Acaba de entrar a la Villa Olímpica de Cortina d’ Ampezzo, donde «el quilombo olímpico» ya se palpita. Una cámara la sigue: durante estas semanas de competencia en Italia, grabará un documental que se estrenará en el invierno argentino. Francesca Baruzzi no es solo la abanderada de la delegación argentina en los Juegos Olímpicos de Invierno; es también una mujer independiente que a los 27 años está en “la edad perfecta” del esquí alpino, un deporte que practica desde que tiene 7 años (aunque los esquíes se los puso por primera vez a los 2) y que desde hace un par de temporadas es una integrante permanente del Circuito Copa del Mundo -el nivel más alto al que puede aspirar un competidor-, donde en enero de 2025 obtuvo los primeros puntos World Cup de GS para Argentina. También es resiliente: tres veces se rompió los ligamentos cruzados pero eso no la alejó del deporte, aunque sí la acercó a un entrenamiento tan necesario como el físico: el mental. “Al final vamos con un enterito de tela a 100 kilómetros por hora”, dice con una sonrisa sobre la pasión que heredó de unos papás instructores de esquí.
“Podría haber salido para el otro lado: podría haber odiado la montaña”, reconoce la barilochense que en Milano-Cortina disputa sus segundos Juegos Olímpicos de Invierno. Los primeros fueron hace cuatro años en China, donde también portó la bandera argentina en la ceremonia inaugural junto a su coterráneo Franco Dal Farra, y recuerda que aquella pista en la que fue top 30 fue el lugar “más loco” en el que compitió. “Porque no había nieve. O sea, es un lugar donde no nieva, no precipita, no llueve, pero hacen -20, -30 grados. Era la pista blanca y todo lo demás verde. Muy artificial todo, un poco Black Mirror”, compara quien tiene el apoyo de Corona, en una referencia a la popular serie surrealista de Netflix.
Quien comenzará a competir el 10 de febrero en el Centro de Ski Tofane Alpine, en Cortina D’Ampezzo, donde acaba de caer una “nevada bastante grande” que podría dejar una pista con “nieve blanda, donde vas mucho más lento que si es hielo” en las pruebas de velocidad que realiza (Slalom, Slalom Gigante y SuperG), cuenta que puede alcanzar, dependiendo de la disciplina, “entre 100 y 140 kilómetros por hora”. También explica didácticamente que los recorridos “son siempre diferentes” y que “el circuito se traza la mañana de la carrera” y cada competidor tiene una hora para reconocerlo, es decir, para “bajar esquiando lento, haciendo una visualización y viendo qué línea usar”.
-Te debe encantar la adrenalina, pero ¿qué sentiste la primera vez que lo hiciste?
-La adrenalina me encanta. Cuando yo estoy esquiando, me viene todo en cámara lenta. O sea, sé que voy rápido, pero estoy tan en mi zona de confort que siento que todo se me pasa lento. Pero después veo los videos y digo qué locura. Pero es una sensación hermosa. La verdad es que lo disfruto mucho.
-Debés necesitar que en tu cabeza vaya lento para hacer esos movimientos.
-Sí, total. O sea, yo sé que cuando siento que se me viene todo rápido, que se me viene todo encima, es cuando estoy haciendo las cosas mal. Mentalmente es como silencio en la cabeza y volver a tu estado de concentración porque sino no sirve.
-¿Cómo le explicás a alguien lo que lo que representa estar ahí arriba antes de lanzarte y lo que vos sentís en ese momento?
-Y yo me lo imagino como un sprint, como un 100 metros. Dura un minuto, generalmente entre un minuto y un minuto diez la bajada, pero es un sprint. O sea, vos estás en la largada y decís tengo que llegar abajo lo más rápido posible. Lo dejás todo: cuerpo, alma, mente, todo para llegar abajo lo más más rápido posible. Pero al mismo tiempo estás bajando y no es línea recta; tenés curvas, tenés saltos, tenés que estar muy atento, mucha visualización, porque una milésima de segundo te cambia todo. O sea, tenés que tomar una decisión de hacer una curva cerrada a 90° en cinco milésimas de segundo.
