La tribuna intuye que necesita el refuerzo del aliento. Entonces, se piden “huevos”. Y el equipo, que deja correr la pelota entre los finos pies de su rival, se aferra a la resistencia. Boca, a esa altura de la noche, se viste con el overol y exhibe todo su pragmatismo. Aguanta la embestida final de Argentinos, que hizo gala de la posesión pero se quita el frac y envuelve el área de centros para sus cuatro delanteros. Sin embargo, el triángulo defensivo de azul y oro es muy sólido. Entonces, la victoria termina en el desahogo popular después del padecimiento, en un partido que impulsa a los xeneizes a las semis del Torneo Clausura, a la espera de Racing o Tigre, el próximo fin de semana, aquí mismo en la Bombonera.
La decepción viaja camino a La Paternal. Fundamentalmente, porque Nicolás Diez armó un equipo de autor que tendrá el consuelo de la clasificación a la Libertadores, pero terminará sin vueltas olímpicas. Quedó afuera por penales en los playoffs del Apertura -casualmente contra Claudio Úbeda, entonces ayudante de Miguel Russo en San Lorenzo- después de una gran campaña; perdió la final de la Copa Argentina con Independiente Rivadavia y se despidió ante Boca, muy a pesar de que mereció algo más en esos noventa minutos. Fueron 15 intentos, 5 al arco. Agustín Marchesín estuvo impecable.
El juego de la tenencia, la circulación, la colección de pases y la búsqueda a partir del pulcro manejo de la pelota fue patrimonio de Argentinos. La vigilancia, el corte, la recuperación y el contragolpe feroz fueron las características de Boca. Un duelo de estilos se desató a orillas del Riachuelo y terminó con una moraleja bien futbolera: no siempre es necesaria la posesión para lograr la ventaja.
Argentinos jugó lindo, pero no tuvo profundidad. Boca dejó el protagonismo para su rival, sin ningún tipo de rubores, y eligió el juego directo. En este contexto, bastó una pelota parada para alcanzar a la victoria. Otra vez, desde la magnífica pegada de Leandro Paredes. Gonzalo Siri fue partícipe necesario porque dio un rebote muy corto cuando tapó el disparo de Miguel Merentiel, que encontró espacios en el segundo palo, y Ayrton Costa anticipó a todos para gritar su tercer gol con la camiseta azul y oro.
Boca abrió muy rápido el marcador y el partido se inclinó hacia su propio campo. Argentinos ya había advertido que jugaría con atrevimiento y como muestra alcanzó un minuto. Entonces, Nicolás Oroz remató de media distancia, a colocar, y Marchesín tapó con esfuerzo. La respuesta fue el gol de laboratorio, una marca registrada del equipo de Ubeda.
🔊 Si sos de Boca… ¡SUBÍ EL VOLUMEN! La Bombonera ESTALLÓ con el gol de Ayrton Costa ante Argentinos. pic.twitter.com/ZwjB7outaf
— SportsCenter (@SC_ESPN) November 30, 2025
Con volantes lúcidos, Argentinos, controló la pelota, pero en los metros finales, más allá de alguna proyección de Sebastián Prieto o un par de centros cruzados, no se hallaron respuestas en el área. Federico Fattori, de indiscutible calidad, era el punto de partida. Oroz también estuvo inspirado. Faltó mayor participación de Alan Lescano y, sobre todo, de Hernán López Muñoz. Tomás Molina perdió en el uno contra uno, devorado por Lautaro Di Lollo y Ayrton Costa. Y la situación más peligrosa que generó fue un remate de media distancia del propio Fattori que pasó muy cerca del poste derecho de Marchesín.
Boca recuperó con Paredes y cuando tuvo su oportunidad, contratacó con la velocidad de Exequiel Zeballos. Aunque uno de sus valores más destacados fue Carlos Palacios. El chileno conectó el juego en el breve lapso que su equipo pudo hilvanar el juego. Y hasta colaboró en la rescate de la pelota con un gran compromiso.
El Changuito encabezó dos réplicas, una que terminó con un remate de Palacios en el travesaño y otra que partió de un quite de Paredes que el santiagueño canjeó con un centro bárbaro para Milton Giménez. El “9” cabeceó a quemarropa y Siri enmendó su error del primer gol con una atajada cinematográfica.
Con 29% de posesión y 160 pases menos que su adversario de La Paternal, Boca fue más peligroso. Argentinos, en cambio, casi no pudo rematar al arco en la etapa inicial. Y recién a la media hora del complemento comprometió a Marchesín. Entonces, el arquero tapó un remate de media distancia de Lescano y a la salida de ese córner, un cabezazo del mismísimo “10”. También, le puso el cuerpo a un tiro de Diego Porcel, que quedó cara a cara con el número uno tras un centro pasado de Lautaro Giaccone que bajó Molina.
Ubeda solo equilibró un ratito con los cambios. Desarmó al doble “9” con las salidas de Merentiel y Giménez, aportó pierna tensa con Tomás Belmonte, pero a excepción de unos pocos minutos, Argentinos retomó el control.
Y estuvo a tiro del empate, dicho está. Incluso, hubo un cabezazo de Molina que pasó muy cerca. Pero Boca está angelado. Se acostumbró a ganar partidos bravos: lleva seis triunfos en cadena y con cuatro vallas invictas. Señal de que tiene las defensas altas, un plus de este equipo que podrá sufrir, pero últimamente tiene un final feliz.










