Es 1910 cuando Jessie MacRae, la hija del diablo, mata a su padre y zarpa en un bote-ataúd desde su isla remota hasta Edimburgo. Entonces comienza su historia, en un edificio primero próspero y luego maldito, que llega, departamento por departamento y un ocupante tras otro, hasta 1999. Luckenbooth, de la autora escocesa Jenni Fagan, es una novela oscura, rockera, embrujada, histórica, gótica y callejera publicada por primera vez en castellano en septiembre de 2025, con traducción de Micaela Ortelli.
“Tiene hijas del diablo, mujeres que se aman, fantasmas, políticos, mineros que le temen al sol y a un William Burroughs enamorado”, escribe en la contratapa Mariana Enriquez en breve resúmen, y agrega, sobre la autora: “Hace magia con su magnífica escritura, su desprejuicio y su inteligencia. Es una bruja, una rockera, una mujer sin miedo”.
Con esta apuesta por lo alto, el periodista cultural Andrés Hax hizo la presentación en sociedad de Queequeg Press, su editorial extraña y fabulosa, que ya tiene un plan novedosamente contra-intuitivo para 2026 y arranca con un segundo libro que va a estar listo en febrero.
Obra híbrida
Se trata de Dandelions, el primer libro de la joven periodista inglesa Thea Lenarduzzi, con el que ganó el Premio de Ensayo Fitzcarraldo Editions 2020 y fue finalista del Ackerley Prize de autobiografía literaria. También está traducida por Ortelli y es, según su editor en la Argentina, “una obra híbrida”. Recorre cuatro generaciones familiares atravesadas por la migración entre Italia e Inglaterra. Es una memoria informada de historia cultural y cuentos de una abuela que a la par reflexiona sobre el lenguaje, el desarraigo y el biculturalismo.
Se podría parecer un poco a la historia del director de Queequeg Press, pero él dice que no es por eso que se interesó por esta novela. Hax nació en Boston, Massachusetts, Estados Unidos, en 1970, y vive en Buenos Aires, Argentina, desde 1996. A veces se le pierden palabras cuando cuenta cosas. Es un Lost in translation que va y viene entre el inglés nativo y el castellano heredado, en el que vive y escribe.
Fue redactor de la revista Ñ y parte de la sección Cultura de Clarín, entre otros medios locales. Antologó y tradujo los Cuentos selectos del irlandés William Trevor (Edhasa, 2020). Es autor de la novela Ol de Pritty Jorses (17 grises, 2019). Saca fotos de lo que observa del mundo, que comparte en su cuenta de Instagram (@andres.hax.pics) y ese mismo ojo extrañado es el que le sirve para hacer también no sólo su mundo literario sino sus entrevistas y, ahora, esta nueva editorial.
La industria del libro está en crisis en la Argentina. Subió el costo de producción y bajaron las ventas. La apertura desregulada de importación profundizó y aceleró una problemática que viene escalando hace años. Hay cada vez menos títulos nuevos y las tiradas promedio se reducen. En ese escenario Hax sale a la cancha con esta propuesta editorial autogestiva. Su catálogo es precioso y preciso en su rareza. Dice, mientras muestra fotos, manuscritos, papeles con planes, maquetas, que estaba agotado de la escritura y que Queequeg Press “apareció”, comenta, casi pregunta. “Fui aceptando el azar”, dice y ahí encuentra certeza.
Hax es lo contrario a un “crypto bro”. No sigue planes ni cancherea lujo. Ahora habla con pasión sobre Change operations, un método de John Cage que se basa en liberarse del control individual y el ego para la creación artística. El compositor estadounidense, pionero de la música aleatoria, es el parámetro de este editor. El primero decía que si algo es aburrido hay que intentarlo durante más tiempo hasta que deje de serlo. El segundo, persigue y va detrás de cada «idea instantánea», sin importar el contexto o lo que se supone que debería hacer.
Un libro a pedido
Su aventura 2026, entonces, sigue con Primero el cuerpo: apuntes de una ensoñación de carnaval, un libro a pedido, del estadounidense de Nueva Orleans Kevin Rabalais. Es una crónica y fotoreportaje en blanco y negro sobre las courirs, unas fiestas que se hacen en algunos pequeños pueblos del norte de Louisiana que tienen raíces medievales y están atravesadas por las culturas creole y cajun. El libro es un vistazo a ese mundo secreto y ritual que podría ser inventado por Flannery O’Connor o parte del universo de True Detective.
