Era la última semana de enero de 1996. Mercedes Sosa volvió al festival después de tres años de ausencia. Cosquín necesitaba recuperar la mística de los inicios, con una de sus figuras más emblemáticas. Durante la década del noventa, el escenario de la Plaza Próspero Molina había entrado en una meseta artística. “El folclore estaba quieto. No llamaba la atención. La gente se quejaba que siempre estaban los mismos en el festival”, dice el músico santiagueño Cuti Carabajal.
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Así fue el primer Cosquín de Soledad
Un rumor se empezaba a esparcir por las calles del festival. Un pequeño terremoto de 1.55 de estatura, menuda, vestida con bombacha de gaucho, chaleco, una bandera argentina pegada en el pantalón y que revoleaba el poncho, llamada Soledad Pastorutti, era la sensación de la Peña Oficial, que dirigía el folclorista César Isella.
En un género musical donde las figuras del festival promediaban arriba de los sesenta años, la irrupción de una cantora de quince años con tanta energía se hizo notar. “Yo era la mascota de los folcloristas más grandes. A la peña iban figuras del folclore como Mercedes, Los Chalchaleros, Luis Landriscina. Todos iban a comer, miraban y después hablaban de mí por ahí”, dice hoy Soledad.
“Yo era la mascota de los folcloristas más grandes. A la peña iban figuras del folclore como Mercedes, Los Chalchaleros, Luis Landriscina.
Soledad PastoruttiFolclorista
Había llegado hasta ahí por la persistencia de su padre, el único que desde el principio creyó en que su hija podía cambiar la historia. Omar Pastorutti fue, en esos primeros años, padre, manager, chofer y mentor de Soledad. Era mecánico, recitador y siempre estuvo ligado al folclore. Cuando se puso de novio con Griselda Haydeé Zaccino, de Los Molinos, un pueblo a 15 kilómetros de Arequito, le regaló un poncho blanco, un poncho que después se haría famoso. Con ella, tuvieron dos hijas: Soledad, nació el 12 de octubre de 1980, y Natalia, el 15 de agosto de 1982. “Hacíamos las misma actividades: tenis y clases de guitarra”, recuerda Natalia.
El debut discográfico. Poncho al viento salió luego del debut revelación ante el gran público de Cosquín.Omar llevó a Soledad, desde los 9 años, a los festivales y las peñas de los pueblos cercanos para que le dieran una oportunidad. “Yo no estaba de acuerdo, pero Omar estaba convencido. Para mí era muy nena”, dice la madre de Soledad. La mayoría de las veces no la dejaban actuar porque era muy chica. Tampoco tenían plata para solventar los gastos. Omar, entonces, cargaba el auto con nafta y kerosene, que era más barato. En una fiesta departamental en el Club Arequito, donde había quinientas personas, Omar vio que su hija despertó algo diferente. Cantó dos temas y tuvo que repetir uno.
“Yo Yo no estaba de acuerdo con que Soledad cantara en festivales, pero su papá estaba convencido. Para mí era muy nena”
Griselda Haydeé ZaccinoMamá de Soledad
“Yo estaba en el asador haciendo los choripanes para pagar el profesor de guitarra y vinieron diez personas a ver si teníamos una grabación para vender. Entonces empecé a grabar mis propios cassettes. Eran cuatro o cinco canciones grabadas de una consola de sonido y le ponía una fotito de ella sobre un cassette TDK. Después en Casilda, un pueblo cercano, un legislador nos ayudó a grabar un primer disco en un estudio profesional en Rosario.”
Esa grabación llamada Pilchas Gauchas terminó en manos de Julio Mahárbiz, el hombre que empezó como locutor en Cosquín en 1963 y condujo los destinos del festival hasta el 2001. El locutor era hincha de Independiente y lo recibió a través de su ídolo Bochini, pero nunca lo escuchó.
La familia Pastorutti viajó por primera vez a Cosquín en 1994 y pararon en un camping. Omar había arreglado una actuación en la peña Tibidabo, al lado del Río Cosquín. Esa noche llovió, fue muy poca gente y no pudieron vender ningún cassette. Al otro día regresaron al pueblo.
Al año siguiente volvieron y todo fue accidentado. Esa vez, Omar recorrió dos veces los 400 kilómetros ida y vuelta que separaban su pueblo de Cosquín porque Natalia tuvo una reacción alérgica. Les fue bien en la peña y les habían prometido que Soledad subiría a cantar en el escenario principal. Omar avisó a todos los medios de Arequito, pero a Soledad nunca la dejaron cantar por una ordenanza municipal que prohibía la presentación de menores después de la medianoche. La tercera fue la vencida: 1996.
Como una mascota. La Sole era la sensación de la Peña Oficial, que dirigía el folclorista César Isella (primero a la izquierda).La gran noche
Triunfar en Cosquín no es fácil. Hay dos formas. Pasar por el Pre-Cosquín, un certamen con sub sedes en todas las provincias. O hacerse conocido en las peñas para conseguir a fuerza de popularidad un padrino artístico. Pasó con Mercedes Sosa cuando la presentó Cafrune en el ’65, y pasó con Soledad cuando la presentó César Isella, en el ’96.
