Irán anuncia un “entendimiento” con Estados Unidos en las negociaciones para un acuerdo nuclear | Internacional

Irán anuncia un “entendimiento” con Estados Unidos en las negociaciones para un acuerdo nuclear | Internacional


Una vía, aunque estrecha y llena de dificultades, se ha abierto tímidamente este martes para un pacto entre Washington y Teherán que hace poco parecía inimaginable. El ministro iraní de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, ha anunciado, tras tres horas y media de negociaciones en Ginebra para un acuerdo nuclear, que su país y Estados Unidos han alcanzado un “entendimiento sobre los principales principios rectores” de un posible pacto, aunque ha puntualizado que “aún queda trabajo por hacer”. Son las declaraciones más optimistas procedentes de Teherán desde que empezó en enero el nuevo episodio de tensiones entre Estados Unidos y la República Islámica. “El progreso no significa que se alcance un acuerdo pronto, pero el camino ya ha comenzado. Es algo muy positivo”, ha declarado Araghchi a medios iraníes tras la nueva ronda de conversaciones, la segunda.

Esa sensación positiva no equivale a euforia. Aragchi no ha ofrecido detalles sobre el contenido exacto de las conversaciones. También ha subrayado que no hay aún perspectivas de un acuerdo sobre su programa nuclear en un horizonte inmediato, pese a las amenazas de Estados Unidos de un ataque de gran calibre si no se llega a un pacto.

En Washington, un alto cargo ha indicado que Irán afirmó en las conversaciones celebradas en Ginebra que presentará propuestas detalladas a lo largo de las próximas dos semanas para acercar posiciones con Estados Unidos sobre el programa nuclear. “Se han logrado progresos, pero aún quedan muchos detalles por concretar”, ha asegurado el alto cargo a la agencia Reuters.

Por parte estadounidense, las negociaciones estuvieron encabezadas por el dúo de mayor confianza del presidente Donald Trump para cualquier tipo de crisis internacional: su yerno, Jared Kushner, y su enviado personal, el millonario Steve Witkoff. Ambos tenían previsto asistir también en Ginebra este martes a las conversaciones de paz entre Rusia y Ucrania.

En declaraciones a bordo del avión presidencial Air Force One el lunes, cuando regresaba de pasar el fin de semana en Mar-a-Lago, su residencia privada en Florida, Trump ya anticipó que él participaría en la negociación con Irán de manera “indirecta” y que ese diálogo sería “muy importante”. También expresó su convencimiento de que Teherán quiere llegar a algún tipo de acuerdo.

Irán insiste en que las conversaciones están limitadas a su programa nuclear, mientras que Estados Unidos reclama a Teherán que renuncie a su patrocinio de red de milicias aliadas en Oriente Próximo. También que limite el alcance de sus misiles balísticos para que no puedan golpear a Israel, algo a lo que la República Islámica se niega de llano, pues considera que ello la dejaría indefensa frente a su némesis regional.

“Parece que hemos pasado de que Washington y Teherán hablen sobre [posibles] conversaciones a hablar sobre lo que esas conversaciones deberían abordar. Si ese es el caso, constituiría un paso adelante debido a lo divergentes que han sido sus posiciones sobre lo que debería cubrir un acuerdo”, ha resumido en un tuit Ali Vaez, el director del proyecto de Irán del centro de estudios International Crisis Group.

Este experto iraní ha recordado luego que ese progreso no permite echar las campanas al vuelo al señalar que “las cinco rondas de negociaciones antes de la guerra del año pasado deberían servir como una nota de advertencia”, en alusión a los 12 días de ataques israelíes, a los que sumó Washington, contra instalaciones nucleares iraníes de junio, desatados en vísperas de la sexta ronda negociadora. Vaez recuerda que, mientras se abre un difícil camino para cerrar un pacto, “el aumento del ruido de sables por parte de ambos lados deja poco margen para el error”.

Las declaraciones de los líderes de ambos países le dan la razón. Trump afirmó hace días que un “cambio de régimen” podría ser lo mejor que podría suceder en Irán. Este martes, justo antes de que el jefe de la diplomacia iraní alentara la esperanza, el líder supremo de la República Islámica, el ayatolá Ali Jameneí, ha alertado de que cualquier intento de Estados Unidos de derrocar a la República Islámica fracasaría.

