de la operación que le cambió la vida a los tres años a su viaje de película al Sudeste Asiático que lo hizo a prueba de todo

de la operación que le cambió la vida a los tres años a su viaje de película al Sudeste Asiático que lo hizo a prueba de todo


Hay peleas que empiezan mucho antes de subirse a un ring. La de Carlos Machado arrancó a los tres años en un quirófano cuando le amputaron el brazo derecho tras nueve operaciones para frenar un tumor que le habían detectado. Desde entonces, pelea con uno solo y gana, como un guerrero que nace con una espada. «Me acuerdo que iba al colegio y tenía el brazo. Pero estaba muerto, no lo podía mover. Recuerdos de que pudiera mover los brazos no tengo prácticamente», confiesa Carlos.

Creció en Saavedra, y dice que tuvo una infancia feliz gracias a amigos que todavía conserva. Le costó el colegio, pero aprendió temprano a hacerse respetar. “Me gustaba pelearme”, reconoce.

Su primera piña al destino la dio a los 15, cuando se dio cuenta que el fútbol no era lo suyo y se animó a probar con las artes marciales, empujado por el recuerdo de su papá haciendo taekwondo y las películas de Bruce Lee que miraban juntos. Desde entonces no paró y entrena todos los días como si el ring fuera una extensión suya: dos turnos de dos horas, más físico. Cuando no está en el gimnasio, pedalea decenas de kilómetros en una bici que armó él mismo o está trabajando como plomero y gasista, oficio que le enseñó su padre.

«La mayoría de los que pelean conmigo se piensan que mi lado derecho, que es donde me falta el brazo me van a poder golpear más fácil y es el lado donde más entrenado estoy», explica el luchador que lleva 22 peleas como profesional. Nunca se quejó. Ni cuando era chico y se miraba el brazo inmóvil sin entender bien por qué no lo podía mover o cuando empezó a competir que se le bajaban las peleas porque nadie quería luchar contra él. «Muchas veces pensé en dejar, que no tenía chances, y por ahí estaba una noche así, al otro día me levantaba y seguía insistiendo. Fueron momentos complicados», asegura.

Hace casi un mes, Carlos Machado volvió de Suiza con el cinturón más importante de su carrera.

Hace casi un mes, Carlos Machado volvió de Suiza con el cinturón más importante de su carrera: se consagró campeón de Muay Thai en la WMO. Después de esa hazaña, hoy se permite descansar un poco con la familia, antes de volver al ring. En una charla mano a mano con Clarín, el luchador repasa sus inicios, su sueño cumplido en Tailandia, la mirada subestimadora de muchos rivales y cómo, gracias al deporte, logró encontrarse a sí mismo.

-¿A los 15 años arrancas a practicar artes marciales?

-Sí, empecé entrenando kickboxing de forma recreativa y después, a los dos meses o menos arranqué con Muay Thai porque la primera clase era kickboxing y después seguía Muay Thai, entonces me quedaba a las dos.

-¿Qué te enamoró del Muay Thai?

-La verdad que todo. Primero lo ves como algo loco, gente que se pega codazos, se tiran patadas, rodillas, piña, todo, y después cuando te empieza a gustar, empezás a investigar más, y tiene una historia muy linda de las guerras y de cómo se usaba antes para defenderse.

A Carlos Machado le amputaron el brazo derecho tras nueve operaciones para frenar un tumor.A Carlos Machado le amputaron el brazo derecho tras nueve operaciones para frenar un tumor.

-¿En qué momento quisiste empezar a hacerlo de un modo más profesional?

-Al principio era probar qué es lo que podía hacer, qué no y ahí fui como escalando y descubriendo también las cosas que podía hacer. Obviamente, tenía que trabajar y tengo que trabajar mucho más que una persona normal digamos, pero el que me cueste intentar resolver las cosas, eso me llamaba la atención. Entonces, arranqué y la verdad cuando le empecé a agarrar la mano, que me sentía más cómodo, no lo quise dejar más.

¿Qué pensaron tus entrenadores al principio?

