La ciudad de Rosario volvió a quedar en el centro de la escena tras una nueva ola de violencia posiblemente narco que dejó cuatro asesinatos en menos de 24 horas. La seguidilla de crímenes, ocurridos en distintos puntos, reactivó el clima de tensión y puso en evidencia que el problema sigue lejos de resolverse.
“No tienen un patrón común. Hay distintos lugares, actores e incluso distintos perfiles de víctimas, y todos se están investigando”, dijo el ministro de Seguridad de Santa Fe, Pablo Cococcioni, intentando llevar tranquilidad.
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Los ataques no solo impactaron por la rapidez con la que se sucedieron, sino también por el mensaje de intimidación que, según los investigadores, vuelve a estar detrás de este tipo de hechos. En una ciudad donde gran parte de los homicidios está vinculado al crimen organizado, estos episodios suelen responder a disputas territoriales o demostraciones de poder entre bandas.
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Los 4 asesinatos
La nueva escalada de violencia en Rosario se desarrolló en pocas horas y con ataques en distintos puntos de la ciudad. El primer hecho se registró el miércoles 25 por la noche en el barrio Santa Lucía, donde Alexis Barrios, de 36 años, fue asesinado a tiros frente a un kiosco. Dos hombres que se desplazaban en moto frenaron y abrieron fuego contra él. En la escena, los investigadores secuestraron vainas calibre 9 milímetros y también detectaron envoltorios con droga, lo que refuerza la hipótesis de un episodio vinculado al narcomenudeo. Durante el ataque, además, una mujer de 32 años resultó herida.

Horas después, ya cerca de la medianoche, la violencia continuó en el barrio Alberdi. Allí, Oscar Sarria, de 62 años, fue atacado mientras atendía su kiosco. Los agresores, también en moto, dispararon desde el exterior a través de la ventana del local. La víctima fue trasladada al hospital Heca, donde murió durante la madrugada. Sarria tenía antecedentes y había sido condenado en 2024 por abuso de armas y lesiones leves, en una causa en la que incluso se habían secuestrado estupefacientes en su domicilio.
El jueves 26 por la tarde, el tercer crimen tuvo lugar nuevamente en el barrio Santa Lucía. Agustín Torales, de 29 años, fue baleado mientras se encontraba en la puerta de su casa. Su pareja lo encontró tendido en el suelo pocos minutos después del ataque. No era la primera vez que era blanco de una agresión: en 2023 había sobrevivido a un episodio similar, por el que fueron detenidas tres personas.
La seguidilla se completó con un cuarto caso en el barrio Plata, donde un hombre de 75 años, identificado como Ercilio Centurión, fue hallado muerto en su vivienda. La principal hipótesis apunta a un homicidio por asfixia. Testigos señalaron que dos hombres que realizaban tareas en el frente de la casa se retiraron de manera apresurada tras el hecho, un dato que ahora forma parte de la investigación.
Rosario arrastra desde hace años una violencia estructural ligada al narcotráfico, con organizaciones que operan en los barrios y ordenan ataques incluso desde las cárceles. La reiteración de este patrón vuelve a encender las alarmas cada vez que se rompe una relativa calma.
Las declaraciones de Pullaro
Frente a este escenario, el gobernador Maximiliano Pullaro fue contundente, “no vamos a retroceder ni un paso en la lucha contra el narcotráfico”, sostuvo.
En la misma línea, advirtió que el recrudecimiento de la violencia es una respuesta directa de las organizaciones criminales ante el avance del Estado, en un contexto de mayor presión sobre las bandas narco.
Si bien las estadísticas recientes mostraban una baja en los índices de asesinatos, con números históricamente menores en algunos períodos, los últimos episodios reflejan la fragilidad de esa tendencia y la facilidad con la que puede revertirse. En lo que va de marzo, ya son 12 los crímenes registrados. Aunque es una cifra contundente, es considerablemente menor a los 39 que se dieron en el mismo mes de 2025.

Mientras tanto, en los barrios más afectados, el impacto es inmediato. El miedo vuelve a instalarse y la sensación de inestabilidad crece cada vez que la violencia reaparece con esta intensidad.
En este contexto, los cuatro crímenes en un solo día no solo representan un dato policial, sino también un síntoma de una disputa más profunda por el control del territorio, donde el Estado y las organizaciones narco vuelven a enfrentarse de forma directa.
RG










