Blend de crónica, diario y ensayo ligero, Escribir un vino. Relato de la gestación de un vino natural, de Federico Levín (Fiordo), permite sumergirnos en una historia que marida lunas llenas, inmigrantes italianos, viejas parras y secretos compartidos. Lectura liviana, en el mejor sentido de ese adjetivo, el libro se aleja de la pesadez técnica de muchos manuales y de la tilinguería mal disfrazada de los escribas industriales de aquella bebida.
Levín narra, por un lado, su descubrimiento de los vinos “naturales”, sin que pretenda definir exactamente esa categoría, pero que con claridad excluyen a los producidos a gran escala, por más que lleven el nombre de su creador en las etiquetas.
En ese sentido, el libro se compone de dos cepas: una más ensayística, que reflexiona, por caso, sobre la relación del vino con las palabras, incluidas las “acciones de marketing bastante desligadas del vino en sí”, con su acumulación desprolija de palabras pretenciosas. La otra es la historia de la inmersión gradual en el mundo de los vinos artesanales y, en particular, la aventura de un comunicador devenido productor, Andrés Galván, que busca lograr un vino con uvas de Los Cardales.
“Hay poesía en el vino”, señala Levín, y remarca que eso poco tiene que ver con los lugares comunes impresos en etiquetas, en los discursos de muchos sommeliers y enólogos y en las publicidades encubiertas de ciertos sitios periodísticos especializados.
De vinos y libros
El autor, que es novelista y guionista, entre otros roles, subraya las similitudes entre los mundos del vino natural y de los libros: ambos poseen ferias, tienen verdaderos fans y la propia palabra “vinoteca”, más allá de su uso corriente, remite a un vínculo que cruza jugos de uva fermentados, estantes y novelas, cuentos y ensayos.
Otro eslabón que engarza las dos dimensiones es que tanto el autor como Galván, uno de los protagonistas principales del libro, tienen una raíz en la comunicación. Como recuerda Levín, el vino “afecta, transforma, modifica el estado de ánimo, altera la sintaxis, moviliza cosas rígidas, mezcla cosas aparentemente lejanas”. Tal como hace el lenguaje.
Escribir un vino está escrito en primera persona, sin llegar a ser esta farragosa ni abrumadoramente autorreferencial, como tanta “literatura del yo” puesta de moda. La prosa de Levín es tersa y pulida y deja caer impresiones y microrreflexiones sin pedantería. Hay citas a Bertrand Russell y a Italo Calvino, entre otros, sin afectaciones ni efecto de sentido de namedropping para impresionar. Fragmentos del Tao Te King conviven con citas al periodista Walter Álvarez, que reconstruyó la historia del vino de San Nicolás, y el filósofo argentino Martín Fisicaro se codea, en las páginas de este libro, con Lawrence de Arabia.
En la aventura de la creación del nuevo vino made in Los Cardales, realizado por Galván, aparecen Eduardo, un amigo español que comparte la pasión por esta forma de hacer la bebida, vecinos del pueblo como Cacho y Lidia y sanrafaelinos como el productor Santiago Salgado y el ceramista Lucas Méndez, que también se vuelve hacedor de vino artesanal, luego de crear tinajas para esa bebida.
Presiones y reglamentación
El libro contiene tramos donde se analiza a la industria del vino, las presiones de las grandes firmas y su repercusión en las reglamentaciones y la persecución a los productores del popularmente llamado “vino patero”.
Bosqueja, aparte, distintos elementos del circuito de estos vinos alternativos, algunos de los cuales tienen una historia larga, como los de Villa Domínico y Berisso, junto con otros de otro perfil, afincados en ciudades como Médanos o Punta Alta.
Federico Levín es autor de Escribir un vino. Relato de la gestación de un vino natural (Fiordo). Foto: Luciano Thieberger.La obra de Levín es además un esbozo antropológico de una forma de hacer vino que va mucho más allá de lo técnico y que es una suerte de patrimonio cultural de distintos pueblos, cuando elaborar la propia bebida no estaba prohibido ni era prohibitivo por la exigencia de capital y de reglamentaciones.
El vino, alejado de extravagancias impostadas y del dominio industrial, es “una fogata portátil alrededor de la cual liberar los relatos”, dice Levín. Este libro también cumple esa función, con las historias que cruzan agricultura biodinámica, fermentaciones, ánforas de cerámica, molido de uvas a pie, copas compartidas, parrales moribundos que resucitan, diálogos con vecinos, ferias, búsqueda de información en Internet, tradiciones italianas, cepas, esperas y el pensar el nombre ideal. Aparecen familias, hijas, hijos, novias, amigos.
Levín acompaña a Galván en la travesía por crear este nuevo vino, y el final del libro, con alusiones a la noche y a los bosques, quizá le permita deducir al lector –o no– si la iniciativa tuvo éxito. Amantes del vino saturados de la jerga fosilizada de flyers y gacetillas, personas interesadas en las producciones agroecológicas y –especialmente– quienes deseen una lectura fresca como un buen torrontés pueden catar y luego saborear este texto.
Escribir un vino. Relato de la gestación de un vino natural, de Federico Levín (Fiordo).










