Es casi imposible comparar tiempos y circunstancias con más de 60 años de distancia. Todo cambia. Y ahora aceleradamente. El fútbol no es la excepción, claro. Pero es un juego, al fin de cuentas, pasional en el mundo entero, por mucho que se lo haya invadido con negocios de todo tipo. Y en nombre de ese juego, se pueden elaborar semejanzas. No sobran demasiados antecedentes históricos de que un jugador joven, casi desconocido, asome en la Primera División por pedido masivo del público simpatizante un equipo.
Hubo un caso, lejano, pero imborrable en la memoria madura de la gente de Boca. El equipo dirigido por José D´Amico (devenido entrenador tras haber sido preparador físico) había sido campeón en 1962. Con un agregado: también había logrado el título en el torneo de Reserva y en el de Tercera División (en ese tiempo jugaban consecutivamente todos los domingos) bajo la MISMA conducción. El presidente del club, en aquel entonces, era Alberto J. Armando. Y él fue quién tuvo la visión de encarar la flamante Copa Libertadores (había comenzado en 1960 como Copa de Campeones) como una apuesta máxima, algo que habían despreciado los tres campeones anteriores (San Lorenzo, Independiente y Racing).
Por eso Boca contrató a José Sanfilippo, goleador e ídolo de San Lorenzo, y reforzó el equipo con la ambición de llegar a la final en 1963. Sin embargo, Boca no comenzó el torneo local con demasiado brillo. Pero en la tercera fecha (enfrentó y perdió con San Lorenzo 2-1 en el Viejo Gasómetro) en la Tercera División, Angel Clemente Rojas, de 18 años, hizo tal desparramo de gambetas y amagos que la tribuna cabecera entera entró en una avalancha inolvidable. Fue la misma gente la reclamó la urgente promoción a Primera de ese audaz muchacho poco conocido hasta entonces.
Debutó a la semana siguiente, el 19 de mayo (tan chico de cuerpo que a la camiseta no se le podía distinguir la franja azul inferior). Boca le ganó 3 a 0 a Vélez con tres goles de Oreste Corbatta, dos de penal y uno de tiro libre, por tres infracciones que le cometieron al debutante. Ese día nacía una idolatría tan contundente que se extendería por décadas. Un caso único. Le faltaban TRES meses para cumplir 19 años. Y pasó a ser Rojitas, cuando Boca contrató a Alfredo Rojas (ex Gimnasia) al año siguiente. ROJITAS fue impuesto por la gente. Y fue el ídolo máximo del hincha hasta que dejó el club en 1971. Su historia personal es tema para otra nota.
El Boca actual viene de una larga etapa de altibajos y desencantos futboleros. A punto tal que hace ya tres años que no consigue el título de ningún campeonato. Y estuvo ausente los últimas dos de la Copa Libertadores. Ni la incorporación fundamental de Leandro Paredes, campeón del mundo en Qatar 2022, terminó de enderezar el camino que había comenzado a insinuarse antes de la lesión del Changuito Zeballos. Pasaron técnicos y técnicos, incorporaciones diversas, sistemas y sistemas.
Lesiones. Cambios de formaciones permanentes. Hasta que el mal humor generalizado de su gente se hizo oír en la propia Bombonera, tras tres empates consecutivos. En la derrota ante Estudiantes ingresó -al final- uno más de un grupito de jóvenes ascendidos en los últimos tiempos. A ese muchacho de 18 años llamado Tomás Aranda, nacido en Ciudadela, le faltan DOS meses para cumplir 19. Juega en una posición (enganche, se decía antiguamente) en la que Boca no acertaba un actor convincente.
Como ocurrió con aquel idolatrado Rojitas, la gente -ahora también a través de las redes- reclamó su titularidad. Y debutó desde el comienzo en la victoria frente a Lanús por 3 a 0 (el mismo resultado de Rojitas contra Vélez) en la mejor actuación del equipo en mucho tiempo. Y el chico Aranda fue la figura de la cancha. Es imposible comparar tiempos y circunstancias. Pero se pude creer en las coincidencias. El tiempo tendrá la palabra.