Poco antes, había amenazado con hundir uno de los portaaviones con los que Estados Unidos continúa expandiendo su descomunal despliegue militar en Oriente Medio. El portaaviones Abraham Lincoln, con sus destructores de escolta, se encuentra ya en el mar de Arabia, mientras un segundo buque, el mayor del mundo en su tipo, el Gerald Ford, se dirige a la zona.

Además, el gigante norteamericano sigue enviando sistemas de defensa antiaérea y, según la cadena de televisión CNN, docenas de aviones de carga militares han transportado equipos desde Estados Unidos a Jordania, Baréin y Arabia Saudí, tres países donde Washington cuenta con bases militares. Unos 12 aviones de ataque F-15 se han trasladado a la base jordana Muwaffaq Salti.

Trump se reunió la semana pasada en Washington con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que viajó de urgencia para tratar de persuadir al presidente estadounidense de que adoptase una postura mucho más drástica en las negociaciones con Irán. Tras el encuentro, de dos horas y media, el presidente estadounidense dejó claro en un mensaje en su red social que mantenía su apuesta por la vía diplomática para resolver los desacuerdos con Teherán. En caso de no llegar a un acuerdo, apuntó, tendría que ver “cuál es el resultado”.

Maniobras iraníes

Irán trata, a diferente escala, de exhibir también músculo militar. Mientras los negociadores acudían a la residencia de la Embajada de Omán —el país mediador— en Suiza, la agencia semioficial Fars, vinculada a la Guardia Revolucionaria, anunciaba este martes el cierre parcial durante unas horas de zonas no especificadas del estrecho de Ormuz con motivo de unas maniobras de la fuerza naval de ese poderoso ejército paralelo.

Sin embargo, el momento y el contexto elegido para esos ejercicios —que comenzaron el pasado lunes con buques de guerra, helicópteros, drones y misiles— es “significativo”, subrayó el medio regional Amwaj, “ya que se producen en medio de las negociaciones nucleares entre Irán y Estados Unidos para evitar una posible guerra”. Mientras Trump amenaza con atacar Irán si no hay acuerdo, esas maniobras recuerdan también que Teherán ha prometido responder militarmente si esa arremetida tiene finalmente lugar.

Las aguas elegidas para los ejercicios son también relevantes. En numerosas ocasiones, la República Islámica ha amenazado con el cierre de ese estrecho, por el que transita el 20% del petróleo mundial. De prolongarse ese bloqueo, podría alterar los mercados internacionales de crudo e impactar en los precios del combustible. Estos podrían aumentar también en Estados Unidos, cuando el país celebra este año las cruciales elecciones parlamentarias de mitad de mandato, en las que las encuestas no favorecen a los republicanos.

Mientras, el poder judicial iraní, dominado por la facción ultraconservadora del régimen —que se opone a cualquier acuerdo con Washington— ha empezado a procesar a los manifestantes detenidos durante la última oleada de protestas contra el régimen, en la que, según cálculos provisionales de organizaciones de derechos humanos, murieron más de 7.000 iraníes por la represión.

Varios de los manifestantes acusados ​​afrontan posibles penas de muerte. Trump, sin embargo, justificó a mediados de enero el aplazamiento de un ataque que se dio entonces por hecho con el argumento de que Teherán no iba a ejecutar a 800 manifestantes detenidos, e incluso agradeció a las autoridades iraníes por ello.

Los negociadores iraníes afrontan, no solo la amenaza de una posible agresión militar de Washington, sino la oposición de los conservadores de línea dura en Irán. Uno de los medios portavoces de esta tendencia, el diario Kayhan, incluso ha acusado a los moderados, representados por el Gobierno del presidente Masud Pezeshkian y su ministro de Exteriores Araghchí, de “vender ilusiones y retórica vacía” para alcanzar un acuerdo con Estados Unidos, que tildó de “inaceptable” y “contrario a los intereses nacionales”.

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