El mínimo de horas de clase no se cumplirá en 2026 para más de 700.000 alumnos

El mínimo de horas de clase no se cumplirá en 2026 para más de 700.000 alumnos


En la Argentina es muy común que las jornadas escolares se vean afectadas por paros, por problemas de infraestructura, por ausencia de los docentes o incluso por problemas climáticos. Esto hace que no se cumpla con el mínimo de días y horas de clase exigidos por la normativa.

Pero mucho más difícil será cumplir si son las mismas provincias las que planifican, en sus calendarios escolares, menos de 190 días y 760 horas de clase, que es lo que ellas fijaron como norma.

Eso es lo que pasará, en 2026, con más de 700.000 alumnos del nivel primario del país. Son los que van a escuelas de jornada simple (4 horas) en provincias que planificaron menos de 190 días de clase. Las 760 horas surgen de multiplicar los 190 días por las 4 horas de clase por día.

El dato surge del último informe del Observatorio de Argentinos por la Educación, que tomó el calendario escolar informado por cada una de las jurisdicciones, les restó los días que no habrá clases por feriados nacionales y provinciales, más los días de jornadas institucionales (se suspenden las clases) y llegó a la conclusión de que en siete jurisdicciones hay distintas proporciones de alumnos que no llegarán al mínimo de 760 horas de clases anuales.

Las provincias que incumplen desde el minuto cero son Santa Cruz, La Rioja, Río Negro, Tucumán, San Juan, Buenos Aires y Chubut. En total, 718.712 alumnos no tendrán el mínimo de horas de clase requerido.

Además, solo tres provincias –Santiago del Estero, San Luis y Mendoza– planificaron un calendario escolar que garantiza la meta de 190 días de clase establecida por el Consejo Federal de Educación (CFE).

Una preocupación creciente

La cuestión de los días de clases efectivos empezó a generar preocupación a partir de la muy prolongada interrupción de las clases presenciales en la pandemia. El tema ya estaba en agenda por los paros docentes, pero la pandemia terminó de fijarlo como una prioridad.

Presionados por la opinión pública, en el año 2022 los ministros del área -reunidos en el Consejo Federal de Educación (CFE)- se pusieron de acuerdo y firmaron una resolución que obliga a tener un mínimo de 190 días de clase, a tono con lo que pasa en el mundo.

Hasta entonces, Argentina tenía una ley -de 2003- que obligaba a tener 180 días de clases anuales, que nunca se cumplían.

Pero para ser más rigurosos aún, y evitar toda suspicacia, una nueva resolución de 2024 introdujo una definición más precisa del concepto de “día efectivo de clase” en la primaria. Estableció que será el que cumpla al menos 4 horas reloj de actividad pedagógica presencial.

Con lo cual, a partir de esa norma los calendarios escolares están obligados a garantizar al menos 190 días de clase o su equivalente en 760 horas reloj anuales. Esto es lo que no se cumplirá con más de 700.000 alumnos, porque ni siquiera está contemplado en los calendarios escolares, muestra el informe elaborado por el educador Gustavo Zorzoli, María Sol Alzú y Tomás Besada (Argentinos por la Educación).

Faltan datos

Y todavía falta “jugarse el partido”, porque una cosa es lo que figura en los papeles (en los calendarios escolares) y otra lo que luego realmente pasa con el ciclo lectivo.

Aunque no va a ser fácil saberlo. La Argentina aún no cuenta con un sistema de información nominal que permita hacer un seguimiento de la cantidad de días y horas de clase efectivos que tienen los alumnos.

Además, no existe información pública sobre presentismo de estudiantes, docentes, paros o cierres por problemas climáticos o edilicios. Desde el Observatorio de Argentinos por la Educación señalan que “la brecha entre lo planificado y lo efectivamente enseñado podría ser significativa”.

En Argentina no hay información pública sobre los días y horas efectivos de clase. Shutterstock

El panorama preocupa porque, si bien tras la pandemia el promedio nacional de días de clase planificados creció en forma sostenida –pasó de 178 días en 2020 a un pico de 187 días en 2024-, en 2025 y 2026 ese promedio retrocedió a 185 días.

“Por séptimo año consecutivo analizamos los calendarios escolares del nivel primario y la serie nos muestra que, si bien hemos mejorado en el cumplimiento de la meta de 180 días de clase, la inmensa mayoría de los responsables del área educativa no cumplen con el acuerdo federal que vienen votando por unanimidad sobre la necesidad de alcanzar un piso de 190 días de clase”, dice Gustavo Zorzoli, coautor del informe.

“Es que en Argentina no cumplir con los acuerdos educativos, como en tantos otros temas trascendentales, no tiene consecuencias para los funcionarios de turno. Ni siquiera el contralor nacional se ocupa de su acatamiento, en especial cuando se sabe que los calendarios firmados y publicados distan en mucho de su concreción durante el año. Mientras el libertinaje avanza, nuestros niños pierden oportunidades y la promesa de un mejor futuro”, le dijo Zozoli a Clarín.

Ideas para mejorar

Ahora, ¿puede el Estado nacional obligar a las provincias a que planifiquen los días y horas acordados o cumplan luego con la norma?

Zorzoli le dijo a Clarín que no cree que tenga muchas herramientas formales para lograrlo.

Por su parte, Flavio Buccino, especialista en gestión educativa, propone “establecer acuerdos de gestión entre la Secretaría de Educación nacional y las provincias donde el financiamiento de programas específicos (como infraestructura o conectividad) esté vinculado al cumplimiento efectivo de los días de clase reportados”.

Buccino compartió con Clarín otras sugerencias de políticas públicas para mejorar en este tema. Entre ellas:

  • Publicar informes bimestrales sobre el cumplimiento real del calendario para identificar jurisdicciones en riesgo y aplicar medidas correctivas inmediatas
  • Incrementar la duración de la jornada simple a un mínimo de 5 horas reloj en todas las jurisdicciones.
  • Escuelas de verano/invierno obligatorias para los distritos que no cumplen con el piso horario.
  • Realizar las jornadas institucionales de forma virtual o en contraturno, o bien, utilizar personal de apoyo (maestros bibliotecarios o integradores) para sostener la actividad con alumnos mientras el docente titular se capacita.

“El calendario escolar no es un simple trámite administrativo; es la columna vertebral que organiza el tiempo de enseñanza. Sin un sistema de monitoreo nominal que registre lo que sucede día a día, corremos el riesgo de que los 190 días establecidos por el Consejo Federal de Educación sean solo una meta teórica. Eso deja a los alumnos librados a una continuidad pedagógica frágil que afecta la calidad de sus aprendizajes”, dice Buccino.

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