Ya se puede ver en Prime Video la nueva serie que llega con el sello de Sebastián Ortega. Con el título de Amor animal y el subtítulo Todos estamos un poco rotos son ocho capítulos donde predomina el elenco joven encabezado por Franco Masini y Tatu Glikman, junto a Santiago Achaga, Valentina Zenere, Olivia Nuss, Toto Rovito, Evitta Luna y Juan Cottet, más otras generaciones de intérpretes como Ariel Staltari, Inés Estévez, Antonio Birabent y Juan Sorini. Es una historia de amor donde sus protagonistas pertenecen a mundos opuestos, Nico (Masini) a una clase acomodada y Kaia (Glikman) busca el rap como forma de salir de su mundo marginal.
—¿Por qué es un “amor animal”?
—Creo que es un amor poco racional y mental, puro impulso y desborde. Los personajes no tienen los recursos y las herramientas emocionales como para hacerlo de una manera más coherente, sino que predomina el instinto en todo lo que va pasando. La serie tiene muchos personajes e historias atravesadas y siento por eso que el abanico es muy grande.
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—A tu protagonista lo definen con “trastornos mentales”. ¿Cómo se encara?
—Más que tomarlo de manera literal como trastorno mental intenté buscar cómo él reacciona o asimila situaciones que lo puedan llegar a desbordar, como un trauma o un amor. Es vulnerable y necesita que los otros le digan cómo tiene que hacerlo. Es un personaje al que le pesa vivir. Y eso sutilmente tiene que estar. Debe aparecer abrumado o cansado.
—Tanto en el mundo de Nico como en el de Kaia aparece la droga como elemento en común. ¿Creés que es siempre así?
—Por supuesto, entre los jóvenes hay muchas situaciones límites que pueden ocasionar desbordes, sea el alcohol o la droga. Justamente lo que muestra la serie es la soledad que ellos tienen, los une la amistad, porque las familias casi no aparecen. La droga la buscan cuando algo se les va de las manos, porque no recurren a mamá o a papá.
—¿Hubo diferencias en la dirección, ya que son tres distintos?.
—Arrancamos la serie con la dirección de Paula Hernández, con ella fueron dos capítulos. Después otros tres con Guillermo Rocamora y otros dos con Pablo Fendrik. Cada uno le aportó una impronta muy particular. Por ejemplo a Pablo le tocó la mayor parte de las escenas de acción, Guillermo tuvo más que ver con la actuación y Paula estuvo muy presente en marcar los vínculos. A mí me encantó trabajar con los tres.
—Tuvimos “El marginal”, “En el barro” y ahora “Amor animal”. Hay mucha violencia en las miniserie nacionales. ¿Por qué creés?
—Siento que depende del lugar que quieras mostrar. Esta es una historia donde predomina una mirada sobre los jóvenes y las problemáticas que ellos tienen, independientemente del lugar de donde vengan. Muchas veces sí se pueden desatar situaciones violentas por el propio desborde y porque no saben cuáles son los recursos necesarios para resolverlas, como un animal te muerden. Sebastián (Ortega) es una persona que logra reflejar muy bien estas problemáticas a través de lo que observa. Además lo cuenta desde un lugar muy real y genuino de lo que le pasa a estos a jóvenes, con estos vínculos.
—¿En estos años tuviste mucha continuidad laboral?
—Estoy muy agradecido. Me gusta mucho lo que hago. Siempre intento ser consciente de que no sabés cuándo vas a volver a trabajar. Es una profesión que cambia todo el tiempo, nunca tenés certezas. Siento que es una buena manera de vivir el presente de cada proyecto y no estar pensando en lo que viene, o en lo que va a venir o si no viene. Hay que escribir el futuro con un lápiz. No hay que estar atado porque te lleva a no poder disfrutar.
Teatro, música y siempre la búsqueda
Franco Masini encaró en el teatro personajes fuertes como el protagonista de La naranja mecánica (2019) y ahora este Nico en Amor animal hoy reflexiona: “Son personajes que implican mucho cansancio físico. Me parece que es interesante en la serie (Amor animal) que la relación que tiene es incómoda, porque no sabés qué le pasa y ni cómo ayudarlo porque no se comunica bien. El silencio predomina en todo lo que le pasa. Espero que el espectador pueda sentir empatía por Nico”.
En el 2023 por primera vez encaró un unipersonal y así lo recuerda: “Los últimos años me fueron llevando a un lugar más actoral, que de cantante, pero me sigue gustando cantar. Cuando hice Las cosas maravillosas la directora (Mey Scápola) me propuso que tocara el piano e interpretara tres canciones y así pude sumar al cantante. En Amor animal está presente la música trap que crea ella (Tatu Glikman como Kaia). Es muy talentosa como canta, siento que en los jóvenes hoy predomina ese género y justamente lo agarré a favor de mi personaje, que no lo entiende.”
Cuando se le pregunta por sus maestros, nombra a dos de su primera etapa. “Aprendí mucho y me fueron guiando en el camino cuando recién arranqué. Mi profesor de teatro, Mariano Caligaris, me impulsó en la escuela a interpretar un papel en Ricardo III de Shakespeare que lo hacíamos en inglés. Después llegó Adriana Prevosti, quien me descubrió en la televisión. Siento ahora que pasan los años, que van apareciendo un montón de personas con las cuales aprendo muchísimo, desde actores, directores o productores”.









