Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo: “Estamos muy viejitas, pero los nietos sabrán continuar la búsqueda”

Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo: “Estamos muy viejitas, pero los nietos sabrán continuar la búsqueda”


Estela Barnes de Carlotto (Buenos Aires, 95 años) es uno de los grandes símbolos de resistencia a la dictadura argentina. Trabajaba como directora de una escuela en La Plata, 60 kilómetros al sur de la capital argentina, cuando el 26 de noviembre de 1977 un grupo de tareas de la dictadura secuestró a su hija Laura, embarazada de dos meses y medio. Su vida se quebró. Abandonó la rutina burguesa de una persona “común y corriente”, como le gusta definirse, y se sumó a la lucha colosal de un grupo de mujeres que buscaba a los bebés nacidos en cautiverio y robados por los militares: Abuelas de Plaza de Mayo. De Carlotto preside la organización desde 1989 y la búsqueda continúa, con una tenacidad que ha cruzado las fronteras de Argentina y es conocida en todo el mundo.

A 50 años del golpe de Estado, la titular de Abuelas de Plaza de Mayo cuenta a EL PAÍS que solo siguen vivas dos integrantes de esta organización. Han logrado localizar y restituir su verdadera identidad a 140 nietos. Buscan a unos 300 más.

Al principio, la búsqueda fue muy artesanal, con investigaciones de abuelas que simulaban hacer las compras en los barrios donde podían estar sus nietos o merodeaban jardines de infantes. No era suficiente y pidieron ayuda a la ciencia: necesitaban alguna herramienta que les permitiera identificar de forma fehaciente a sus nietos. La respuesta fue el “índice de abuelidad”, una fórmula que permite probar la filiación por vía genética en ausencia de los padres.

El 5 de agosto de 2014, el ADN le confirmó a De Carlotto que había encontrado a su nieto. La restitución de Guido se festejó en Argentina como una causa nacional. “Luego de 36 años de búsqueda se hizo la luz. Apareció mi nieto Guido”, dijo de Carlotto, emocionada, al abrir la conferencia de prensa. “Cuando lo encontré a él, volvió Laura. Sentí que volvía Laura y es cierto, él lleva la sangre de mi hija en sus venas, y ese dolor, esa ausencia, se hizo menos fuerte”, contó después de estrecharlo por primera vez entre sus brazos. El hallazgo le dio nuevas fuerzas para buscar a los demás. “Jamás pensamos que nuestra búsqueda iba a ser para siempre”, responde por escrito a esta entrevista.

¿Cómo la encuentra este 50 aniversario del golpe? ¿Qué sentimientos le despierta?

En estas más de cuatro décadas hemos ido encontrando lentamente a nuestros nietos y nietas. Sentimos la satisfacción del deber cumplido. No tengo odio ni tampoco rencor. Tengo fuerza, dolor y la responsabilidad asumida de que lo que nos pasó a nosotras no vuelva a ocurrir. Mi vida estuvo partida en dos: por un lado, la felicidad de mi familia, mi esposo e hijos, y por otro, el dolor de la pérdida y la búsqueda. Quedamos dos Abuelas de Plaza de Mayo: la vicepresidenta Buscarita Roa y yo.

¿Qué recuerda del golpe y esos primeros días de dictadura, cuando todavía no era claro lo que vendría?

No estaba muy claro lo que vendría, pero sonaba a algo tremendo. Yo era docente, una mujer común, como el resto de las Abuelas, y fueron nuestras hijas e hijos, todos ellos militantes, quienes nos despertaron a lo que estaba sucediendo. Ellos sí sabían lo que se venía. “Todos tenemos un proyecto de vida, pero sabemos que miles de nosotros vamos a morir y nuestra muerte no va a ser en vano”, me dijo mi hija Laura, poco antes de ser secuestrada.

¿Cuándo se dio cuenta de la magnitud de la tarea que tenían por delante y cómo llevarla a cabo?

Al principio, pensamos que nuestros hijos e hijas iban a ser liberados. Pronto nos dimos cuenta de que no, pero pensamos que nos iban a dar a nuestros nietos. Tampoco fue así. Jamás pensamos que nuestra búsqueda iba a ser para siempre. De a poco nos fuimos juntando, escuchando, conteniendo y dándole forma a esta institución que ya lleva 48 años de lucha.