Después va a llegar, en traducción local, Nombres para la luz. Una historia familiar, de la autora Thirii Myo Kyaw Myint, que nació en 1989 en Yangon, Myanmar (ex Birmania), y fue criada entre Bangkok, Tailandia, y San José, California. Otra vez, es una memoria híbrida que entrelaza cuatro generaciones de una familia, en este caso marcada por el colonialismo británico, la migración y el racismo cotidiano.
También a pedido, ya está en proceso El diseño interior de las naves espaciales: desde la literatura, el cine y la nueva carrera espacial, del filósofo, periodista y especialista en cultura pop Tomás Balmaceda. En el libro va a mostrar cómo los interiores de naves en cine y televisión son mucho más que escenarios. “Son arquitecturas que anticipan tecnologías y cuentan historias por sí mismas”, cuenta el editor, que también avisa: “El título podría cambiar”.
Todo es según el precepto de Change operations, y así avanza este barco que podría haber sido un bote-ataúd como el de Jessie MacRae, pero viene navegando a velocidad crucero. La editorial toma su nombre de uno de los personajes más inquietantes de Moby Dick, Queequeg, y Hax reflexiona que el proyecto no busca, aunque lo encuentre, lo monstruoso, lo terrorífico o lo extraño, si no, más que nada, lo desconocido. “Quiero entender y aprender este mundo del libro desde este lugar y por eso armé como una nave para embarcar, hacer el viaje, descubrir la cartografía”, dice.
Una editorial
–¿Por qué una editorial, en este contexto?
–¿Por qué no? Mejor y más divertido que hacer una revista cultural, ¿no? Más seriamente hablando, creo que me encontré en un pozo donde se me había terminado la inspiración para lo que siempre hice, que era escribir y leer. De verdad fue una idea instantánea. Apareció y dije: «Bueno, esto lo voy a perseguir». Del mismo modo en que antes podía buscar hacer un libro, leer un poema.
El periodista Andrés Hax hizo la presentación en sociedad de Queequeg Press, su editorial. Foto: gentileza.–¿Cómo llegaste a Luckenbooth? ¿Cuál fue la estrategia al comenzar por ahí?
–No tengo estrategia. Justamente, cuando armé esto, que era una especie de abstracción, apareció esa primera novela en simultáneo con la segunda, Dandelions. Las vi. Fue una imagen, como el inicio de un poema. Y tuve que seguir el impulso. A Jenni Fagan le escribí un DM por Twitter hace unos años, sin conocerla, porque me gustaba lo que hacía. Y ahora le pedí la novela, sin saber bien qué iba a pasar. Mariana Enriquez, que generosamente hizo la contratapa, recomendó a la traductora. Y se armó un poco todo alrededor. No pensaba en salvarme económicamente. Menos en este momento del país. Y del mundo. No hay ninguna apuesta segura. Creo que hacer un plan tan incierto como una editorial, en cualquier coyuntura, es ingenuo. Y sin embargo, tenemos un plan certero de lo que vamos a publicar en 2026.
–¿Cuál fue esa imagen que te hizo perseguir la idea?
–La respuesta más inteligente o más contundente es que a mí siempre me fascinó el mundo del libro. Lo transité y conocí desde la escritura, las librerías y la Biblioteca Nacional. Pero no conocía este otro lado. Quería estar en el ecosistema desde lo editorial. No iba a hacer una maestría o algo así, la verdad. Así que me puse a armar el proyecto. Hubo errores que costaron tiempo y plata, pero los aprendizajes fueron y siguen siendo muchos.
–¿Cómo se sostiene en un mundo regido por el mercado algo tan impulsivo?
–No hubo un plan de negocio desde el inicio, que hubiera sido una forma más coherente de armar una editorial, me imagino. Si hubiera decidido segmentar, por ejemplo, en un género. Pero junto a la idea vino esa energía de Cage. Y fui aceptando el azar.
–Aunque sos bilingüe e hiciste traducciones profesionalmente, no lo hacés en Queequeg…
–No, no, no. Eso sería un gran error. Traducir es un arte, obviamente. Aparte, es arte y otra cosa completamente diferente. Yo edito. Micaela Ortelli tradujo los dos primeros libros, pero vamos a tener otros traductores también. Y la editorial es un equipo. También está Verónica Pages, que es mi esposa, pero más que nada otra mirada editorial en el proyecto. Empezar algo y que se vaya armando una comunidad de trabajo, de público que lee, ya es una ganancia y aprendizaje. Esto hubiera sido imposible si no me rescataban colegas y amigos con una palabra, un contacto, sugerencias. Esto es una expresión de un grupo de gente. No sé si se va a dar que se sostenga y crezca como soñamos, pero es muy lindo ya el hecho de soñarlo.










