Guionistas, los grandes olvidados

Guionistas, los grandes olvidados


¿Por qué en las películas, en las series e incluso a veces hasta en el teatro, se olvida a quién escribió la obra o el guión? Algo muy curioso teniendo en cuenta que, cualquier material audiovisual o teatral necesita, previamente, una historia que es su esqueleto, su punto de partida, su estructura fundamental sin la cual, no existiría tal película ni serie ni obra de teatro.

El actor Luis Brandoni dejó en evidencia esta situación cuando en una entrevista el año pasado, declaró, ante la pregunta de cómo se le había ocurrido la famosa frase «¡Tres empanadas!» en Esperando la carroza que, desde hace décadas forma parte de las frases callejeras, él la pronunció, simplemente «porque así estaba escrita». Y fue como si se tratara de una revelación.

¿Por qué cuesta tanto recordar a quienes tejieron tramas detrás de escena y que son los artífices de frases que muchas veces quedan grabadas a fuego en varias generaciones?

Inolvidables criaturas

En el caso del personaje de Brandoni en la película de Alejandro Doria, de 1985, fue el mismo director quien versionó el guión, junto a Jacobo Langsner, autor de la obra teatral original. Sin la idea primigenia de Langsner, no habría existido esa frase ni tampoco el personaje de Brandoni, ni el de mamá Cora que inmortalizó Antonio Gasalla y tampoco el resto de las inolvidables criaturas que brindó esa historia.

Elvira, el personaje de China Zorrilla, en Esperando la carroza. Foto: archivo Clarín.

El filme se originó en la pieza teatral del mismo nombre, estrenada en Montevideo en 1962, del autor uruguayo especialista en grotesco rioplatense. La explicación tan simple como contundente de Brandoni sobre el hecho de haber dicho lo que estaba escrito en el guión, puso en evidencia el hueco que existe, culturalmente, con respecto a quienes escriben las historias y el olvido histórico por parte de la sociedad.

El actor contó que aquella escena fue concebida de una manera muy distinta a como se la interpretó después y como sigue siendo recordada hoy. «No me imaginé que iba a ser viral. Recuerdo que en la escena a nadie se le ocurrió reírse porque era una situación de un canalla sobrenatural», explicó.

Según dijo, el equipo filmó el momento sin pensar en que, con el paso del tiempo, se iba a transformar en parte de la cultura popular: «Verdaderamente es una escena de cinismo tremenda, pero lo vivimos con alegría».

De la misma película, o sea, del mismo autor, también podríamos recordar la famosa frase en boca de Elvira, el personaje de China Zorrilla cuando, como si fuera un recitado escolar, decía refiriéndose a su vecina: “Yo hago ravioles, ella hace ravioles. Yo hago puchero, ella hace puchero”. Es cierto que esos latiguillos quedan pegados a la memoria colectiva, en gran parte, por el talento de los intérpretes que las pronuncian a través de sus personajes. Pero, nuevamente: alguien lo escribió antes.

Elvira, el personaje de China Zorrilla, en Esperando la carroza. Foto: archivo Clarín.

«Son frases que pintan de cuerpo entero a un personaje», aseguraba Brandoni y, de eso se trata: de delinear una trama y unas criaturas que necesitan del ingenio y el oficio de autores, autoras, dramaturgos y dramaturgas, guionistas y escritores que los diseñen previamente.

Grandes ausentes

Históricamente los y las guionistas son los grandes ausentes para el público masivo, como figuras fantasmales que hacen su trabajo en las sombras, mucho antes de que una película, serie u obra teatral se concrete.

Todo sucede antes, incluso cuando tampoco se sabe quiénes serán los que le pongan el cuerpo a esos personajes que van apareciendo en el proceso creativo. El anonimato es la marca registrada en la enorme mayoría de los autores y autoras, y nunca se los ve en una alfombra roja, por ejemplo, a la par de artistas y directores.

La tarea de un guionista o autor, además, es ardua y suele extenderse en el tiempo, incluso mucho más que lo suele durar un rodaje. Son meses o tal vez años trabajando en una historia, puliendo sus detalles, creando a sus personajes. Sin embargo, ese rol no termina de ser valorado por la propia industria del entretenimiento, en ningún país del mundo. Y los autores empiezan a levantar la voz reivindicando su labor, fundamental a la hora de aportar su parte a un producto que llegará a millones de personas.

Matt Damon. Archivo Clarín.

Ese trabajo en las sombras, suele repercutir en las condiciones laborales de los autores y guionistas que tienen en contra la invisibilización a la hora de reclamar derechos y mejoras para su labor.

Eso se hizo más que evidente, cuando una huelga histórica de guionistas, casi paraliza toda la industria audiovisual de Hollywood, en 2023. Los guionistas se rebelaron ante los estudios y reclamaron por sus salarios, casi últimos en la escala de producciones millonarias de las que todos sacan tajada.

