¿Qué nos puede decir la nueva narrativa sobre el momento actual? La literatura tiene su propio manejo del tiempo. Por lo tanto, la decantación que se hace de lo que sucede en el devenir cotidiano, en ese día a día que parece frenético en los medios de comunicación o las redes sociales y, por momentos, incomprensible en su velocidad, funciona como un filtro que puede parecer distorsionado o, incluso, ocuparse de cuestiones que no siempre están en la agenda del radar social.
Pero, por paradójico que suene, ese es su efectivo poder y boleto de trascendencia, de relevancia. La literatura es el verdadero archivo de la humanidad, mucho más que cualquier otro tipo de registro o género. Es decir: en esas historias se encuentran los modos individuales en la que asientan los grandes hechos que quedan marcados en el marco de lo social.
La literatura se presenta, de esta manera, como la excavación de esos túneles privados que va surcando la subjetividad para formarse, desarrollarse y manifestarse en el papel. En este sentido, acaban de aparecer dos primeros libros de cuentos que cada uno a su modo representan una mirada sobre su propio territorio en estos tiempos.
Sentir, pensar y habitar
Y eso nos lleva a pensar en formas de sentir, pensar y habitar esta época. Hablamos de los libros Me gusta así (Sigilo) de la uruguaya Erika Paula Curbelo y La perrera (Cía. Naviera Ilimitada) del argentino Gustavo Barco.
¿Qué une estos textos? En principio son libros de cuentos que se posicionan territorialmente. A saber: Me gusta así está anclado en una Montevideo hiperactual e intenta retratar este presente desde una mirada muy específica: mujer joven, blanca, heterosexual, de clase trabajadora, atravesada por la última ola de feminismos (sin bajar ninguna línea en este aspecto pero con un empoderamiento naturalizado), y centrada en sí misma (la autopercepción es lo que más prevalece).
Y La perrera es esa clase de volumen de cuentos que pueden funcionar como novela porque rodea constantemente a su objeto central, que en este caso es la vida pasada (sin ser nostálgico ni romantizando nada en ese ayer que cobra vida) en el barrio Charrúa, antes conocida como Villa Piolín, en Villa Soldati, Capital Federal.
En este aspecto, La perrera es un texto donde el narrador siempre está mirando a ese afuera que va formando sus recuerdos en una zona compleja y dura para existir y transitar los días. Tiene sentido esta perspectiva contrapuesta y elegida dada la edad de quienes escriben: la adultez incipiente de Curbelo (Uruguay, 2000) y la madurez de Barcos (Ciudad de Buenos Aires, 1971).
Sin embargo, en los dos casos se trata de sendos debuts. El tiempo de vida no importa demasiado porque acá están igualados, es un punto de encuentro.
¿En qué se diferencian? En todo lo demás, que, por suerte, es mucho. Me gusta así es un libro de historias centradas en las vinculaciones, que van del orden sexual, el romántico, el de pareja, de amistad y, por supuesto, familiar.
Y estas vinculaciones están viciadas por dos paisajes que funcionan como terrores actuales (aunque siempre se cuentan con un tono despreocupado): la precariedad económica y crisis habitacional. Es decir, y para enunciarlo en forma de pregunta: ¿cómo llegar a la conexión real con una persona cuando todo es inestabilidad y falta de oportunidades de progreso material?
La falta de horizontes marcan el pulso de estos relatos donde las narradoras no se quejan, sino que encontraron una forma de sobrevivir desde el empoderamiento emocional para no quedar pegada a ninguna institución, y el amor, como concepto, es una gran institución que este libro intenta cuestionar.
Es un ejercicio muy atractivo leer Me gusta así junto al primer libro de cuentos de otra autora uruguaya joven: Larvas (Página de espuma) de Tamara Silva Bernaschina (Minas-Uruguay, 2000). Son dos textos que, si bien son muy distintos: Curbeto explora un realismo confesional y Bernaschina busca en un enrarecimiento del cuerpo y los entornos perturbadores, dialogan desde la pertenencia generacional.
Gustavo Barco es autor de La perrera (Cía. Naviera Ilimitada). Foto: gentileza.Por su parte, La perrera de Gustavo Barco, un autor que viene del periodismo, tiene como protagonista ineludible al espacio donde transcurren todas las historias: la ex Villa Piolín en Villa Soldati. Ese es el eje central, y desde ahí, como satélites con intervenciones decisivas, se organiza el libro.
Entonces, cada uno de estos relatos, que se cuentan con la voz del mismo narrador, se meten con un personaje distinto para mostrar la diversidad de cosmovisiones que transitaron en el hoy conocido Barrio Charrúa. Porque si hay algo que se percibe en el libro es que un espacio se construye desde las tensiones en donde el pasado que arrastra cada personaje es determinante para la vida que lleva en ese barrio.
Barco elige un tono que oscila entre la crónica y un realismo sin fisuras ni falsedades, no esconde ni edulcora nada. Y ese es un hilo que arrastra al lector hasta el final del libro. Leer esta obra en relación al extraordinario díptico El niño resentido y Rengo yeta, ambos publicados por el sello Reservoir Books, de César González, nos permite pensar en un tipo de escritura que escapa de la complacencia para relatar el origen en zonas arduas donde la inmigración, la precariedad de servicios básicos y la inestabilidad económica configuran existencias y sensibilidades que luego son cuestionadas con impiedad por la sociedad.
En este sentido, aparece otro elemento importante: que los propios habitantes de estos territorios cuenten sus propias historias con su lenguaje elegido y sin mediaciones logra es una forma de dignidad literaria que se refleja en libros que los lectores agradecen.
Múltiples puertas de entrada
¿Qué nos cuentan del presente estos dos libros de cuentos? Que la actualidad tiene múltiples puertas de entrada. Puede ser desde la contemporaneidad más desenfadada como en Me gusta así de Curbeto o la mirada retrospectiva y sin contemplaciones que se elige Barco en La perrera.
En cualquier caso, son libros que nos acercan a formas sumamente complejas de pensar estos días. Leer literatura es acercarse a la actualidad desde una de las puertas más bellas, divertidas y potentes que existen. Y esta clase de libros, acercarse a ellos y dedicarles el tiempo que se merecen, nos muestran el presente desde la imaginación y la creatividad. Dos herramientas importantísimas para la subsistencia cotidiana. Abrir libros de ficción te prepara mejor para la complicada vida de todos los días.
Me gusta así, de Erika Paula Curbelo (Sigilo) y La perrera, de Gustavo Barco (Cía. Naviera Ilimitada).










