Japón avanza con pies de plomo en la recuperación de la energía nuclear, 15 años después del accidente de Fukushima | Internacional

Japón avanza con pies de plomo en la recuperación de la energía nuclear, 15 años después del accidente de Fukushima | Internacional


La energía nuclear, estigmatizada en Japón tras el accidente sufrido el 11 de marzo de 2011 en la central de Fukushima Daiichi —que obligó a dejar sus hogares a miles de personas y a apagar los 54 reactores que suministraban el 30% de la electricidad del país—, ha vuelto al catálogo energético japonés. Pero lo hace en medio de la desconfianza de la población y el escepticismo de los expertos, 15 años después de que el mundo contuviese el aliento por uno de los peores accidentes nucleares de la historia, solo superado por el de Chernóbil (Ucrania) en 1986.

Tras el apagón nuclear, causado por un brutal terremoto y el posterior tsunami, Japón creó la Autoridad de Regulación Nuclear (NRA, por sus siglas en inglés) y endureció la normativa. Como resultado, 24 de los 54 reactores que funcionaban en todo el país fueron dados de baja y están en proceso de desmantelamiento. De los 30 que quedan, solo se ha autorizado el reinicio de 15, que actualmente suministran casi el 9% de la electricidad del país.

El último reactor reiniciado, el mes pasado en la planta de Kashiwazaki-Kariwa, en la prefectura de Niigata, había recibido la autorización de la NRA en 2022. Ha habido que esperar tres años para conseguir la aceptación de la población local y ponerlo efectivamente en marcha. La compañía que gestiona la planta es Tepco (Tokyo Electric Power Company), la propietaria de la accidentada Fukushima Daiichi, y las encuestas de los medios y del Gobierno local revelaban que muchos habitantes de la zona se oponían al reinicio de Kashiwazaki-Kariwa por la mala reputación de Tepco y su historial de irregularidades en la gestión de Fukushima Daiichi.

“Se cuestionaba si Tepco era realmente de fiar”, explica a este diario Satoru Yasuraoka, director de Asuntos Internacionales en la División de Política de Energía Nuclear del Ministerio de Economía, Comercio e Industria (METI, por sus siglas en inglés). Finalmente, en diciembre de 2025 la asamblea de la prefectura de Niigata votó a favor de la planta, que tiene otros seis reactores apagados y está considerada como una de las más grandes del mundo.

Para Yasuraoka, los tres años de retraso confirman que “Japón es extremadamente riguroso en lo referente a la aceptación de los ciudadanos y la seguridad nuclear”. El país es, además, el único que ha sufrido un ataque con bombas atómicas, lanzadas por EE UU contra las localidades de Hiroshima y Nagasaki en 1945, que causaron decenas de miles de muertos, y ese trauma está también muy presente.

El funcionario del METI recuerda que hablar de construir nuevas centrales en Japón fue un “tabú” hasta 2023. En ese año, el Gobierno se comprometió a alcanzar la neutralidad de carbono en 2050 (el objetivo de reducción de gases de efecto invernadero recogido en los acuerdos internacionales contra el calentamiento climático) e incluyó la energía nuclear entre los sectores clave para poder cumplir ese objetivo.

Entre las razones para retomar la energía nuclear el Gobierno japonés cita también la proliferación de la inteligencia artificial (IA) y el crecimiento de los centros de datos y las fábricas de semiconductores, todos ellos grandes consumidores de electricidad. En ese contexto, Japón se ha fijado como meta conseguir que toda su energía provenga de fuentes renovables (40%–50%), plantas nucleares (20%) y plantas termales (30%–40%) para 2040.

En su primer discurso después de ser reelegida en febrero pasado, la primera ministra, Sanae Takaichi, subrayó la importancia de la autonomía energética y habló de apoyar la modernización del sector nuclear con reactores de nueva generación.

Como parte de ese retorno de la energía nuclear, el Gobierno y Tepco —que fue nacionalizada tras el accidente y es la primera empresa energética de Japón— procuran convertir la tragedia de 2011 en un relato de experiencia acumulada y progresos en la seguridad nuclear.

El responsable del desmantelamiento de la central de Fukushima dentro del METI, Yoshihiro Khaga, asegura que las investigaciones para la clausura de los reactores accidentados han dado lugar a hallazgos tecnológicos como unos drones en miniatura que exploran el recinto, aún inaccesible por su radiactividad extrema. Agrega que en la localidad de Namie, a 20 kilómetros al noroeste de Fukushima Daiichi, se ha construido una gran instalación denominada Campo de Pruebas de Robots para experimentar con nuevas tecnologías.

La agenda para la clausura definitiva de Fukushima Daiichi tiene dos fases previstas, en 2041 y 2051, continúa el funcionario, que aclara que el destino del terreno dependerá de una consulta entre la población local.