La gran fábrica de ficciones del último siglo, tembló por unos meses cuando los guionistas decidieron hacer un parate para reclamar y exigir que se revisaran los contratos luego de que las plataformas y la llegada de las nuevas tecnologías empezaban a ver con buenos ojos dejar de lado su trabajo. Y ahí se abrió otro debate: ¿es posible que la IA pueda pensar un guión con tanta destreza, sensibilidad y brillantez como el de El padrino, por ejemplo? O, por citar casos más cercanos, los de La historia oficial o Nueve reinas.

Pero ahí no termina la injusticia para autores y autoras. Muchas veces se le pide que una historia en función de otros intereses que poco tienen que ver con mejorar la trama. Recientemente el actor Matt Damon salió en defensa de los guionistas al exponer públicamente el destrato que enfrentan quienes escriben para las plataformas audiovisuales, como en el caso de Netflix.

Según Damon, desde la plataforma se les exige a los guionistas que repitan la historia varias veces en los diálogos de las películas. ¿El motivo? Los espectadores suelen distraerse mientras están viendo un filme, porque miran su teléfono celular.

El actor remarcó que los nuevos criterios de producción obligaron a modificar la escritura de los guiones de series y películas, en desmedro de la trama y, a favor de mantener, como sea, al espectador frente a una pantalla. Muy lejos parecen haber quedado los tiempos en que, el suspenso de una trama iba in crescendo y el público esperaba con avidez, el desenlace. Incluso, en palabras del intérprete de Ocean’s Eleven o Bourne, entre muchas otras, la mayor inversión de presupuesto de las películas de acción estaba destinado a mostrar un final espectacular.

Casablanca. Archivo Clarín.

La atención escurridiza

Pero hoy, nadie tiene tiempo para prestar tanta atención durante dos horas. Y toda una lógica de guiones de grandes películas que se desarrolló durante décadas, se invirtió, priorizando ir detrás de la atención escurridiza del público y en contra de una historia armada con otro criterio.

¿Alguien se imagina a William Shakespeare o a Moliere pensando en modificar sus historias en favor de escenas que mantengan al público en su butaca sin distraerse? La comodidad del espectador con su ansiedad de consumo instantáneo modificó la manera de ver cine y hasta teatro, porque nunca falta a quien le suena el teléfono en plena función, mientras en el escenario transcurre el monólogo de Hamlet.

Sin embargo, los responsables de las plataformas les exigen a los autores que tengan en cuenta las distracciones hogareñas que pueden suceder cuando alguien se pone a ver una serie o película, en el sofá de su casa.

Y no es exageración. Damon detalló que los guionistas tienen la exigencia de incluir una gran escena de acción en los primeros cinco minutos, para captar la atención de los espectadores. Y asegura que piden el impacto inmediato para que la gente se quede mirando. Y hay más: “los ejecutivos suelen pedir que se reitere la trama tres o cuatro veces en los diálogos, porque la gente está atenta a sus teléfonos mientras ve la película”.

Sin dudas, esta nueva forma de creación es un condicionamiento que, lejos de estar a favor de quienes tejen las historias, los cosifican aún más en su tarea creativa. Y salvo excepciones, la mayoría de los proyectos son pensados de este modo intermitente, para atrapar, como se pueda, al espectador medio.

El actor cerró la reflexión con una visión realista: los proyectos que rompen con estas exigencias son escasos, y la tendencia dominante es diseñar contenidos que mantengan al espectador enganchado en todo momento, incluso cuando éste revisa su teléfono.

Fotograma de una de las películas de la saga Harry Potter. Foto: archivo Clarín.

Si uno repasa clásicos como Lo que el viento se llevó, Sunset Boulevard, Casablanca, 2001 Odisea del Espacio, Apocalipsis Now, Taxi Driver, Ladrón de bicicletas, Cinema Paradiso, Los puentes de Madison o Hiroshima, mon amour, seguramente recordará escenas, actores y actrices y, también, directores.

Autores consagrados

Pero casi nadie podría citar a alguno de los guionistas de esas obras de arte. Sí hay una excepción a este olvido histórico que cae sobre autores y guionistas de la industria audiovisual: es la de los autores consagrados. Aquellas historias que llegan de la mano de la literatura, generalmente un escritor famoso, corren otra suerte, como por ejemplo, las sagas de El señor de los anillos (J.R.R Tolkien), o Harry Potter (J.K.Rowling), o bien Desayuno con diamantes (Truman Capote), El respandor (Stephen King) o, la española La colmena (Camilo José Cela). O las más recientes Mujercitas (Louisa May Alcott) o Cumbres borrascosas (Emily Brontë).

Otro tanto ocurre con el teatro: los clásicos o los autores ya famosos son citados a la par de directores y artistas. ¿Quién no asocia instantáneamente el “ser o no ser, ésa es la cuestión”, con su creador, William Shakespeare? Sin embargo, la mayor parte de las obras de la cartelera parecen haberse escrito, al igual que miles de series y películas, como por arte de magia, solas.

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