cuentos sobre naturalistas, ciencia y ficción histórica

cuentos sobre naturalistas, ciencia y ficción histórica


Según un estudio de la Universidad de Derby, el vocabulario que utilizamos para hablar de la naturaleza está disminuyendo. A partir del 1800, a medida que la experiencia vivida es cada vez más urbana y alejada de los espacios verdes, la variedad de palabras para describir flores, plantas y animales declina. El declive no deja de tener su tinte paradójico si se considera cómo los desarrollos científicos del siglo XIX, a su vez inventaron nuevos términos para nombrar al mundo natural en su afán de comprenderlo. En esos cruces entre la palabra, la naturaleza, la ciencia y cierta nostalgia por los tiempos pasados, es que habitan los personajes de la colección de relatos Historia natural (Nórdica) de la estadounidense Andrea Barrett.

Barrett había estudiado Biología y pensaba que esa iba a ser su profesión hasta que, según contó en el podcast Burned by books, se dio cuenta de que estaba más interesada en los científicos que en hacer ciencia ella misma. Sin embargo, cuando comenzó a escribir, en la década del 80, no pensaba que eso que tanto la apasionaba, la ciencia y los sujetos que la producen, podía ser un tema para la ficción.

“Después de haber publicado cuatro novelas sin que ninguna me gustara demasiado, me rendí con las novelas y pensé en aprender a escribir relatos cortos. Iba a escribir sobre lo que a mí me interesaba, que es la historia de la ciencia. Nadie los iba a leer y era perfectamente seguro. Y eso fue La fiebre negra”, decía Barrett en una entrevista para The Center for Fiction.

National Book Award en 1996

La apuesta, sin duda, fue exitosa: el libro obtuvo el National Book Award en 1996 e inauguró lo que se convertiría en su sello personal. Sus historias de científicos recibirían luego más premios y reconocimientos, entre ellos, Servants of the Map fue finalista del Premio Pulitzer en 2003.

Sin saberlo, con La fiebre negra empezó un proyecto que conecta a sus libros y a las historias dentro de ellos entre sí. En sus relatos, aparecen personajes y locaciones de forma recurrente que conforman una red a través del tiempo.

La autora incluyó de forma explícita estas conexiones por primera vez en The Aire We Breathe (2007) en la forma de un árbol genealógico que ha continuado ampliando. La bióloga Rose Marburg era una de las protagonistas de un cuento en La fiebre negra y es la narradora de la segunda parte de Historia natural. Su antepasada Henrietta Atkins, personaje central de la primera parte del volumen, apareció anteriormente en el cuento “The Investigators” del libro Archangel.

Según ha dicho Barrett en varias oportunidades, las repeticiones no forman parte de un plan, sino que surgen de forma orgánica. En aquella primera ocasión, Barrett imaginó a Henrietta como una mujer mayor.

En Historia natural, en cambio, la volvió a encontrar en distintas etapas de su vida. “Maravillas del litoral”, la historia que abre la colección, empieza cuando Henrietta tiene treinta y tres años y está en una encrucijada. Un hombre que aprecia está por pedirle matrimonio, pero ella desea continuar con sus investigaciones y el trabajo de docencia, al que se ha dedicado los últimos doce años. Es 1885 y esa decisión implica necesariamente una renuncia. El espejo de Henrietta es su amiga Daphne, otra recurrente del universo de Barrett, con la que comparte la afición naturalista, pero parece moverse con mucha mayor facilidad en el mundo social y se cartea con figuras como Charles Darwin.

Mientras que las reiteraciones de personajes son inconscientes, su elección de contar desde un punto de vista femenino es deliberada, tal vez porque Barrett se imaginó alguna vez a ella misma como científica. La autora narra la situación social de estas investigadoras con sutileza, sin alzar banderas ni subrayar sus desventajas. No hay épica ni rescate heroico de estas pioneras. Para empezar, porque son personajes de ficción, aunque estén inspiradas en naturalistas reales.

Más bien, lejos de los bronces, lo que le interesa a Barrett es reconstruir cierta estructura del sentimiento, sumergirse en una época y tratar de habitarla tal como hubieran podido hacerlo sus contemporáneos.

“Henrietta y sus polillas” es, quizás, un buen ejemplo de ese rigor intimista, una historia en la que la pasión por la experimentación se combina con los pormenores domésticos. En ella, Henrietta ayuda a su hermana Hester a criar a sus hijas, involucrándolas en la observación de las polillas de su criadero y transmitiéndoles la fascinación por la observación de la naturaleza.

Esa historia al ras del suelo, desprendida de los grandes relatos y moldeada según un ritmo cotidiano se cifra también en algo que queda especialmente claro en el cuento “La historia del regimiento”, sobre el impacto de la Guerra Civil y la construcción de una memoria colectiva. En él, Henrietta ayuda a un alumno en un proyecto de recolección de testimonios de ex soldados, entre los que ha estado su tío, un viejo conocido de Henrietta. La intimidad con la palabra de las cartas enviadas desde el frente revela esa dimensión privada de la tragedia.

Una historia naïve

La “historia natural” del título del libro no sólo se refiere a los naturalistas. Según decía Barrett en aquella entrevista con el Center for Fiction, se trata también de una historia naïve: “Muchos de nosotros pensamos, hasta que empezamos a interesarnos en la historia o dedicarnos a ella nosotros mismos, que la historia emerge naturalmente”. Ese descubrimiento de que el relato puede ser creado o producido es lo que Bernard, el alumno de Henrietta, comprende al leer las cartas de su tío.

Barrett prefiere pensar a sus novelas como “ficciones que ocurren en otro tiempo” antes que como “ficción histórica”, justamente, porque los grandes hechos ocupan un lugar de telón de fondo en su narrativa, apenas se infieren a través de pinceladas y unas pocas referencias más explícitas. Este desplazamiento, aunque parece caprichoso, sin embargo, revela mucho acerca de cómo los relatos interpelan desde los sentimientos humanos más permanentes a través del tiempo.

En “Puertas abiertas”, Charlie, uno de los mejores alumnos de Henrietta, debe tomar una decisión entre su pasión por el estudio y la sutil presión para que se dedique a un negocio familiar en jaque por la Ley Seca. ¿Quién podría decir que esa tensión entre deber y deseo pertenece únicamente al pasado?

Los científicos de Barrett no son genios fuera de serie, sino personas dedicadas a un oficio que hablan de informes de investigación, tienen reuniones, discuten las novedades dentro del campo. También, tienen familias y amores. Aquello que los hace extraordinarios, sin embargo, es su pasión por la observación de la naturaleza. En el vínculo entre Henrietta y sus polillas, se descubre una poética. Quizás, en una época de pérdida de palabra, habrá que recuperar primero aquella mirada fascinada de los personajes de Barrett.

Historia natural, de Andrea Barrett (Nórdica).

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