Isella empezó una campaña entre sus conocidos para lograr que la cantante adolescente de Arequito, que todas las noches causaba un estallido en su peña, pudiera pisar finalmente el escenario mayor.
Marta Platía, la corresponsal del diario Clarín que estaba cubriendo Cosquín, estaba alojada en el hotel Puerta del Sol. Una tarde le pasaron una nota por debajo de la puerta de su habitación. “Venite esta noche a la carpa a ver lo que tengo.” La firma era de Isella. “A la noche fui a la carpa. Nos sentaron en una mesa donde estaban Ariel Ramírez, Eduardo Falú y el gobernador Ramón Mestre. Me acuerdo que Isella agarró el micrófono y dijo: ‘Ahora les voy a presentar a alguien que va a hacer historia en el festival’”, relata la periodista.
Me acuerdo que Isella agarró el micrófono y dijo: ‘Ahora les voy a presentar a alguien que va a hacer historia en el festival’”
Marta PlatíaCorresponsal de Clarín
El poncho al viento. El gesto kinético que la hizo famosa en los ’90.Entre las filas de mesas habían dejado un pasillo largo. Por ese pasillo largo, en un espacio para unas quinientas personas, apareció un pequeño remolino de euforia, revoleando el poncho, toda energía, toda explosión telúrica. “Era una cosa que no lo podíamos creer. Nos miramos diciendo ¿qué es esto? Era algo fuera de serie. Había un clamor para que subiera al escenario, pero no la dejaban subir porque era menor de edad. En ese momento intervinieron Ariel Ramírez y directamente Mestre para que subiera la Sole”, recuerda la periodista.
La comisión del folclore estaba en contra: Eduardo Mastel, el mismo que le había dicho que no en 1995, seguía en la programación. Reynaldo Wisner, uno de los fundadores del festival, hizo un llamado. Isella, por su parte, invitó a la peña oficial al intendente radical Walter Costanzo, que era el presidente honorario de la comisión municipal de folclore para que viera la reacción en el público.
“Ya sabía lo que les había pasado el año anterior y no había estado de acuerdo con no dejarlas cantar en el festival -dice Costanzo-. Recuerdo que Sole y Natalia vinieron a la mesa donde estábamos y les dije: ‘Sé que voy a tener problemas con la comisión, pero les voy a guardar un lugar para el viernes siguiente. Lo único que pido es que sea un tema nada más, aunque se caiga la plaza. Cúmplanme’.”
El viernes 26 de enero es una noche cálida con cielo despejado, Soledad fue caminando hasta la plaza Próspero Molina junto a su hermana Natalia, sus padres y los músicos: el primer guitarrista “Laucha” Calcaterra, que trabajaba de empleado en una empresa agrícola, el guitarrista “Beto” Arauco, que era policía de Arequito y llevaba su revólver reglamentario, y el bombisto Héctor López, un vecino aficionado a la música del pueblo. Eran unas 6 cuadras, desde el garaje que habían alquilado para dormir en cuchetas.
A Soledad se le había cerrado un poco la garganta. Era un síntoma común, desde que empezó a cantar, cuando se estresaba. Llegaron y los hicieron esperar entre bambalinas.
No tenían camarines. Solo veían gente corriendo y Mahárbiz gritando, a unos y otros. Natalia y Soledad, parecían todavía más chicas de la edad que tenían.
Mabel Ongaro, asistente y mujer de Julio Mahárbiz, llevó a Soledad a una especie de oficina improvisada detrás del escenario, donde el conductor del festival tenía una silla y un monitor. La miró de arriba a abajo y le dijo: “Tenés un tema y no hagas revolear el poncho”. El revoleo del poncho era su marca: había nacido de casualidad en un show cuando vio a un hombre mayor agitando una prenda en uno de sus recitales.
Tenés un tema y no hagas revolear el poncho
Mabel OngaroAsistente en el Festival de Cosquín
Antes de salir recibió las últimas indicaciones de su padrino artístico César Isella que la agarró de los hombros y le dijo: “Poné ovarios”. Cerca de la medianoche, Mahárbiz salió al escenario para presentarla así: “Se llama… simplemente Soledad, que sea con toda la suerte”. El punteo de las guitarras pisa las últimas palabras del conductor del festival. No tenían tiempo. Era una sola oportunidad, quizás la última. “Salí a matar”, dice La Sole.
