Desde su primer discurso, donde evocó a Platón, Marco Aurelio y Unamuno, José María Balcázar se ha esforzado por extender la idea de que es un hombre cultivado que ha leído lo suficiente para gobernar un país. Si Pedro Castillo era tildado de ignorante, Dina Boluarte de frívola y José Jerí de pervertido, el abogado de 83 años que cerrará este quinquenio se ha promocionado desde el primer día como una mente ilustrada que puede hablar con propiedad de un abanico de temas que van desde las culturas milenarias hasta las corrientes filosóficas.
“No es difícil gobernar un país. ¿Quién les ha dicho que es difícil?”, dijo la noche del 18 de febrero cuando, en contra de todos los pronósticos, obtuvo la votación más alta en el Parlamento para sustituir a Jerí, sacado apresuradamente del cargo tras una moción de censura. El tono de sus palabras resonó en un país donde la investidura presidencial se ha convertido en un fenómeno digno de estudio y las agencias internacionales tienen preparada la alerta del enésimo cambio de mando por si hiciera falta.
A diferencia de su antecesor, que transmitía cada cosa que hacía en una búsqueda permanente del like, José María Balcázar le ha dado muchísimo menos trabajo a sus community managers. Más allá de algunos comunicados en Facebook, esa red inexistente para los adolescentes de hoy, su presencia en redes sociales es mínima. Dicha ausencia ha abonado los rumores de que su estado de salud no es el mejor y que el ritmo de la función presidencial le está causando estragos.
Para disipar esos murmullos, en medio de una crisis energética, Balcázar hizo gala de su erudición: “Más bien me preocupo, porque cada día me vuelvo más inteligente. Yo hablo con Kant, hablo con Hegel y eso prueba que efectivamente estoy bien”. Una frase de antología que corona su primer mes de mandato, cumplido el miércoles, en medio de una nueva tormenta política: renovó el Gabinete un día antes de someterlo al voto de confianza del Congreso.
“Que Balcázar pretenda certificar su lucidez diciendo que habla con Kant y Hegel es una prueba de su anacronismo y desconexión”, cuestiona el periodista de investigación, Américo Zambrano, autor de La política del escorpión (Aguilar), un libro que revela cómo se negocia el poder en el Perú. “Sus declaraciones suelen ser laberintos donde la lógica y la coherencia se pierden. Una forma de pedantería que busca descalificar a la prensa bajo la excusa de una supuesta falta de cultura. Mientras él se refugia en diálogos imaginarios con pensadores del siglo XVIII, los ciudadanos siguen haciendo colas en los grifos para abastecerse de gas”, mantiene.
El martes por la tarde, solo unos minutos después de que Balcázar negara una recomposición de su Consejo de Ministros, las cuentas oficiales de Presidencia le agradecieron a Denisse Miralles por sus servicios prestados. La ingeniera economista duró tan solo 21 días como primera ministra. También hubo cambios en cinco carteras: Defensa, Economía, Educación, Interior y Mujer. Días atrás, el ministro de Salud, Luis Quiroz Avilés fue reemplazado por Juan Carlos Velasco. Una vuelta de tuerca que ha puesto en tela de juicio, una vez más, quién realmente gobierna en el país. Modificaciones que obedecerían a las presiones de las fuerzas políticas que colocaron a Balcázar en Palacio.
“La caída de Denisse Miralles es la confirmación de que en el Perú el gabinete no se diseña en Palacio, sino que se negocia en los pasillos del Congreso”, explica Américo Zambrano. “Revela que el gobierno de Balcázar es un rehén por voluntad propia. Al igual que sus dos predecesores inmediatos, Dina Boluarte y José Jerí, Balcázar hipotecó su autonomía a cambio de la banda presidencial, entregando el control de ministerios clave a los grupos que hoy sostienen su precaria estabilidad. Más que una figura decorativa, Balcázar es el nuevo rostro de lo que los analistas llaman un parlamentarismo de facto”, señala. Diversos analistas subrayan que el Ejecutivo está a expensas de una coalición donde no importan las ideologías, sino los intereses.
Que el Perú sume ocho jefes de Estado en una década no es la única alarma. El militar retirado, Luis Arroyo (hasta mitad de semana ministro de Defensa), se ha convertido en el duodécimo primer ministro en el último quinquenio. Un dato que refuerza la inviabilidad de un horizonte claro.
La politóloga Valerie Tarazona Kong sostiene que Balcázar “se revela como una figura incoherente”, debido a que se presenta como “un académico con una supuesta convicción intelectual y conocimientos de filosofía política, pero sus acciones lo contradicen”.
“Si fuese candidato, no destacaría entre los múltiples personajes por los que estamos evaluando votar”, anota sobre quien pesa una denuncia por haber desfalcado a su Colegio de Abogados y es cuestionado por haber defendido legalmente a abusadores sexuales y mostrarse a favor del matrimonio infantil. El 12 de abril será la primera vuelta de unas elecciones caóticas donde la ciudadanía elegirá a su nuevo mandatario entre 35 aspirantes (se redujo por la muerte del político Napoleón Becerra).
José María Balcázar tiene el encargo de gobernar el Perú durante cinco meses hasta julio. Su acercamiento inicial al presidente del Banco Central de la Reserva, Julio Velarde, calmó a la derecha, al igual que sus declaraciones donde se distanció de la “izquierda comunista” con que se le etiquetó por pertenecer al partido Perú Libre. Pero, como sus antecesores, no ha dado visos de tener la capacidad para controlar la escalada de violencia. Su gestión promedia 6,5 homicidios diarios, de acuerdo al Sistema Informático Nacional de Defunciones. Su aprobación, según la encuestadora Ipsos, ha caído del 24 al 14%.
Su nuevo gabinete, encabezado por Luis Arroyo, cuenta con un plazo de 30 días para someterse al voto de confianza del Congreso. Un tiempo extra, en medio del candor de las elecciones, que debería darle un respiro al presidente que conversa con Kant y Hegel. José María Balcázar se precia de un nivel intelectual tan alto que el otro día dijo en una conferencia: “Tendré que hablar al revés para que me entiendan”.