-Y al principio siempre hubo dudas. Después, me fui del primer gimnasio que estuve, arranqué en otro lado y ahí fue donde pude competir pero me costaba mucho la verdad. Los entrenadores que tuve siempre me apoyaron pero de parte de los organizadores de los eventos o del chico que le tocaba pelear conmigo siempre hubo problemas, el miedo de que me lastimen, el miedo de que pueda hacer y que no.

-Eso se terminaba cuando te veían arriba del ring, ¿no?

-Eso era hasta que me veían desenvolverme, pelear. Yo siempre digo más allá de que me falta un brazo soy un competidor más y puedo perder, ganar, empatar como cualquier otra persona y creo que eso también fue lo que me abrió las puertas y el camino. Ver que yo podía ganar o perder y no había problema, seguía entrenando, seguía yendo a los eventos, se me caía una pelea porque no querían pelear o no me conseguían pelear y seguía insistiendo. Entonces, llegó un momento que acá en Argentina dijeron, «bueno, este pibe realmente quiere pelear, hay que dejarlo probar», y ahí me fui haciendo, pero costó mucho que agarren confianza y confíen en mí.

-¿Qué sentís cuando subís al ring?

-Lo que siento es miedo, inseguridad, nervios, te pasan un montón de cosas por la cabeza. Yo siempre digo que el que dice que no tiene miedo, no tiene problemas, es mentira, porque sabés que subís y te van a golpear, subís y te va a doler tanto cuando estás pegando como cuando te están pegando. Es una sensación rara, pero es linda a la vez, es mucha adrenalina, aparte te estás subiendo con un chico que está entrenado de la misma forma o más que vos. Es una situación única. Creo que es difícil de explicar con palabras y hay que vivirlo para entenderlo realmente.

Cuatro meses en Tailandia pueden cambiarte la vida

Se fue solo, sin conocer a nadie, a entrenar Muay Thai en la cuna del deporte. Terminó peleando en templos del sudeste asiático, cruzando islas en barco, viajando horas en camioneta y ganándose el respeto de los tailandeses.

La primera pelea fue en Phuket. Llevaba menos de un mes allá y apenas conocía a su equipo, pero igual se subió a un barco, cruzó la isla, recorrió seis horas en camioneta para llegar al evento y ganó. La segunda fue todavía más épica. Peleó en el Phetch Buncha Stadium, uno de los escenarios más importantes de Tailandia, frente a un local con mucha más experiencia. Lo venció en su propio terreno: “A la gente le encantó mi forma de pelear”, cuenta Carlos.

Hoy, ya de regreso y con el título suizo de la WMO en el bolsillo, sabe que nada de eso fue casualidad. Que cada templo, cada entrenamiento y cada piña en Asia le sirvió para encontrarse a sí mismo. Y para demostrar que pelea como un verdadero guerrero.

-¿Cuántas peleas llevás?

-No las conté, pero más o menos debo tener 50 o 55 peleas amateur. Gané dos títulos en Comodoro Rivadavia. El título más importante que pude ganar fue en mayo que gané el título de la WMO Muay Thai en Suiza. Después, en profesionales tengo 22 peleas: 12 ganadas y 10 perdidas.

-¿Pudiste cumplir tu sueño de ir a pelear a Tailandia?

-Sí, tuve la posibilidad de viajar a Tailandia. Allá me entrené, peleé dos veces y gané las dos por el entrenamiento y la dedicación que le puse, lo que aprendí allá. La verdad que es único, y volví a Suiza y pude ganar este título, así que vengo con una buena racha.

-¿Cómo fue esa experiencia? ¿Cómo lograste ir?

