Gallardo fue a la Bombonera y recibió un duro golpe que lo hace tocar fondo con jugadores que no ayudaron y un planteo que no funcionó

Gallardo fue a la Bombonera y recibió un duro golpe que lo hace tocar fondo con jugadores que no ayudaron y un planteo que no funcionó

Justo en la cancha de la que tantas veces salió con los brazos en alto y a pura sonrisa, ahora camina hacia la salida caído. Marcelo Gallardo volvió a recibir un duro golpe como le viene pasando en su segundo ciclo, pero esta vez en el lugar en el que menos quería terminar abatido. Y más allá de las polémicas arbitrales, o de la desidia de sus jugadores, el Muñeco es gran responsable de la derrota de River contra Boca en la Bombonera.

Si bien el planteo inicial, un 5-3-2, lo encontró bien parado al equipo y logró adueñarse de la pelota durante gran parte del primer tiempo, aunque sin profundidad y con escasa fluidez de juego, el plan terminó haciendo agua en los puntos en los que se imaginaban que podía fallar al conocerse la formación inicial. Uno de ellos era Paulo Díaz, a quien el técnico sacó del freezer en el partido más caliente. Y el chileno volvió a defraudar. Flojo y a destiempo en la marca, quedó en la foto de los dos goles.

Esa función la podría haber cumplido Juan Portillo, que lo había hecho bien en otros partidos, pero en la Bombonera lo puso de volante central y al misionero le quedó grande la mitad de la cancha. Si Enzo Pérez ya no está para jugar, y no hay otro “5”, ahí la responsabilidad es de Gallardo, claro está. Es que el Muñeco armó, diseñó el plantel a gusto.

Cuando Maxi Meza, que sorpresivamente, fue titular por encima de Giuliano Galoppo, el Muñeco eligió a Matías Galarza por sobre el ex Banfield para entrar. Al ex Talleres, uno de los refuerzos del último mercado de pases, que no había jugado un minuto contra Gimnasia, le volvió a pesar la camiseta.

Sebastián Driussi llegó con lo justo al Superclásico y Gallardo lo mandó igual a la cancha porque ante la ausencia de Facundo Colidio por lesión no tenía demasiadas variantes. Pero el Gordo no estaba en condiciones y quedó expuesto en la cancha, en la que no encontró en ningún momento su lugar.

“Jueguen, jueguen”, pedía Gallardo en el primer tiempo cuando River tenía la pelota. Pero, el equipo no contaba con futbolistas en la cancha para juntar pases. A Juanfer Quintero lo puso al inicio del segundo tiempo. ¿Y Santiago Lencina? Lo dejó afuera del banco de suplentes.

Gallardo llegó a la Bombonera con todo el respaldo dirigencial ya que en la semana, el presidente Stefano Di Carlo anunció junto a él la renovación del contrato, que se vence el 31 de diciembre, por un año más. Sin embargo, se fue de la cancha de Boca envuelto en una nebulosa, después de haber tomado decisiones futbolísticas que parecen difíciles de explicar. Y se retiró sin hablar…

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