Elijah Arroyo está a cinco días del partido más importante de su carrera, ese que de pequeño soñaba con jugar mientras desarrollaba su talento en canchas de tierra en Cancún, la ciudad mexicana situada en la península de Yucatán. El novato de 22 años y sus Seattle Seahawks enfrentarán el domingo a los New England Patriots para definir el campeón de la 60ª edición del Super Bowl de la NFL.
Arroyo es un poderoso ala cerrada. Mide 1,96 metro y pesa 115 kilos. Amenaza para las defensivas rivales, brilló en la liga universitaria del fútbol americano con la camiseta de los Miami Hurricanes, equipo que lo proyectó a la NFL. Fue seleccionado en la segunda ronda del Draft 2025 por los Seahawks. Y ahora será protagonista del encuentro más importante del mundo de este deporte.
Será una revancha después de un primer año en Seattle complicado por las lesiones, que le hicieron perderse los últimos cuatro encuentros de la fase regular, en la que acumuló 15 recepciones para 179 yardas y una anotación. Tras superar ese difícil momento, ahora está listo para ayudar a su ofensiva en la lucha por el trofeo Lombardi, en el juego contra los Pats en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California.
Arroyo nació en Orlando, Florida, el 5 de abril de 2003. En 2010 se mudó junto con su familia a la ciudad turística de Cancún, en el estado de Quintana Roo. A pesar de dejar a sus amigos atrás, lo único que le preguntó a su mamá antes de la mudanza, como si de ello dependiera el viaje, fue si había un equipo de fútbol americano para él. La respuesta fue afirmativa.
En Cancún, encontró una cancha sin césped, por la que deambulaban perros callejeros. Antes de cada partido, los jugadores tenían que limpiar el campo de juego, sacar piedras y recoger vidrios rotos y botellas.
El ala cerrada se formó entre las carencias y los sueños. Y así vivió su propio ‘Super Bowl’ con su equipo, Troyanos, ante Tigres de Yucatán.
En abril del año pasado, luego de haber sido seleccionado por los Seahawks entendió todo. «Significó mucho. Estar ahí (en Cancún) me transformó en un jugador de equipo desinteresado y tener un apellido mexicano y poder representar a la gente de México, me hace sentir que juego por algo más grande que yo. Me llena de orgullo», dijo al evocar esa época.
Arroyo regresó a Estados Unidos con 13 años. En Frisco (Texas) jugó en la secundaria y mostró sus habilidades, que provocaron que fuera codiciado por los mejores programas de fútbol americano universitario del país.
Alabama, Arizona State, Auburn, Georgia, LSU, Michigan, Penn State, Carolina del Sur y USC le abrieron las puertas, pero él sólo tenía un destino en mente: Miami.
No obstante, sufrió para tomar vuelo con los Hurricanes por un par de lesiones en la rodilla que limitaron su desempeño en el cierre de la temporada 2022 y en el comienzo de la 2023.
Arroyo se potenció en 2024 con 590 yardas y 7 anotaciones que lo convirtieron en el séptimo mejor prospecto en su posición, algo que los Seahawks de la NFL no dejaron pasar.
Desde su paso por la universidad de Miami hasta su gran presente con Seahawks, Arroyo fue siempre el rostro que buscan los latinos.
Fue protagonista de anuncios y cápsulas de la NFL del programa ‘Por la cultura’ y del ‘Mes de la herencia latina’, en los que narra sus experiencias y cómo aprendió prácticamente todos los conceptos del fútbol americano en español antes de hacerlo en inglés.
«Troyanos fue la primera verdadera hermandad de la que formé parte. Nunca olvidaré haber forjado una relación con esos chicos. Es como estar en el vestuario ahora con los Seahawks. Es algo de lo que nunca voy a separarme», subrayó el ala cerrada, que como si estuviera en una cancha de tierra, sin césped, saltará al terreno de juego en el Super Bowl LX.