La Soledad de fines de los ’90. «Se llama… simplemente Soledad, que sea con toda la suerte», así la presentaron en Cosquín.En Cosquín, salí a matar
Soledad PastoruttiFolclorista
La canción A Don Ata, el segundo tema que cantó junto a su hermana provocó el estallido, el fenómeno de esa noche. “Esa canción es sobre todo el punteo del comienzo”, dice Soledad. La empezaron a ensayar juntas a dúo con Natalia porque la letra era tan larga que no le daba tiempo para cambiar de aire, entre frase y frase. Durante las noches previas en la peña oficial, la versión fue cobrando esa forma vertiginosa que encendió a las diez mil personas en la Plaza Próspero Molina. “No se trataba de cantar sino de ir para adelante, a lo gringo”, dice la artista.
Soledad y Natalia, cantan y saltan a la vez. La presentación se corona con el gesto de Soledad golpeando el poncho contra el piso, una y otra vez. Entre el público se revolea lo que se tiene a mano. La gente está desbordada, Mahárbiz también. Tiene que pedir un bis, sin entender lo que está pasando. Soledad arranca con otro clásico Entre a mi pago sin golpear.
El maestro de ceremonias del festival, tiene que volver a calmar a la multitud, para pedir una última. “Yo les digo que para mí, es una verdadera sorpresa”, llega a balbucear el conductor. Con su hermana cantan Las Moras, para rematar la despedida. Será el comienzo del fenómeno: firmará contrato con Sony, grabará Poncho al viento, un disco que venderá más de 800 mil unidades, y pondrá la palabra folclore en la boca de todo un país.
El aniversario
El último domingo del festival, Sadaic le entregó un premio especial a Soledad y cantó un tema más para el público. El lunes 29 de enero emprendieron el regreso. Casi no les quedaba plata: Soledad no había cobrado ninguna actuación en Cosquín. En la localidad de Las Rosas, de donde eran los músicos, fueron recibidos por la gente en las calles y un camión autobomba hizo sonar las sirenas a su paso. Lo mismo sucedió en los pueblos siguientes, Las Parejas y Villa Eloísa, hasta que llegaron a la entrada de Arequito. Había un gran tumulto de gente sobre la ruta. Eran unas dos mil personas, casi todo el pueblo las esperaba.
Este año, Soledad celebra el treinta aniversario de aquella noche épica en Cosquín, el sábado 31 de enero, con un concierto especial, que dice, nadie se debería perder. El show será más largo de lo habitual. “Se trata de aprovechar este aplomo que me dan los 30 años para abordar un repertorio que quizás no es tan afín a Cosquín, pero que sí es de Soledad. Quiero ser más Soledad que nunca”, le dice la cantante a Viva.
A la distancia, observa esos días del estallido del fenómeno como quien pasa fotos viejas de un álbum. “En realidad no extraño demasiado de esa época. Me gusta la que soy ahora y en lo que me convertí desde lo artístico, lo estético, desde todo”, dice esta Soledad de 45 años, que tiene más de siete millones de discos vendidos, un Grammy Latino, dos discos de diamante, once premios Carlos Gardel y se volvió un ícono nac&pop.
El gestito de los punteos. La adolescente Soledad no se quedaba quieta un minuto en el escenario. En realidad no extraño demasiado de esa época. Me gusta la que soy ahora
Soledad PastoruttiFolclorista
-Aquel debut en Cosquín marcó un antes y un después en tu vida.
-Ya cumplí varios años en ese escenario, pero cumplir 30 me parece que es lo más importante. Faltan unos días pero me empiezo a poner nerviosa. Son momentos de mucha emoción y agradecimiento.
Este año, debutan Cazzu y Milo J en Cosquín y hay como una idea de que el folclore se está volviendo a escuchar mucho en Buenos Aires. Y por otra parte, gracias al programa La Voz quizás, Soledad es reconocida por las nuevas generaciones: debutará en marzo en el Olimpo del rock alternativo, el Lollapalooza. Así lo ve: “Hay muchos chicos que están curiosos de nuestra música y creo que, en el caso de Milo o Cazzu, existe otra manera de hacer folclore y está buenísimo. Me alegra que ocurra y ser parte de eso. Sufrí durante muchos años, como parte de la generación de los ‘90 en el folclore, una crítica muy grande. En aquel momento nuestra aparición fue muy resistida. Entonces, para mí esto que ocurre, es parte de lo que yo esperaba. Me enorgullece que esto continúe, porque siempre me propuse ser un puente”.
Era la moda. Se mezclaron muchas sensaciones. Fui la argentinidad al palo y me adoptaron de todos lados
Soledad PastoruttiFolclorista
En aquel verano del ’96, en Cosquín, esa voz original, disruptiva, joven, fue como un tifón. La noche que nació otro ícono de lo argentino. “Era un momento cultural y social muy especial”, cuenta hoy. “Los noventa. El país sufría las privatizaciones. Había una cosa dividida entre lo que ocurría en el interior y lo que pasaba en Buenos Aires, que se usaba la bandera norteamericana como una bandana. Era la moda. Se mezclaron muchas sensaciones. Fui la argentinidad al palo y me adoptaron de todos lados.”