-¿Cuánto cuesta llegar a competir en el máximo nivel?
-Uf. Muchísimo, muchísimo tiempo, muchísimo contacto con las marcas de esquí. Porque no es solo el talento en este nivel, sino que tenés que tener toda una red de contención, de entrenadores, de las marcas, porque necesitás tener ese desarrollo de materiales. No podés ir solo. Aunque quieras, aunque seas el más talentoso del mundo, necesitás tener ese equipo y cuesta mucho tiempo lograr que todo encaje. Yo lo comparo mucho siempre con Fórmula 1: si no tenés todas las cosas claras, en la primera curva seguro que te vas al piso. Así que cuesta llegar. Siento que justo ahora Argentina está en un auge en el deporte invierno y más en el esquí alpino, porque somos dos compitiendo constantemente en Copa del Mundo, que es muy difícil y que muchas naciones nunca lo puedan hacer, porque además necesitás tener ciertas condiciones. Por ejemplo, tenés que ser top 100 del mundo, sino no podés competir; tenés que tener menos de cierta cantidad de puntos. No es que es algo que se logra de la noche a la mañana. Entonces, siento que tenemos que aprovechar ese envión de esquiadores argentinos que viene fuerte para difundir un poquito más.
-¿Se ve un crecimiento en Argentina?
-Yo creo que sí. Obvio que siempre se va a ver más en las zonas de montaña, en Bariloche, en Ushuaia. Yo soy de Bariloche y lo que veo es que en los clubes si hay una camada más grande de chicos que ve como posibilidad de dedicarse a esto. Siento que desde mi parte apoyo un poquito a la causa siendo un referente de «OK, hay alguien que lo está haciendo, se puede hacer, se puede llegar». Así que creo que con eso estamos generando un poquito más de semillero en el ámbito del esquí.
-Un envión para esos chicos pueden ser los puntos que lograste el año pasado.
-Exacto, Exacto. Bueno, eso también es como mi objetivo de mínima. Además de mis objetivos personales, mi objetivo es que cada vez más chicos se interesen por el esquí, por seguir esta carrera.
-¿Y cuál es tu objetivo personal en estos Juegos?
-Yo vengo con unos objetivos bastante claros. Creo que los últimos cuatro años, desde los últimos Juegos, me preparé para este momento, para llegar en mi mejor estado posible, para competir por un diploma o si sueño más grande por una medalla. Al final, eso se decide el día de la competencia. Pero siento que lo di todo para llegar acá en el mejor momento posible, así que espero poder estar a la altura de las circunstancias y dar lo mejor de mí.
Las lesiones, las frustraciones y la soledad de un deporte que persigue la nieve por el mundo
Francesca Baruzzi era menor de edad cuando empezó a competir. Por eso, su papá fue su acompañante en esos primeros torneos internacionales. Sin embargo, gradualmente, se acostumbró a la soledad de un deporte individual que persigue la nieve por el mundo, por lo que viaja entre nueve y diez meses al año.
“Súper solitario -confiesa-. Aunque hubiera más mujeres dentro del equipo argentino, es un deporte individual. Vos en la largada estás solo y competís contra tu equipo al final, competís contra todas. Así que es solitario. La verdad que tengo muy buena relación con mi equipo: mi entrenador, mi mecánico de esquíes -skiman-, mi fisio. Entonces tengo como una pequeña familia. Y también tengo muy buena relación con las otras chicas que compiten en el circuito y nos acompañamos. Pero son nueve meses de estar de gira, con la valija, armando y desarmando cada tres días y viviendo arriba del auto”.
Baruzzi se rompió los ligamentos cruzados en febrero de 2021 y se recuperó en nueve meses para participar en sus primeros Juegos Olímpicos. Foto REUTERS/Jorge Silva-¿Te costó eso al principio, eso de estar lejos de la familia siendo chica?
