La metáfora es por demás elocuente: un bote hace agua y dos de los cuatro tripulantes abordo, sin mirarse, la sacan con baldes mientras el casco comienza a hundirse por la popa. En el otro extremo, en la proa, como si a ellos no lo fuera a alcanzar ningún peligro, los otros dos hombres, secos y sonrientes, celebran: «Qué bueno que el agujero no está de nuestro lado.»
Con economía expresiva, con esa imagen que habla sobre desigualdad y falta de visión colectiva, el abogado y campeón sudamericano de surf adaptado, Luciano Llosa (49), ilustró un reclamo que hizo en redes a la Municipalidad de Mar del Plata después de caer con su silla de ruedas en la esquina de su casa, por falta de una rampa. De esto hace dos años, y ante él y su silla de ruedas, hoy, el cordón de la vereda luce tan macizo como entonces.
Así, con esa escena como reflejo de lo que ocurre en las calles, un video de Llosa se viralizó esta semana a partir de un posteo en TikTok del usuario Esteban Cuadrado (@pela.cuadrado), que lo cruzó a Llosa en la costa entrenando en su nueva pasión, su handbike, un triciclo de competición que se impulsa girando los pedales con los brazos.
La imagen, en la que el ciclista viaja literalmente acostado, llamó la atención y abrió el debate sobre la accesibilidad en la ciudad turística más importante del país.
Sorprendido por la repercusión que tuvo rápidamente en los medios locales, Luciano cuenta que una semana antes había retomado el contacto con la municipalidad por el tema de las rampas. Lo había iniciado en 2023, con aquella caída de la ilustración. «Pero no me dieron bolilla y medio me cansó, pero ahora con más energía, justo que empecé a entrenar con la handbike, volví a insistir», relata en su casa de Playa Grande.
Está en silla de ruedas desde su adolescencia, por un accidente que, cuando lo narra, eriza la piel. Tenía poco más de 13 años cuando en su pueblo, San Miguel del Monte, con un amigo manipulaban un revólver Smith & Wesson 357 y al otro se le escapó un tiro. El proyectil «de punta hueca» lo atravesó a Luciano: ingresó por su pecho, debajo de la tetilla derecha, y encontró salida por el omóplato izquierdo. Una esquirla pasó «a nada» de la aorta, perforó un pulmón y le lesionó la médula espinal.
La recuperación no fue sencilla. Superó un cuadro muy grave en el Hospital del San Miguel del Monte, de allí fue derivado al centro de rehabilitación de la Asociación para la Lucha Contra la Parálisis Infantil (ALPI), en medio de urgencia al Hospital Garrahan por una complicación y de nuevo a ALPI hasta que pudo reincorporarse a la secundaria, ya en segundo año y con los mismos compañeros con los que había comenzado el año anterior.
Años después, en La Plata, donde estudió, comenzó a nadar y en Mar del Plata, donde se radicó con su esposa -son papás de Antonia-, encontró en el mar algo que la ciudad le niega: espacio, impulso, autonomía.
Dio las primeras brazadas sobre una tabla adaptada para sostener sus piernas en la escuela de Lucas Rubiño, quien da clases de surf en Puerto Cardiel. Fue él quien le propuso intentar correr las olas sentado. ¿El propósito? Competir. Poco tiempo después participó de un mundial de surf adaptado representando al país y ya no se bajó de la ola.
Compitió en tres campeonatos mundiales en California, dos veces lo hizo en Chile -donde obtuvo dos subcampeonatos latinoamericanos- y en el que se celebró en Playa Grande -frente a su casa, prácticamente-, en 2019, salió campeón en su categoría.
Luciano junto a su hija y la tabla de surf. Foto: Instagram.El debate en redes, tras el posteo en Tik Tok, pasó primero por el desconocimiento de los usuarios -que bromearon sobre la «bici cama»-, luego sobre la seguridad y el peligro que conlleva ir abordo de la handbike. Pero la demanda de Llosa no se basa en rampas de accesibilidad para su vehículo de competición, que reconoce riesgoso: reclama por rampas en las esquinas para sillas de ruedas convencionales.
