén.

Por qué funciona

A diferencia de los programas basados en animales criados en cautiverio, estas translocaciones trabajan con individuos que ya saben sobrevivir en la naturaleza. Eso hace que la adaptación sea más rápida y que las tasas de éxito sean significativamente mayores.

“Silvestre a silvestre” es hoy una de las estrategias de conservación más utilizadas a nivel global. En África —donde este tipo de prácticas comenzó a desarrollarse con fuerza— se trasladan miles de animales cada año. Lo mismo ocurre en países de Europa, Asia, Estados Unidos y Australia.

En Kazajistán, por ejemplo, estas operaciones movilizan decenas de miles de ejemplares anualmente.

Sudamérica, en cambio, recién empieza a recorrer ese camino. Y dentro del continente, Argentina se posiciona como uno de los países más avanzados en la aplicación de estas técnicas.

Un trabajo en red

El crecimiento de estos proyectos no sería posible sin una articulación cada vez más aceitada entre distintos actores. Provincias que deciden colaborar entre sí, organismos nacionales que adaptan regulaciones para facilitar el traslado de fauna con fines de conservación, y un entramado de ONG y científicos que diseñan y ejecutan cada reintroducción.

En los últimos años, además, se avanzó en la simplificación de trámites para mover animales entre jurisdicciones, un punto clave para agilizar procesos que, por su propia naturaleza, requieren rapidez y coordinación.

Detrás de cada traslado hay una idea más profunda: restaurar funciones ecológicas. No se trata solo de sumar individuos, sino de reconstruir relaciones dentro de los ecosistemas.

El regreso de un depredador como el yaguareté, por ejemplo, impacta en toda la cadena alimentaria. La presencia de herbívoros como el guanaco o el oso hormiguero también modifica el equilibrio natural y contribuye a la recuperación de ambientes degradados.

Cada vez son más las provincias que se suman a esta lógica, con voluntad política y apoyo social para recuperar su biodiversidad.

La Argentina, con su diversidad de paisajes y especies, tiene una oportunidad única: convertirse en un laboratorio a cielo abierto de restauración ecológica.

Y, en ese camino, la colaboración entre provincias ya dejó de ser una excepción para convertirse en la regla.

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