-Sí, me re costó. Los primeros años me acompañó mucho mi papá, cuando estaba en esa etapa de entre 16, 17 años. Me acompañaba él para que no me pese el estar sola y como que me fui acostumbrando de a poquito a quedarme más tiempo y a quedarme más tiempo sola. Entonces, fue muy gradual y ahora no es algo que me pese. Obvio que sí extraño a mis amigos y mi familia, pero al final es lo que elijo.
-Como te llevás con el aspecto mental: ¿lo trabajaste, no lo trabajaste, te diste cuenta que lo necesitabas?
-Siempre fui como de «yo no lo necesito, yo puedo sola, soy mujer, independiente, fuerte, no necesito ayuda de nadie». Y de repente fue como que me empezó a pesar más la parte mental y este año decidí que íbamos a darle un empujoncito también a esa parte que me parece súper importante, porque al final en estos deportes que es tan poco el tiempo de competencia, tan rápido todo, la mente tiene que estar perfecta, sino empezás a pensar demasiado. Y no, no va. Y me pasó eso en los últimos años, que estaba como pensando mucho, tengo mucho tiempo también. O sea, entreno muy temprano, levantarse a las 5, entrenar, después volver, después ir a entrenar. Y si perdés un poquito el foco, te empezás a cuestionar todo. Así que empecé a trabajar en esa parte también.
-Comparaste el deporte con la Fórmula 1, pero los pilotos tienen un auto que los protege; ustedes tienen su cuerpo y queda expuesto a las lesiones.
-Al final vamos con un enterito de tela a 100 kilómetros por hora. Es muy común sufrir lesiones en el esquí. Yo personalmente tuve tres roturas de ligamento cruzado que son lesiones re largas, de meses de rehabilitación. Así que en muchos momentos me planteé: “¿Qué estoy haciendo?” Y un poco trabajar esa parte mental y trabajar esa parte de la resiliencia para ver la luz al final del túnel y decir “ok, allá es adonde voy”.
-Incluso las deportistas más exitosas han tenido lesiones graves. Pero también es bastante longevo. ¿Si uno se mantiene bien físicamente, puede competir hasta bastante grande?
-En realidad como que la edad pico en el esquí es entre los 26 y los 30, porque juntás toda esa parte de técnica, de físico, mental y toda la experiencia que necesitás. Así que estoy como en mi edad perfecta. Pero sí, todas pasaron por lesiones. Es más, ahora una de las más ganadoras de la historia, que es la americana Lindsey Vonn, volvió después de retirarse por sus lesiones. Se retiró obligada porque necesitaba hacerse un reemplazo de rodilla y volvió con 41 años y el otro día ganó una Copa del Mundo. O sea, es un deporte que es muy mental y de estar preparados en todos los aspectos.
-Imagino que también de luchar contra la frustración…
-Sí, creo que en todos los deportes; al final, siempre gana uno y el segundo ya te considerás primer perdedor. Creo que todos los deportistas tenemos esa mentalidad de querer ganar, de la competitividad. Así que sí, obvio que es trabajar con la frustración, con venir de un país que no es especialmente inclinado a los deportes de invierno, de muchas veces luchar en contra de todo. Decir necesitamos apoyo, necesitamos esto, necesitamos lo otro, que no se entienda, porque la verdad que es muy difícil de explicar a veces en Argentina todas las cosas que se requieren para los deportes de invierno. Pero bueno, pasito a pasito, remándola, poniendo granito de arena cada uno siento que vamos logrando cosas y que además de crecer personalmente como deportista, hacemos crecer también el deporte de invierno, el deporte argentino en general.
-Con tu experiencia, ¿cómo ves los centros de esquí argentinos?
-Mirá, el año pasado tuvimos el Mundial de Esquí en Saalbach, en Austria, y los austriacos son como los creadores del deporte, te diría, y la tienen muy clara sobre cómo preparar las pistas, todos los medios de elevación modernos. Pero yo después veo Cerro Castor, Cerro Catedral y te digo que no tienen nada que envidiarle para ser un país que no desarrolla el deporte de invierno como Austria, como Italia, no tienen nada que envidiarle a los Alpes, a los Dolomites. Así que muchas fichas puestas en las montañas argentinas.