Como la que usa en la ciudad para acompañar a su hija a la escuela o salir a pasear al perro. Fue en uno de esos paseos que «haciendo willy» -levantando las ruedas delanteras para bajar el cordón- no se afirmó con precisión y cayó de espaldas, lo que generó su primer reclamo, en redes, pero también formalmente. Además subió videos en los que circula por el asfalto esquivando decks y enfrentando el tránsito.
Llosa vive en Formosa y Aristóbulo del Valle, zona cara y residencial de Mar del Plata. «Mi hija -en esa cuadra y media por Alem- iba por la vereda y yo por la calle con luz adelante y atrás», cuenta. No es que no haya rampas en la ciudad, pero la cantidad instalada está lejos de ofrecer soluciones a quienes las necesitan.
En Mar del Plata hay unas 38 mil personas con discapacidad. Foto Diego izquierdo.Esta semana, los concejales Diego García y Valeria Crespo, de Unión por la Patria, presentaron un proyecto para impulsar la creación de un espacio de planificación y seguimiento de políticas de accesibilidad y asistencia para personas con discapacidad. Enmarcan la propuesta en un diagnóstico alarmante: en la ciudad viven más de 38.000 personas con Certificado Único de Discapacidad, y las obras llegan a cuentagotas.
«A pesar de contar con programas específicos, gran parte de los fondos destinados a accesibilidad no llegan a ejecutarse plenamente, lo que afecta directamente a los derechos de estas personas. Durante el año 2024 la Secretaría de Obras y Planeamiento Urbano ejecutó apenas $499.973 del total presupuestado de $48.620.000 para las obras de Cruces Peatonales Accesibles pertenecientes al Plan Municipal de Accesibilidad», explicaron.
«Las barreras arquitectónicas acrecientan las limitaciones -explica Llosa a Clarín-, la exclusión. Porque si vos tenés una discapacidad y tenés barreras arquitectónicas ordenadas o lo más amigables posible, podés salir. Lo mismo con el transporte público, que deja afuera a la persona con discapacidad y hace la limitación doble: a la discapacidad, si es que esa persona no tiene la posibilidad de tener un auto, se suma que no puede salir de su casa, a trabajar por ejemplo, o tiene que pagar un Uber».
«No sé por qué en Mar del Plata pasa esto: cuando voy a Capital me muevo en bondi por todos lados y si la rampa no anda, el colectivero se acerca al cordón y cualquier argentino gaucho, que está lleno, te ayuda a tomar le colectivo y viajás con cero guita, porque a quienes tenemos alguna discapacidad no nos cobran», señala.
También dice que se comunicó con el intendente (por Guillermo Montenegro), que desde la municipalidad le dijeron que Obras Públicas está trabajando en el tema, «pero, en concreto, por ahora no ocurrió nada», indica y aclara: «Quiero que hagan en todos lados.»
Cuando comenzó a competir en tabla, el intendente Montenegro era diputado nacional. Tuvo la oportunidad de acercarse a él, le pidió algún tipo de asistencia para poder viajar al mundial. «Me dijo: ‘plata no tengo, pero te voy a ayudar’. Nos consiguió camisetas de River y de Boca firmadas por los jugadores y con eso recaudamos. Es lo mismo que le pido ahora, que le busque la vuelta para poner rampas en las esquinas.»
Luciano insiste en no quedarse quieto, por eso persiste en el reclamo y responde a quienes criticaron la seguridad de su handbike, en la que entrena para correr 10 kilómetros en la Maratón de Mar del Plata, el 9 de noviembre: “Hay que salir, jugársela un poquito. Mucho más peligroso es quedarse mirando el techo, quedarte en la cama…”










