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El Mundial del 86 se jugó con heridas abiertas para los mexicanos. El brutal terremoto de un año anterior en el centro de México provocó la muerte de miles. El propio Gobierno nunca pudo dar una cifra exacta. Una de esas víctimas fue un primo del exfutbolista Fernando Quirarte (Guadalajara, 69 años). Era un médico del Hospital General y tenía 28 años. A cuatro meses del debut de México en el Mundial, el padre de Quirarte también falleció. El futbolista tuvo que dejar el campamento de la selección en Tlaxcala para viajar al funeral en Jalisco. El fútbol le dio una tregua y le concedió el honor de ser titular en casa y marcar dos goles pese a ser un férreo central.
Pregunta. ¿Aún sueña con los goles que anotó en el Mundial del 86?
Respuesta. Más que sueños, son recuerdos, que la misma gente me hace recordar y más en estos tiempos. Recuerdo la alegría con la cual México acogió este certamen por toda la situación del sismo del 85 y la gente estaba muy dolida, muy castigada. Necesitaba un desahogo. El Mundial para ellos y los resultados que obtuvimos sirvieron para ello.
P. A cuatro meses de aquel Mundial, falleció su padre y antes su primo. ¿Cómo se pueden bloquear esas situaciones a la hora de jugar?
R. Creo que eso lo encaminé y manejé por el lado positivo. Lo agarré como una motivación extra porque mi padre tenía ganas de verme en ese Mundial. Si de por sí ya estaba motivado por jugar un Mundial, eso me fortaleció más para estar al 100% en mis cinco sentidos. Fue un dolor y una pena, lo usé de motivación para trabajar con más deseos.
P. Antes de jugar el primer partido, contra Bélgica, ¿usted tuvo alguna especie de ritual o cábala en honor a su padre?
R. No. Cuando yo jugaba tenía una fotografía de mis padres en mi mochila siempre. Antes de ir a jugar, independientemente del Mundial, iba con ellos y les pedía su bendición. En la Copa del Mundo no estaban, veía un libro con su foto y con eso me bastaba para tener una bendición.
P. Tuvo un momento de catarsis al anotar un gol contra Bélgica. ¿Cómo recuerda ese grito?
R. Hay una fotografía que es icónica, que lo usé para el libro que publiqué [¡Bendito fútbol!], donde salgo corriendo en el gol echando las manos al cielo como agradecimiento a mi padre. Fue un momento muy emotivo con un éxtasis tremendo. Corrí como loco al escuchar el grito de gol. Ya se imaginará la alegría que tuve en ese momento hasta que me detuvieron mis compañeros.
P. Para que no se cansara de más…
R. No, bueno, era un éxtasis, un momento muy bonito
P. ¿Volvió a sentir eso en otro momento de su vida?
R. Quizá sí, ¿eh? Fue obra del Señor de arriba. Después de ese Mundial, me quedé con mi equipo, Chivas. Estuve a punto de salir y, ¡ándale! Que nos toca jugar la final contra el Cruz Azul y logro otro gol al inicio del partido similar, un 99,99% muy similar, al del Mundial. Muy poca gente lo recuerda, pero se los recuerdo cada vez que puedo. Fue una copia al carbón. Ahí volví a recordar a mi padre.
P. ¿A qué suena un gol en el Estadio Azteca durante un Mundial?
R. Es indescriptible. Son emociones muy fuertes, el hecho de escuchar a 120.000 personas gritar gol después de un año de incertidumbre, de si se hacía o no el Mundial, de gente que fue al estadio y había perdido un familiar o perdido sus casas. A esa pregunta respondo, guardando las proporciones, que es cuando tienes a tu primer hijo. Las alegrías son diferentes, pero quienes hayan sido padres lo saben: esa sensación de tener por primera vez a tu hijo entre brazos cuando te lo entrega tu esposa. El sentir a un ser al que tú le diste la vida.
P. ¿Hubo presión para esa generación del 86 de darle una alegría a México? Eran anfitriones por segunda vez.
R. Fue una presión extra, pero lo importante es cómo lo canalizamos. El equipo dirigido por Bora Milutinovic supo manejar esa presión por el lado positivo. Tuvimos el apoyo de la gente, todos tuvieron mucha empatía con esa selección, independientemente de los resultados. Y eso se notó desde el día de la inauguración. En el partido contra Bélgica salimos al campo todos agarrados de la mano. Un momento muy emotivo que recordaré toda mi vida fue cuando entonaron el himno mexicano y a los tres segundos se va el sonido local y la gente empezó a cantarlo. Nosotros lo seguimos cantando. Nomás de recordarlo se me enchina la piel. Un momento espectacular.
