La reciente captura por parte de Cuba de una embarcación con diez tripulantes armados que pretendían establecer un “foco” de rebelión en la isla ha vuelto a poner en el centro del debate internacional a una de las organizaciones más radicales del exilio: el Partido Republicano de Cuba (PRC).
Con un saldo de cuatro muertos y seis heridos tras un enfrentamiento con tropas de la guardia fronteriza cubana, el incidente no solo marca un pico de tensión diplomática entre La Habana y Washington, sino que revela los renovados intentos de facciones opositoras por forzar un cambio de régimen mediante la acción directa.
Los heridos se encuentran detenidos y están siendo interrogados por las autoridades cubanas, quienes definieron el ataque como “una infiltración con fines terroristas”.
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Estructura y Liderazgo. El PRC se define a sí mismo como una organización política de corte conservador y republicano que opera en una estructura dual: una dirección en el exilio (principalmente en Florida) y una red de células o “delegaciones” clandestinas dentro de la isla.
Ibrahim Bosch, radicado en Miami, es la cara pública y el estratega principal del partido. Recientemente ganó notoriedad en foros internacionales de derecha, como el DerechaFest celebrado en Mar del Plata a finales de enero de 2026.
Su discurso se centra en la “liberación total” de Cuba, el respeto a la propiedad privada y la alineación con las democracias liberales de Occidente. Bosch sostiene que la vía del diálogo con el gobierno de La Habana está agotada.
Mientras la dirección ejecutiva opera desde el exterior, el liderazgo moral dentro de la isla recae en figuras como María Cristina Garrido, una poeta y activista detenida por el régimen. Actualmente cumple una condena de siete años por participar en las protestas del 11 de julio de 2021. Su figura es utilizada por el PRC como símbolo de la “resistencia interna”.
Wilfredo Beyra es responsable de la delegación del partido en Tampa, Florida. Fue el encargado de confirmar el vínculo de los involucrados en la reciente expedición a la isla, describiendo a los participantes no como “terroristas”, sino como “combatientes de la libertad”.
Perfil de los “Infiltrados”. El nombre que resonó con más fuerza tras el fallido desembarco es el de Michel Ortega Casanova, uno de los muertos en el tiroteo. Se trata de un camionero de 54 años que representa el perfil de los nuevos operativos del PRC: cubanos residentes en EE.UU. que, frustrados por la situación económica y política de la isla, emprenden acciones militares o de sabotaje.
Según Beyra, el grupo que intentó la infiltración no buscaba un atentado masivo, sino establecer un “foco de resistencia” en una zona rural. La intención era proveer armas y logística a grupos descontentos dentro del país para provocar una insurrección popular.
El objetivo de Ortega Casanova “era ir a combatir contra una narcotiranía criminal y asesina, ver si eso prendía la chispa y el pueblo se levantaba y los apoyaba”, señaló Beyra. Y aclaró: “Yo le había advertido que no era el momento de hacer ese tipo de acciones por la libertad de Cuba, que había que esperar”. “En Florida varios grupos manifiestan abiertamente que están dispuestos, entrenando militarmente, a luchar por la libertad de su patria. Y Michel era de uno de ellos”, remarcó.
Según trascendió, el equipo que intentó ingresar a la isla se estuvo entrenando en un campo de Florida con todo tipo de armamento.
Los objetivos del PRC. El partido de derecha no busca simplemente una reforma democrática; su programa político es de ruptura absoluta. Entre sus pretensiones declaradas se encuentra el derrocamiento del modelo unipartidista del PC cubano a través de la infiltración de milicias locales y la instauración de “zonas liberadas”. Luego, establecer un gobierno provisional que convoque a elecciones bajo una nueva Constitución basada en la de 1940, pero con fuertes tintes de libre mercado.
El gobierno de Cuba ha calificado oficialmente al PRC como una organización terrorista, incluyéndola en sus listas negras junto a otros grupos del sur de Florida. Para La Habana, estos intentos de infiltración son “actos de agresión financiados desde el exterior” que violan la soberanía nacional.
Rusia, el aliado estratégico de Cuba, sostuvo que “se trata de una provocación agresiva de Estados Unidos, cuyo propósito es escalar la situación y detonar el conflicto”.
El incidente ocurre en un momento de extrema fragilidad para la isla, golpeada por una crisis energética sin precedentes y una inflación galopante. La narrativa del PRC intenta capitalizar este descontento.