-Me costó demasiado. A todos los chicos que vamos desde Argentina nos cuesta mucho; el pasaje es muy caro, vivir allá es barato pero el pasaje es demasiado caro. Además, de la estadía hay que pagar el gimnasio, entonces es mucho sacrificio. Acá no tenemos apoyo de nada, es todo a pulmón; de nuestros gimnasios, amigos y de sponsors que podes encontrar, es difícil llegar pero una vez que llegaste es único, vivís el verdadero Muay Thai. Entrenar con los tailandeses es único, yo fui siempre dije cuando pueda ir a Tailandia quiero ir solo, llegar a Bangkok y buscar un gimnasio, hacerme desde cero y lo pude cumplir. Me fui a un gimnasio, me abrieron las puertas, pude entrenar, conocí mucha gente. Fue una experiencia única. Después, me fui a otro lado a una isla y ahí pude pelear también y por suerte el gimnasio donde caí último me hizo firmar un contrato así que conseguí un sponsor de allá. La verdad que fue un viaje increíble, todavía no caigo.

Carlos Machado peleó en el Phetch Buncha Stadium, uno de los escenarios más importantes de Tailandia. Carlos Machado peleó en el Phetch Buncha Stadium, uno de los escenarios más importantes de Tailandia.

-¿Hay mucha diferencia entre el nivel de los peleadores de Tailandia con los de Argentina?

-Y es difícil, nosotros tenemos un muy buen nivel, la verdad que cada vez está creciendo más pero nos falta mucho para llegar al nivel que tienen ellos. Nos faltan años. Pero vamos por un buen camino. Creo que cada vez se va haciendo más conocido el deporte, cada vez hay más eventos que incluyan el Muay Thai, porque en Argentina no hay tantos, pero estos últimos años se volvió más conocido. Entonces, hay gente que también se especializa, estudia para dirigir las peleas de Muay Thai porque no es lo mismo pelear Muay Thai que kickboxing. No se puntúa igual, entonces está bueno que la gente se informe y quiera aprender para que el deporte crezca en Argentina cada vez más, pero a lo que están ellos estamos muy lejos todavía.

-¿Cómo te recibieron en el gimnasio en Tailandia?

-Quedaron enloquecidos, la verdad que al principio obviamente dudaban de lo que yo podía hacer porque siempre me costó. Desde el minuto cero me costó entonces sabía que iban a dudar de mí, fui con la mentalidad de que de a poquito ir demostrando lo que sé, hasta dónde doy, de lo que soy capaz de hacer, entonces creo que eso les gustó. Me mostré tal cual soy, que es lo que puedo llegar a hacer que no tengo problema de pelear con nadie, entonces creo que a la gente allá le gusta los chicos que están dispuestos a pelear y están dispuestos a entrenar lo que sea y no ponen excusas y entrenan y si te duele el cuerpo entrenás igual. Eso llama la atención y le gusta a la gente allá. Muchos me veían y no creían que yo pueda pelear y fui y demostré con los hechos de que por más que me falte un brazo, tengo cosas en contra obviamente, pero es cuestión de resolverlo.

-¿Utilizas la subestimación del otro para motivarte?

-Aprovecho que la mayoría de los que pelean conmigo se piensan que en mi lado derecho, que es donde me falta el brazo, me van a poder golpear más fácil y es el lado donde más entrenado estoy. Me protejo mucho mejor del lado derecho que el lado izquierdo teniendo el brazo, entonces ese es un pequeño error que cometen y a mí me sirve.

-¿Cuáles pensas que son tus puntos a favor a la hora de pelear?

-Un punto a favor es que pateo bastante bien con las dos piernas. Entonces, mi estilo de pelea es ir hacia atrás, y busco la forma de patear de cualquier posición que yo quede parado. Obviamente que eso siempre fue entrenamiento y practicarlo y practicarlo, entonces esa es una de las cosas que me favorece. Y después como te digo que todos me quieren atacar siempre del lado derecho y es donde yo aprovecho el error.

-¿Cómo es el tema de la plata en Muay Thai?

-Es muy amateur, recién ahora hay eventos que te dan unos mangos, pero lo que hoy en día está una suplementación, pagar un gimnasio para entrenar porque no solamente tenés que aprender a patear, sino que tenés que hacer la parte física y para hacer una buena preparación física tenés que ir con un preparador físico que sepa y eso ya es más plata. Después, la alimentación tiene que ser buena, no podés comer cualquier cosa porque si no, no rendís entonces es difícil acá. Creo que no hay ningún peleador de Muay Thai que solamente se dedique a pelear, todos tienen su trabajo y hacen de peleador los fines de semana.

