Chile acudió a las urnas este domingo 16 de noviembre para elegir al sucesor de Gabriel Boric, y el resultado dejó planteado un escenario que los sondeos venían anticipando desde hace semanas: habrá balotaje. Los candidatos perfilados son Jeannette Jara y José Antonio Kast. La disputa final por La Moneda se resolverá el próximo 14 de diciembre, en una segunda vuelta que promete ser áspera y profundamente ideológica.
Este domingo 16 de noviembre, cerca de 15 millones de chilenos sellaron el destino de una elección marcada por la implementación del voto obligatorio y una campaña marcada por temas como la inseguridad o el fastidio hacia la política tradicional. En ese clima, Jara y Kast se alzaron como figuras contrapuestas que, sin embargo, comparten una misma promesa: devolver la tranquilidad a una sociedad agotada por el avance del crimen.
Jeannette Jara, una «comunista disidente»
Jeannette Jara, 51 años, hija política del Partido Comunista desde los 14, se convirtió en la carta más competitiva del oficialismo gracias a un estilo que desarma etiquetas. Moderada, dialoguista y con una biografía que reivindica su origen popular, Jara logró encabezar una amplia coalición de centroizquierda que la impulsó con fuerza en la campaña.
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“Chile es igual que una familia. No todos piensan igual, no todos se quieren igual, pero no por eso deja de ser familia”, suele repetir en sus actos, donde sus seguidores valoran su tono cercano antes que la rigidez doctrinaria del PC. Nacida en El Cortijo, un barrio pobre en el norte de Santiago, trabajó en diversos oficios —incluso en la cosecha de frutas— mientras estudiaba administración pública y leyes.
Su salto al primer plano ocurrió durante el gobierno de Boric, cuando como ministra de Trabajo logró dos reformas clave: la reducción de la jornada laboral de 45 a 40 horas y el impulso a la modificación del sistema privado de pensiones. Ese desempeño la consolidó como figura transversal y, para muchos, como “la disidente” dentro del PC, con un pie firme en la socialdemocracia.
En esta campaña, Jara reforzó una agenda de seguridad y control migratorio que históricamente no era patrimonio de la izquierda, y prometió que “la seguridad pública será prioritaria desde el día uno”.
Kast, la derecha que endureció el clima electoral
Del otro lado, José Antonio Kast, abogado de 59 años, volvió a demostrar su capacidad para consolidar al electorado de derecha en torno a su figura. Hijo de un exsoldado nazi y hermano de un ministro de la dictadura de Pinochet, Kast lleva tres campañas presidenciales y es el rostro más visible del Partido Republicano, la fuerza ultraconservadora que él mismo fundó en 2019.
Descrito por sus biógrafos como un dirigente que mezcla “simpatía personal” con férreo control partidario, Kast hilvanó su campaña en torno a un mensaje monocorde pero efectivo: mano dura contra la delincuencia y expulsión masiva de migrantes irregulares. Él mismo reconoció que lleva un revólver de cinco tiros y prometió reforzar el poder de fuego de la policía. En uno de sus actos habló detrás de un vidrio blindado, un gesto que sus seguidores interpretan como símbolo de la amenaza delictiva que él denuncia.
Más allá de su conocido ideario ultraconservador, esta vez apartó temas como el aborto o el matrimonio igualitario para concentrarse en el discurso de orden. Lleva incluso una cuenta regresiva con los días que —según afirma— faltan para iniciar su plan de expulsiones: “Si no lo hacen voluntariamente, los vamos a buscar”.
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