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Estela tuvo cuatro hijos con su primer y único amor, Guido Carlotto, un pequeño empresario de La Plata: Laura, Guido, Remo y Claudia. Laura estudiaba historia y militaba en el peronismo cuando la secuestraron y la llevaron al centro clandestino La Cacha. Por sobrevivientes se supo que dio a luz en un hospital militar, que tuvo un varón y que lo llamó Guido. Tras el parto, fue devuelta a La Cacha y asesinada dos meses más tarde a la orilla de un camino. En 1985, ya en democracia, los restos de Laura fueron exhumados e identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense, que por los huesos de la pelvis confirmó que Laura había parido a su bebé.

De Carlotto supo en 2014 que su nieto había sido criado por una pareja de peones rurales en el campo, que vivía en la localidad bonaerense de Olavarría y era músico. La relación entre ellos, buena y afectuosa, ha pasado, sin embargo, por momentos de tensión. Él —de carácter “fuerte, decidido y frontal”, como su hija Laura, como la propia Estela— prefirió mantener en el documento de identidad el nombre de pila con el que había sido criado, Ignacio, y continuar su camino profesional sin involucrarse demasiado en los organismos de derechos humanos.

¿Cuáles han sido las mayores satisfacciones en estas décadas de trabajo por los derechos humanos? ¿Algún desencuentro?

En nuestro caso, todas las restituciones que hemos logrado, 140 hasta hoy. Pero, en el camino, nuestra búsqueda ha generado el avance en la ciencia, puntualmente en el campo de la identificación genética; luego conseguimos que se creara un Banco Nacional de Datos Genéticos, público y oficial, donde se almacenan los perfiles de las familias que buscan a sus seres queridos. Hemos construido un derecho, el derecho a la identidad, que no existía prácticamente como tal, y hemos logrado que sea incorporado a la Convención de los Derechos del Niño. Hemos logrado avances en la justicia, en la legislación atinente a adopciones, en la concientización de la población en general respecto al derecho a la identidad. No podría hablar de desencuentros, tal vez sí de momentos de retrocesos, pero hemos asumido como desafío cada obstáculo que se nos fue presentando y, gracias a la ayuda de tantos amigos e instituciones solidarias, hemos salido adelante.

¿Cómo hablar a las nuevas generaciones que ven la dictadura como algo lejano a ellos y que no les interesa?

Desde la recuperación de la democracia, las Abuelas visitábamos escuelas y jardines, porque allí podían estar nuestros nietitos; luego, a medida que fue pasando el tiempo, empezamos a ir a escuelas y universidades, en todos los casos para contar la historia y difundir nuestra búsqueda. Y desde hace varios años ya, hemos vuelto a visitar escuelas y jardines, porque allí pueden estar nuestros bisnietos, es decir, los hijos de nuestros nietos, cuya identidad, hasta tanto sus padres no restituyan la suya, también está vulnerada. No me gusta generalizar respecto a las nuevas generaciones; una buena parte de la juventud sí se interesa en lo que ocurrió, lo vemos cotidianamente, y quienes tenemos que acercarles el tema, en todo caso, somos las generaciones más grandes. Nosotras lo hemos hecho. Ahora les toca a nuestras nietas y nietos; brindar testimonio es fundamental.

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Muy consciente de su responsabilidad, De Carlotto cuestionó el discurso reaccionario de Javier Milei desde el primer día y pidió resistir el embate que se avecinaba. El Gobierno ultraderechista cerró y desfinanció centros vinculados a los derechos humanos, interrumpió las políticas de memoria y, en el caso de Abuelas, recurrió a insultos para deslegitimar la causa. La vicepresidenta, Victoria Villarruel, la definió como “un personaje siniestro que, con ese cariz de abuelita buena, ha justificado al terrorismo”, en referencia a los actos violentos de las organizaciones armadas de los setenta que Villarruel equipara al plan sistemático de secuestros, torturas y desapariciones forzadas del terrorismo de Estado que causó miles de víctimas. “Nos tenemos que defender con la verdad y la lucha permanente. Y las ofensas, que Dios las perdone”, respondió entonces de Carlotto.

¿Cuál le gustaría que fuese el legado de Abuelas y cómo imagina que continuará el trabajo cuando termine el relevo que ya están tomando los nietos?

Hoy los nietos que hemos encontrado y el resto de los familiares son los que llevan adelante la lucha. Ellos ahora son los responsables de buscar a sus hermanos. Hay que seguir porque falta. Sentimos el apoyo de buena parte de la gente que se conmueve con cada nueva restitución, porque saben, como nosotras, que no es un número más, no es un número, es una persona que recupera su libertad y su identidad. Y cuando nosotras ya no estemos, porque estamos muy viejitas, tenemos la tranquilidad de que ellos y ellas sabrán, porque ya lo hacen, continuar la búsqueda.

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