El miedo al estigma

La fusión de combustible atómico en la central de Fukushima Daiichi el 11 de marzo de 2011 fue causada por un terremoto de magnitud 9 en la escala Ritcher y el consiguiente tsunami. Las olas cortaron la electricidad de la planta, situada a unos 220 kilómetros al noroeste de Tokio, desactivaron los generadores de reserva y dieron lugar a una acumulación de hidrógeno que produjo tres explosiones, generando nubes radiactivas de alta concentración.

No hubo víctimas mortales directas, pero la respuesta errática del Gobierno de entonces contribuyó a disparar el pánico entre la población. El miedo al estigma de la radiación y el trauma de la evacuación produjeron casos de estrés postraumático mucho más agudos que en las regiones vecinas que también sufrieron el que se llamó el Gran Terremoto del Este de Japón.

En la prefectura de Fukushima la radiactividad obligó a evacuar poblaciones enteras y a acordonar un área de unos 1.150 kilómetros cuadrados (casi el doble de la ciudad de Madrid) alrededor de la central. Mientras que el total de muertes por el terremoto y el tsunami se calcula en casi 20.000 personas, el diario local Fukushima Minpo tiene una base de datos en la que hay registradas, hasta el año 2023, un total de 2.339 supuestamente muertes relacionadas de alguna forma con el desastre nuclear, incluidos 119 suicidios y diversos casos vinculados a la interrupción de tratamientos médicos durante las evacuaciones, hipotermia o estrés entre ancianos.

Las compensaciones a los desplazados y el coste de descontaminar el suelo de pueblos y campos que acumularon radiactividad alcanzaron cifras imposibles de cubrir para una empresa privada. En 2012 el gobierno inyectó a Tepco un billón de yenes (unos 10.300 millones de euros, al cambio de entonces) y se hizo socio mayoritario de la empresa, lo que supuso de facto su nacionalización.

Según las cifras suministradas por Tepco para este reportaje, el coste total del accidente ascendió a unos 103.000 millones de euros, en los que se incluye el desmantelamiento de la planta y las compensaciones que se han pagado y que quedan por pagar a los damnificados. “La razón misma de la existencia de Tepco es cumplir con [las obligaciones de reparación de] Fukushima. Se nos permite seguir operando a causa de esa responsabilidad”, declara Masakatsu Takata, portavoz de la compañía cuya tarjeta de visita reza “comunicador de riesgo”.

Voces críticas

Los expertos críticos con la política de desarrollo de la energía nuclear suelen coincidir en dos cuestiones: la preocupación por la ausencia de una normativa para almacenar los residuos atómicos y las dudas sobre la necesidad real de potenciar esa fuente de energía.

Tatsujiro Suzuki, profesor de Ingeniería Nuclear en la Universidad de Nagasaki y vicepresidente de la Comisión de Energía Atómica de Japón entre 2010 y 2014, considera que los reactores existentes desperdician la mayor parte de la electricidad que generan. “Japón debe aprender las lecciones de Fukushima y reducir gradualmente su dependencia de esa energía”, afirma en una entrevista telefónica.

Este analista pone en duda que el avance de la informática vaya a suponer una mayor necesidad de energía nuclear. “Incluso si las proyecciones de demanda son correctas, el aumento es de apenas un 10%–15%, lo que nos llevaría de vuelta a los niveles de consumo de 2016”, calcula.

Desde Minamisoma, una localidad situada en la frontera de la zona de exclusión, a 25 kilómetros de la central de Fukushima, Yuri Ide, de 62 años, explica por teléfono que, pese a las alertas para evacuar, nunca pensó en abandonar su bar, situado en el centro de la ciudad. Muchos de sus clientes se fueron del pueblo tras el accidente o ya han fallecido. Cuando a su bar viene algún empleado de Tepco que trabaja en la zona, “nadie lo molesta y a nadie se le ocurre hablar del desastre”.

Lo que pasó, pasó. Y los habitantes de Fukushima hemos demostrado que podemos reconstruir nuestras vidas y seguir adelante después de algo tan tremendo”, afirma Yuri. El bar se sigue llamando con el nombre de su anime favorito: Candy, Candy.

star111 login

betturkey giris

https://vsetut.uz

lottostar

https://slotcoinvolcano.com

lottostar

super hot slot

hollywoodbets mobile

pusulabet giris

yesplay bet login

limitless casino

betturkey guncel giris

playcity app

sun of egypt 4

moonwin

aviamasters

jeetwin

winnerz

lukki

croco casino

playuzu casino

spinrise

discord boost shop

fairplay

betsson

boocasino

strendus casino

sun of egypt 2 casino

gbets login

playwise365

amon casino

betmaster mx

verde casino

winexch

prizmabet

solar queen

quatro casino login

springbok