En el boxeo manda la lógica, la suerte o el coraje. Y en la madrugada de Riad, horario elegido para acomodar la cartelera a la noche de Occidente, el poder y la velocidad de Jesse Bam Rodríguez fueron demasiado para el ímpetu y las ganas de Fernando Puma Martínez, quien perdió el invicto y su título de campeón de la categoría supermosca ante un enorme rival, en un combate de unificación que tuvo un solo dueño.
El texano tocó la lona con uno de sus guantes en el primer round: fue el único instante en que reinó la incertidumbre sobre el cuadrilátero. «Olé, olé, olé… Puma, Puma…», se escuchó en la tierra de los jeques, allí donde el boxeo y el deporte encontró su nueva meca. El puñado de voces alentando al hombre de La Boca se fue apagando a medida que Bam justificaba su apodo, porque golpeaba y golpeaba, quebrando la defensa del Puma con precisión y vértigo.
En el segundo round se dio el principio del fin. Rodríguez impactó con un gancho la nariz de Martínez, que nunca más se recuperaría de ese golpe. Se lo notó molesto e incómodo, pero especialmente sentido en su alma a partir de ese tramo de la pelea. Fue allí que el púgil de origen latino que representa a Estados Unidos empezó a moverse como un matador ante el toro, castigando y saliendo, manejando el trámite con un dominio apabullante.
En el meridiano del combate, allí por el sexto round, la transmisión de DAZN (el servicio de streaming que cobraba 35 dólares para ver toda la cartelera), hablaba del «orgullo argentino» para explicar cómo hacía el Pumita para aguantar tantos golpes y no rendirse. Rodríguez, de 25 años de edad, se hacía inalcanzable, y el único camino parecía ser la heroica, alguna mano a lo Roña Castro que nunca llegó. «No te confíes», le decían a Bam desde el rincón, por las dudas.
«¿Cómo estás enano?», le dijeron con tono paternal al Puma tras un round 9 en el que Martínez lucía extenuado y resignado. A los 34 años de edad y en el final de una carrera que renació en los últimos dos años con dos victorias grandes ante una leyenda como el japonés Ioka, estaba recibiendo la paliza de su vida, trabajada y muy dolorosa. «No te rindas», le dijeron antes de que sonara la campana. Y el Pumita no se rindió.
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— Boxing Fanatic (@boxingfanatic00) November 23, 2025
El argentino saltó al décimo round sabiendo que se la tenía que jugar toda. Fueron un puñado de segundos en los que Rodríguez lo invitó a pegarle, provocando que el Puma bajara la guardia, y allí llegó la piña del nocaut. El zurdazo fue un rayo que derrumbó al argentino a la vez que cientos de turbantes blancos se levantaba de su butaca a pura excitación. El árbitro no necesitó contarle, la historia estaba juzgada. «En el primer round me di cuenta de que ganaría, es un rival muy duro, un campeón… pero estaba con confianza», dijo luego Bam, que ahora estiró su récord invicto a 23 peleas y 23 triunfos, 16 de ellos por la vía rápida. Para Martínez sólo palabras de reconocimiento, ahora toca pensar en su futuro. En Arabia Saudita ganó la lógica.










