disfrazados por llegar a Japón

disfrazados por llegar a Japón


Una nena de unos siete u ocho años, agarrada de la mano del padre, abre grande los ojos y la boca. Acaba de ver a un hombre vestido de mameluco rojo, con una máscara tipo esgrima con un triángulo blanco (es uno de los guardias de seguridad de la serie surcoreana El juego del Calamar). También, acaba de ver a un chico, rubio, con una vincha y vestido con un karategi negro (el traje que suelen usar en karate), tipo musculosa, con el logo de Cobra Kai en la espalda.

Más allá, un grupo de cinco amigos caminan por uno de los senderos que bordea uno de los lagos del Jardín Japonés. Tres de ellos están disfrazados. No es por el concurso, dicen, suelen venir siempre vestidos así. Tampoco les interesa participar, solo les gusta disfrazarse y venir a pasar el día.

En el balcón del edificio principal, el que está más cerca de avenida Libertador, hay más de una veintena de personas. La mayoría están disfrazados: son cosplayers, y están esperando su turno para entrar al salón central y ser entrevistados por el jurado.

La entrevista es la primera instancia de competición del Concurso Extraordinario de Cosplay “Anime y Manga Taikai”, que organiza el Jardín Japonés y la Fundación Cultural Argentino Japonesa, y además cuenta con la colaboración del fans club “En el nombre de la Luna”.

Es el sábado 24 de enero, y es el día 1 de la cuarta edición del concurso, considerado el más importante de la Argentina (la primera edición fue en 2017 y la última fue en 2019 antes de ser interrumpida por la pandemia del Coronavirus).

“Todo esto comienza con una idea del presidente de la Fundación Cultural Argentino Japonesa, Kazunori Kosaka, quien un día propuso crear el concurso de cosplay, teniendo en cuenta que tanto el manga y el animé traccionan acá en el Jardín Japonés”, cuenta Sergio Miyagi, director de prensa y relaciones institucionales del paseo.

El presidente de la Fundación Cultural Argentino Japonesa propuso crear el concurso de cosplay, teniendo en cuenta el éxito del manga y el animé en el Jardín Japonés.

Sergio MiyagiJefe de prensa del jardín Japonés

Disfrazados por un ticket

Hay mucha expectativa entre los participantes (se han anotado alrededor de ochenta), porque además de ser el concurso más importante en el país, el ganador recibirá de premio un viaje de dos semanas a Japón.

A un costado, uno de los cosplayers acaba de ser entrevistado. Un cartel pegado en el frente de su traje indica que es el participante número 3. Está junto a su familia: madre y dos hermanos. “Mi nombre es Franco”, se presenta, aunque su personaje es Neo Metal Sonic. “Me gustaría ganar”, dice. “Ir a conocer Japón sería mi sueño, porque soy fanático del animéy del estudio de animación Studio Ghibli”.

Franco tiene 21 años y hace siete que hace cosplay. Recuerda que empezó un día en el colegio secundario, cuando se vistió de monja para un trabajo que debía presentar. “Es algo lindo el cosplay por el simple hecho de ver felices a niños. Me encanta cumplirles el sueño de ver a su personaje favorito en la vida real”.

Armar el traje de Neo Metal Sonic le llevó a Franco cinco meses, un tiempo que él no considera mucho. “No fue tanto tiempo porque no tuve que hacer muchas cosas; si hubiera sido un robot entero, ahí sí tardaba más”.

Fenómeno que crece

Cosplay, etimológicamente Costume play, significa juego de disfraces. Una actividad que surgió en los Comic Market de Japón en los años ’70, que consiste en ponerse el atuendo de algún personaje de manga, de anime, película o videojuego, disfrazarse de personajes que te gustan. Aunque no solo es disfrazarse, sino que también es diseñar y confeccionar los propios trajes: la gracia del cosplay es hacerse uno mismo el vestuario.

Camila tiene 40. “Una edad hermosa”, afirma y sonríe. Hace 23 años que se dedica al cosplay. Su nombre artístico es Draka Dragón, y cuenta que, al momento de armar los trajes, siempre se encarga ella misma de la confección y de la elección de los materiales.

“Si bien mi especialidad no son las telas, sino las armaduras, lo que más disfruto son los pequeños detalles, las pelucas grandes, que la gente diga: ‘¿¡Cómo lo hiciste!?’. Todo lo hago yo, me gusta la caracterización del personaje, y con cada traje voy aprendiendo nuevas habilidades. Con este aprendí a usar el vinilo, por ejemplo”. El personaje de Camila es Baiken, de la saga de videojuegos de Guilty Gear.

Mi especialidad no son las telas, sino las armaduras, y lo que más disfruto son los pequeños detalles, las pelucas grandes.

Personaje Percival, de Granblue Festival, encarnado por Julián, en el Jardín Japonés.

El cosplay no solo es disfrazarse y armar los trajes. Es un lugar de pertenencia, un espacio donde poder ser uno mismo. Para Camila, el cosplay empezó como un hobby, una manera terapéutica para enfrentar y procesar emociones o cosas que le pasaban en su vida.

“Me ayudó mucho a conocer diferentes tipos de gente, a saber que uno puede canalizar los problemas de la vida diaria y que por un ratito volvés a jugar, a ser un niño, y sobre todo a darles a otras personas experiencias con las cuales se quedan para toda la vida”.