Carlos Machado con sus dos cinturones.
Foto: Guillermo Rodríguez AdamiCarlos Machado con sus dos cinturones.
Foto: Guillermo Rodríguez Adami

-En Suiza estaba dando clases y ahora que volví, estoy en mi trabajo anterior que es el oficio que me enseñó mi papá: plomería y gas.

-¿Allá en Suiza ganaste plata?

-Sí, te pagan de otra manera. Con la plata de allá, acá haces diferencia. Eso está bueno, sirve mucho. Mas allá de lo económico que ayuda mucho, tampoco te va a salvar. Lo que si es que para el curriculum de un peleador pelear afuera sirve y suma mucho.

«Muchas veces pensé que no tenía chance, que era mejor dejar»

Con cada pelea, viaje y entrenamiento, Carlos no solo se mide contra otros, también se enfrenta a sí mismo. A sus miedos, a su historia, a las marcas que no se ven. Y mientras tanto, siente el aguante de los suyos y de todos lo que lo ven pelear. Esa energía que lo abraza cuando le toca subirse al ring. Hay personas que nacieron para pelear; no por títulos sino por sentido y Carlos Machado es una de ellas.

-¿Qué te gustaría en un futuro?

-Mi sueño siempre fue llegar a Tailandia y muchas veces dije; ‘bueno, una vez que llegue no sé qué será, capaz que me retiro’. Pero la verdad que llegué y no pude pelear la cantidad de veces que me gustaría. Así que tengo muchas más ganas de seguir y quiero volver a Tailandia, estamos trabajando para juntar y ver si puedo ir unos cuatro meses más y pelear más, así que se prolongó mi sueño.

-¿En algún momento tuviste ganas de dejar todo?

-Cuando apenas arrancaba, que se me bajaban las peleas, o que me decían que sí iban a pelear, y llegaba al evento y me suspendían la pelea, porque no querían pelear conmigo. Esos momentos fueron duros, fueron difíciles. Muchas veces pensé que no tenía chance, que era mejor dejar y por ahí estaba una noche así, al otro día me levantaba y seguía insistiendo. Pero sí, esos momentos fueron complicados.

Carlos Machado, entrenando. 
Foto: Guillermo Rodríguez AdamiCarlos Machado, entrenando.
Foto: Guillermo Rodríguez Adami

-Creo que mi orgullo y mis ganas de seguir creciendo. Después, el apoyo de mi familia, de mis entrenadores, amigos, eso me motivó mucho más para querer seguir.

-¿Sentís que todo lo que pasó te fortaleció por sobre el resto?

-Creo que sí. Mucha gente me dice que tengo una mentalidad fuerte por las circunstancias de la vida que me tocó pasar, me hice así.

-¿Te gusta que te vayan a ver pelear?

-Sí, verdad que me gusta. Acá en Argentina mucha gente me apoya, me alienta, me quiere ir a ver pelear. A donde vaya a pelear se siente el aguante de la gente, el aliento… Me siento muy contenido cada vez que voy a pelear, la gente se vuelve loca. Estos meses que tuve solo afuera era raro, pero después de pelear ya la gente hinchaba por mí, me felicitaba. La verdad es que siempre de la gente recibo buenas vibras.

-¿Una palabra que te defina?

-Peleador. Sí, que siempre la peleo, para lo que sea la estoy peleando. El Muay Thai me enseñó a tener confianza, seguridad. El deporte en sí me dio seguridad, confiar en mí, en lo que hago, en el trabajo que hago para llegar a cada pelea.

-A partir del deporte, te encontraste a vos mismo, ¿no?

-Sí, la verdad que sí. Siempre digo que uno puede tener miles de quilombos, pero entras a un gimnasio para entrenar y son una hora y media o dos horas que te olvidás de todo, que lo único que pensás es en entrenar y si sale un sparring de pegarte con tu compañero y que quede todo bien. Son cosas únicas. Es hermoso este deporte.

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