Del discurso corporativo al show mediático en tiempos de crisis comunicacional del Gobierno

Del discurso corporativo al show mediático en tiempos de crisis comunicacional del Gobierno

El medio partidario La Izquierda Diario publicó un video de una producción radial en su sitio web el 16 de noviembre de 2021. Bajo el título “De gente bien. Antonio Aracre: ¿un CEO pinkwashing?”, se ocupa de la nota de tapa de la revista Forbes argentina, donde el mencionado posa con los brazos cruzados, sonriente, mirando a cámara, con una frase breve sobre fondo verde degrade a la altura de la boca: “Hoy es más fácil ser gay y CEO”.

El columnista Tomás Máscolo señala ciertas contradicciones del reportaje concedido por el ex CEO de Syngenta. Entre ellas, que se considere casi el único de su rango jerárquico empresarial en revelarse como gay, es decir, en salir del clóset. También destaca que más de treinta camiones llevaron logos de empresas que financiaron la Marcha del Orgullo de ese año, entre las que aparecía Syngenta.

En líneas generales, la crítica resume la situación con una máxima interesante: “Por qué el género te une y la clase te separa”. La definición aproximada del pinkwashing (o “lavado rosa”) expone la contradicción: es una estrategia de marketing que utiliza símbolos del movimiento LGBTQ+ aparentando compromiso con sus derechos, para obtener beneficios económicos y mejorar la imagen pública de la marca promocionada, sin realizar acciones reales de apoyo. Para esa fecha, en términos criollos, la aparición de Aracre en la escena pública era algo tan desubicado como caballo arriba del techo.

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Por estos días de aciaga contracción mediática del Gobierno, tan habituado a las intervenciones sarcásticas del vocero presidencial Manuel Adorni –acaso escudero del tablón discursivo presidencial que ejerce cualquier insulto para “debilitar” oponentes imaginarios y reales–, el nombre de Antonio Aracre resuena como uno de sus posibles reemplazantes.

En este baldío de la representación, la postulación del breve exjefe de asesores de Alberto Fernández (duró en el cargo dos meses y medio previo renunciar con pompa a ser CEO de Syngenta), se ve reforzada por el reportaje que concedió el presidente Milei a Aracre mismo, para su programa en la TV Pública llamado Economistas. Algo así como un privilegio para un economista desde otro economista, guiño entre pares: acá está, este sabe cómo comunicar. Interesante: la cortina musical de inicio del programa es la misma que utiliza Carlos Pagni en LN+. ¿Acaso un homenaje velado o estamos ante una apropiación irónica?

El desafío de tener noción de quién es Aracre también vale por la negativa: quién no es. ¿O es dos seres a la vez? ¿Jekyll & Hyde actualizados con IA? Algo de eso existe, veamos de qué manera. El rastro mediático a partir de la entrevista citada en un principio es más que abundante y su distinción radica en la voz, la entonación, en la forma de pronunciar las palabras, la cadencia con que Aracre subraya los significados. De alguna manera, el sujeto de marras niega con furor la frase atribuida a Jorge Luis Borges: “No hables a menos que puedas mejorar el silencio”.

Tal exceso locuaz lo señaló Marcelo Longobardi en su canal de YouTube el viernes pasado. Ubicó al personaje con una ambición desmedida por ser mediático, por salir al aire, cuestión que parece ocurrió con frecuencia tan obsesiva como excesiva. Longobardi también señala que el deseo por ser famoso lo llevó a participar en programas de debate, como en C5N, de donde se fue a los gritos ofendido con Pablo Duggan. Más allá del rol agitador del programa, Aracre había dicho que se debían eliminar las indemnizaciones por despido laboral para incentivar a los empresarios a generar empleo. Algo así como declarar una Asamblea del Año XIII invertida: a partir de cierto año del segundo cuarto del siglo XXI los argentinos nacidos serán esclavos. Esto también marca una característica: puede decir cualquier cosa sin siquiera pestañear.

Volvamos a la entonación: la última versión de cómo habla Aracre está en su programa. Él ya no es CEO, es un ex (exfuncionario, exmarido, incluso expadre heteronormativo, para no excluir la diversidad), que mágicamente ha devenido en “periodista” y como tal, habla en un castellano neutro, digno de una cadena deportiva global lanzada a principios de siglo. Su decir se comprende en toda la región, carece de acento domiciliario, es global. De existir un autómata discursivo resulta su consumación ejemplar. ¿Exagero? Ni un ápice.

Alcanza con escuchar una entrevista que le realizara Manuel Adorni en 2022 para su programa de entonces en Radio Rivadavia, No va más (sábados de 13 a 15). (Perdonará el lector este subrayado: el título del programa resulta predictivo respecto al destino de Adorni, ¿no?) Incluso, por sacar al aire al que parece será su verdugo, que llegó a expresar en esa oportunidad: “Las medidas de Massa son positivas por donde las miremos”. ¿Y cómo hablaba en esa época? Para dar dimensión social: como un millonario jipi, con aires de sociólogo, relajado en un asado entre amigos. Es decir, estaba entrenado por un coaching para representar un dictador amigable, friendly. Lo de Adorni no era para menos: en esa época hablaba abatido, temeroso, tal vez por asar en una parrilla improvisada entre paredes sin revocar, muy lejos de enunciar como imperativo categórico a la nada misma.

Sergio Massa, cuando era ministro de Economía, deslizó que Aracre había trascendido información sobre el nivel de devaluación que exigía el FMI, lo que produjo una corrida cambiaria. No lo nombró, pero acotó que “el buchón” estaba manchado con una reciente denuncia por abuso de un menor. Con el diario de hace cien lunes queda claro que uno hizo muy buen negocio y el otro quedó afuera. En sí, Aracre no será más que otro partícipe de la política como la entendía Groucho Marx: “Es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”.

Y para ello presentará la imagen que el coaching recomiende como más adecuada, incluso a la moda, pero nunca natural, humana. Podemos inferir que el sujeto es artificial, lo que excluye a la inteligencia, porque la misma está ocupada en activar los cromatóforos, esas células pigmentarias especializadas que en los pulpos (cefalópodos) permiten el camuflaje instantáneo.

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