Y es también una puerta, una posibilidad: Camila es cantante, actriz, performer y todo eso lo incluye en el cosplay. “Me perfeccioné muchísimo en lo que son las artes plásticas, estudié efectos especiales, diseño de indumentaria. Y hoy por hoy puedo dedicarme cien por ciento al cosplay: hago producciones, pedidos de pelucas, caracterizaciones, doy clases de performances para que la gente pueda perder el miedo a muchas cosas y sociabilizar. El cosplay me abrió completamente un mundo, me permitió conocer un montón de gente. En este momento, mis mejores amigos son del ambiente”.

Con ella está Agustín. Son amigos. Él también está disfrazado: lleva orejas de duende, dos cuernos arriba de la cabeza, el pelo nevado, anteojos redondos rojos de marco dorado, tiza blanca en distintas partes de la cara y tiene delineados los ojos y la boca. También hace cosplay (aunque hace mucho menos tiempo que Camila, apenas siete meses). Pero hoy no compite, acompaña a su amiga en todo lo que ella necesite, y el objetivo es que ella sea el foco de atención.

Durante estas horas y hasta la final del concurso, cada uno de los cosplayers son como mega estrellas. Desde chicos hasta adultos, todos quieren sacarse una foto con alguno de ellos.

La puerta de entrada a la disciplina suele ser el anime -tanto de chico como de adolescente-, y a partir de ahí surge la curiosidad por la cultura japonesa, por la idiosincrasia de aquella sociedad. Eso es lo que le pasó a Julián Fiondella, más conocido en el ambiente como Don Shinra. Aunque, en su caso, también fue una persona puntual la que lo motivó a entrar: “Arranqué a los catorce. Me gustaba una chica, esa chica hacía cosplay, y bueno después la historia se cuenta sola”, bromea.

Una cosplayer vestida como el personaje Inosuke Hashibira, en el Jardín Japonés.

El personaje de Julián es Percival de Granblue Festival, y estuvo dos meses y medio armando el traje. “Esos dos meses y medio en los que no dormís. Pero valió la pena. Cada uno de los detalles los hice a conciencia porque realmente me gusta el juego”.

Los cosplayers ahora caminan hacia uno de los puentes que cruzan el lago. Allí se desarrollará el desfile y la pre-selección (la segunda instancia de competición), donde el jurado decidirá a los primeros siete finalistas. Son casi las cuatro y media de la tarde, no hay ventiladorcito eléctrico ni abanico que le pueda hacer frente a los casi 34° de temperatura.

Sin embargo, en los cuatro costados alrededor del lago, también en el balcón del edificio principal, una multitud de personas espera ansiosa verlos desfilar.

¿Qué se juzga?

La primera edición del concurso fue en 2017. Y en esa ocasión la ganadora fue Mai Lingenfelder. Ella hoy forma parte del jurado, junto a: Hika (ganadora del concurso en 2018), Maelitha, Cynthia Nakamijo (miembro del Consejo del Jardín Japonés y responsable de Pintura Oriental) y Daniel Miyahira (Vicepresidente de la Fundación Cultural Argentino Japonesa).

Tras haber concluido la etapa de pre-selección, después de haber decidido ya a los primeros siete finalistas, que luego competirán por el viaje a Japón, Lingenfelder siente que está reviviendo uno de los días más felices de su vida. “Haber ganado en 2017 fue la graduación del cosplay”, cuenta. “O sea, para la gente que vivimos del cosplay, del manga, Japón es la meca, es el lugar a donde ir, el lugar soñado.”

A su vez, siente, ahora desde el rol de jurado, que es como un pase de antorcha. “A veces me preguntan por qué no participo de nuevo, y no, yo ya tuve mi lugar, ahora es el de otra persona”:

Una cosplayer vestida como el personaje Toga Himiko, en el concurso del Jardín japonés.

Al momento de definir a los primeros finalistas, fueron muchos los detalles que se tuvieron en cuenta. Respecto a esto, la ganadora del concurso en 2017 agrega: “Lo que más veo, además de la confección, el maquillaje, la fidelidad con el personaje, las proporciones, la paleta de colores y la interpretación, es cómo hiciste el traje, cuánto te llevó, qué parte de todo lo que hiciste te costó más, qué parte te dejó sin dormir, qué parte tuviste que hacer tres veces porque no te gustaba, porque si bien después ves el traje y a lo mejor no te llama tanto la atención ese detalle, saber que el cosplayer estuvo sin dormir haciendo ese pedacito es un extra, un plus”.

Lo que más veo es cómo hiciste el traje, cuánto te llevó, qué parte de todo lo que hiciste te costó más, qué parte te dejó sin dormir. Es un plus.

Prepará el pasaporte

A pesar del calor agobiante, la cantidad de gente es la misma o mayor que la del día anterior. Hoy, domingo 25 de enero, es la final del concurso, y además es una tarde histórica para el Jardín Japonés porque estará cantando Yumi Matsuzawa, una de las más reconocidas cantantes de Anisong (canciones de anime), quien, a la vez, dará a conocer al cosplayer ganador del viaje a Japón.

Más temprano, ya se realizó la segunda y última pre-selección y se eligieron a cinco nuevos finalistas. De esos doce (siete del sábado y cinco de hoy) han quedado seis. Los seis finalistas suben al escenario central. Aguardarán de pie mientras dure el show de música de Yumi Matsuzawa. Un avión de Jet Smart despega de Aeroparque, a un costado resaltan las torres de Palermo chico y a la izquierda los árboles ocultan la avenida Sarmiento. Matsuzawa termina de cantar la última canción. Y en el escenario, las autoridades del evento, el jurado y el resto de los cosplayers felicitan a Eliana Galimberti, quien con el cosplay Nergigante de Monster Hunter, es la flamante ganadora del Concurso. Y sobre todo, del pasaje que la llevará a la meca de su cultura pop.

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