P. Después de ganarle a Bulgaria en octavos de final, les tocaba Alemania, ¿el grupo tuvo la corazonada de llegar a semifinales o a la final?
R. Por supuesto y no nada más por el buen momento en el que estábamos, era por el gran apoyo de la afición. No me canso de repetir de que todos somos la selección, el país se debe volcar a apoyar a nuestra selección gane, empate o pierda. El factor de la gente será fundamental para que haga un gran papel, independiente de que la selección haga lo suyo. Sabíamos que nos enfrentábamos a una selección campeona del mundo. Llegamos ilusionados. Pudimos haber ganado, pero nos anularon un gol. Nos hubiera tocado jugar la semifinal en Guadalajara… Iba a ir a mi terruño, a mi estadio. Pero desgraciadamente por la serie de penales que fallamos, no logramos pasar. Es el mejor papel de México en los Mundiales.
P. ¿Cree que si hubieran jugado en el Azteca, en vez de Monterrey, habrían tenido un impulso distinto desde las tribunas?
R. Hablar en pasado es todo fácil, ¿no? Uno nunca sabe. Que te apoyen 50.000 personas, en vez de 120.000, pues claro que hubiera sido muy importante. Sería difícil contestar esa pregunta, aunque hubiera sido un buen handicap a favor.
P. En esa selección, ¿quién era el líder moral?
R. Creo que era una selección con diferentes personalidades. Muchos que en sus equipos eran líderes, como Javier Aguirre en América, Tomás Boy en Tigres, Carlos Hermosillo en Cruz Azul… Creo que había muchas formas de pensar pero Bora logró encauzarnos a un objetivo común. Triunfar como selección, no de forma personal
P. ¿Hubo tensiones con la personalidad de Hugo Sánchez?
R. No. Muchas cosas son leyendas urbanas. Cada quien tenía su personalidad. Lo importante no era que triunfara Hugo, Aguirre o Tomás Boy; era que triunfara la selección mexicana. Hubo diferencias en muchos de nosotros. O la arreglábamos juntándonos entre nosotros o nos juntábamos con el cuerpo técnico. Tan es así que se hizo un gran papel. Si hubiese habido tensiones, el equipo habría estado partido. No perdimos ningún partido, todos fueron victoria o empate. Se perdió en penales contra Alemania. En 120 minutos, no se perdió. Cuando tienes problemas en un equipo es difícil tener estos resultados.
P. ¿Qué pensó cuando falló Hugo Sánchez un penalti contra Paraguay?
R. Como todo profesional: apoyar al compañero. Fue una falla como todo ser humano. Ha fallado Pelé, Zico, Cristiano… ¿por qué no podía fallar Hugo Sánchez?
P. ¿Cómo digirió los errores en su carrera?
R. Son momentos de tristeza. Todo tiene su tiempo de recuperación, lo importante es salir de tus fracasos. Si tú, a tu primer fracaso, no te levantas, no estás hecho para estos actos.
P. ¿Cómo podría describir a Javier Aguirre?
R. Fue en mi época un jugador con mucha personalidad, mucho carácter, con un juego duro y fuerte. Con mucha entrega. No era un jugador bien dotado técnicamente, pero tenía mucha garra. Es una persona que te habla de frente. Como entrenador, tiene una gran capacidad. Ha tenido un buen camino y gran experiencia y eso lo está tratando trasladar a sus jugadores.
P. ¿Cómo ve la selección?
R. La veo bien, ha tenido sus problemas. Veo a jugadores que tienen ganas de triunfar. Javier no ha tenido el tiempo suficiente para tener una mejor preparación porque no tuvo un ciclo como lo tuvieron otros técnicos. Espero que pueda consolidar una buena selección.
P. ¿Le gusta algún jugador?
R. Johan Vásquez, César Montes, el mismo Tala Rangel. Ochoa con su experiencia. Los nuevos valores que están surgiendo como la Hormiga González o Richard Ledezma.
P. ¿Qué le parece que las Chivas sean una base importante de la selección?
R. Me da gusto. En algún punto, fue Pumas o América. Hoy le toca al Guadalajara porque está jugando muy bien. Son jugadores jóvenes que se van a curtir en un Mundial y qué bueno, porque es parte del cambio generacional.
P. Si usted fuera entrenador, ¿llamaría a Guillermo Ochoa para su sexta Copa del Mundo o a un portero joven?
R. Es difícil ponerme en el papel de Javier, por respeto a mi excompañero. Es buena pregunta para él: valorar lo que necesita la selección ahora mismo.










