Israel ha respondido con dureza este jueves al mayor ataque lanzado por Hezbolá desde el pasado 2 de marzo, cuando la milicia se sumó al nuevo conflicto regional. El ejército ha bombardeado dos veces el centro de Beirut y ha amenazado con extender su ocupación terrestre en el sur del país. Después de que las tropas israelíes detectaran la noche del miércoles más de 200 disparos de cohetes y 20 de drones desde Líbano hacia su territorio, el ministro de Defensa, Israel Katz, ha advertido a las autoridades libanesas de que Israel ampliará la ocupación terrestre del sur del país para contener a Hezbolá “por su cuenta”, si Beirut no es capaz de desarmar a la milicia chií. Tras la advertencia, ha llevado a cabo una ofensiva a gran escala contra Líbano, que causó al menos 53 víctimas mortales en distintos puntos, según datos del Ministerio de Salud libanés. Las tropas han ampliado además las órdenes de desalojo forzoso al sur del río Zahrani, hasta a 40 kilómetros de la frontera con Israel.
A última hora de este miércoles, Hezbolá y sus aliados iraníes lanzaron su primera operación conjunta. Israel, que sospechaba en los últimos días de otros ataques coordinados entre la milicia y Teherán, está seguro de que este estaba organizado.
El portavoz internacional del ejército israelí, Nadav Shoshani, ha señalado que la milicia libanesa lanzó su “mayor ráfaga” de proyectiles de la reciente escalada, iniciada hace casi dos semanas, tras la ofensiva de EE UU e Israel sobre Irán. “Solo dos o tres” lograron impactar, ya que la mayoría fueron interceptados por la Cúpula de Hierro, uno de los sistemas defensivos israelíes, pero muestra que Hezbolá sigue siendo “relevante y peligroso”, pese a su desgaste desde octubre de 2023, cuando inició una guerra de baja intensidad que Israel convirtió un año más tarde en enfrentamiento abierto, incluido el asesinato de su máximo líder, Hasan Nasralá.
La respuesta se notó enseguida en los cielos de Beirut. En la madrugada de este jueves, las fuerzas aéreas israelíes rugieron como no lo habían hecho desde aquella guerra, que concluyó con un alto el fuego durante el que Israel siguió bombardeando casi a diario, causando cientos de muertos.
Después de que el portavoz militar en lengua árabe, Avichay Adraee, advirtiera de que el ejército actuaría “con fuerza” sobre instalaciones, intereses y capacidades militares de Hezbolá, Israel reivindicó ataques sobre una decena de objetivos de la organización armada en Dahiye, los suburbios beirutíes donde la milicia ―que también es una organización política y social― tiene presencia.
La ofensiva también ha provocado derramamiento de sangre en la playa beirutí de Ramlet el Baida. Un dron israelí ha atacado el paseo marítimo, abarrotado de familias desplazadas que pasan las noches en vehículos o en tiendas de campaña. Los testigos denuncian que se trató de una trampa por “doble impacto”. Primero, un dron israelí bombardeó un coche que estaba aparcado y, cuando la gente se acercó al vehículo, un segundo proyectil atacó a la multitud.
Los municipios fronterizos libaneses de Jiam y Taybe, donde en días anteriores se han reportado combates directos entre soldados israelíes y combatientes libaneses, también han sido atacados, así como Arkey, más al norte. Los rescatistas han sacado tres cadáveres de entre los escombros de un edificio que acogía a dos familias, y siguen buscando a seis niños.
El último recuento del Ministerio de Sanidad libanés cifra en 53 los muertos y en 188 los heridos en las últimas 24 horas. Unas cifras que elevan el balance humano desde el 2 de marzo a 687 muertos —entre ellos, 91 niños— y 1.774 heridos en Líbano. Por su parte, los ataques con cohetes y misiles de Hezbolá dejaron al menos dos soldados israelíes muertos y varias decenas de heridos, según las Fuerzas de Defensa de Israel.
La escalada también se ha sentido durante la jornada en la divisoria israelí con Líbano, bajo el fuego cruzado y el zumbido de los drones. En Zafit, una granja cooperativa a 650 metros de Líbano que la convierte en la localidad israelí más cercana al país vecino, las sirenas antiaéreas y el estallido por las intercepciones de drones o proyectiles antitanque han sido una constante. Hasta cinco en una hora. Apenas se ven civiles ni vehículos que no pertenezcan a las fuerzas de seguridad, pese a que, y a diferencia de octubre de 2023, la población no ha sido evacuada.
“La guerra no será corta”
El jefe del Estado Mayor de Israel, Eyal Zamir, afirmó que “la guerra contra Hezbolá no será corta”, porque no se disputa en un “lugar secundario”, sino en “otro lugar clave”. Distintas fuentes israelíes han señalado recientemente, bajo condición de anonimato, que el ejército continuará allí la batalla aunque el presidente de EE UU, Donald Trump, declare el fin de los bombardeos sobre Irán conjuntos con Israel.
Las voces que llaman a la contención han quedado soterradas durante las últimas horas bajo la espiral bélica, con Israel y Hezbolá intercambiando golpes. Los cascos azules de la ONU en Líbano se han mostrado este jueves “preocupados por la gran escalada de hostilidades por encima de la Línea Azul”, en referencia a la demarcación provisional que separa ambos países, técnicamente en guerra desde el nacimiento de Israel en 1948 y sin una frontera oficial acordada. En un comunicado, la misión de Unifil asegura que ha detectado “más de 120 proyectiles lanzados desde territorio libanés hacia Israel”, y una respuesta israelí posterior que ha incluido “siete ataques aéreos y 120 incidentes de artillería”.
I am deeply concerned about the significant escalation of hostilities and the risk for further worsening of the situation in Lebanon & in the region.
Only a political solution will bring lasting stability. We urge all parties to recommit to the full implementation of UNSCR 1701 pic.twitter.com/GoojA8hyK8— Jean-Pierre Lacroix (@Lacroix_UN) March 11, 2026
Las fuerzas de la ONU, que en 2027 abandonarán sus posiciones después de que el Consejo de Seguridad no renovara su mandato, en vigor desde 2006 —algo que los habitantes del sur de este pequeño país temen que les deje expuestos—, alertan de que los enfrentamientos cruzados ya tienen un impacto de largo duración, “causando el desplazamiento de centenares de miles de residentes [cerca de 800.000, según el último recuento oficial] y la destrucción masiva de municipios enteros”.
“Líbano está atrapado en una guerra que no ha elegido librar entre Israel y Hezbolá”, denunció el miércoles ante el Consejo de Seguridad el embajador Ahmad Arafa, representante de Líbano ante Naciones Unidas. Según Arafa, miembro de un Gobierno libanés comprometido con el desarme de Hezbolá y predispuesto a negociar directamente con Israel el fin de la guerra, el país atraviesa “un momento extremadamente peligroso”, además de vivir una “verdadera catástrofe humanitaria”.
Israel, sin embargo, exige a Líbano que desarme a la milicia antes de entablar conversaciones, algo peliagudo en medio del conflicto. Mientras, las autoridades israelíes apuestan por lidiar con Hezbolá por la vía militar, en virtud de una doctrina de seguridad —reforzada tras las masacres de Hamás del 7 de octubre de 2023— que sostiene que la defensa de Israel no debe depender de terceros.









