Jorge Piñon (Cárdenas, Cuba, 79 años) ha seguido el rastro de los últimos buques con hidrocarburos que llegaron a Cuba. Este investigador del Instituto de Energía de la Universidad de Texas en Austin trabajó durante 30 años en las grandes petroleras —Shell, Amoco Oil, BP— y está todos los días atento al sector energético de la isla. Piñón recuerda que el último barco que llevó crudo a La Habana fue el Ocean Mariner que cargó 85.000 barriles desde México y atracó el 9 de enero. La amenaza de Trump para evitar que otros países suministren petróleo a Cuba ha surtido efecto y la crisis en la isla se profundiza a cada minuto sin el abasto de hidrocarburos. “La situación en Cuba es extremadamente crítica”, dice sin dudar el experto en una entrevista telefónica con EL PAÍS.
Cuba necesita 100.000 barriles diarios de petróleo al día para echar a andar sus servicios básicos de electricidad y de abasto de combustibles. La industria nacional apenas consigue cubrir 40.000 barriles de esa demanda. El resto había sido enviado en los últimos años por Venezuela, México y Rusia, en ese orden. La intervención de Estados Unidos en Caracas, del 3 de enero, aceleró el cierre de todas la vías de la isla para subsistir. “Si para mediados de marzo no vemos a un tanquero en el horizonte, Cuba habrá llegado a la hora cero. Porque Cuba no tiene reservas estratégicas y nunca ha podido tener. Siempre ha vivido al día en lo que es el petróleo, además no tiene la capacidad de almacenamiento para establecer estas reservas estratégicas”, estima Piñón con datos sobre la demanda histórica y la recepción de los últimos cargamentos.
Ha pasado más de un mes desde que México dejó de enviar petróleo a Cuba y esta semana el país latinoamericano ha enviado varias toneladas de víveres como ayuda humanitaria a los 9,5 millones de habitantes de la isla. El investigador de la Universidad de Texas apunta que el papel de México como proveedor de hidrocarburos destacó por sus cargamentos de diésel y de crudos ligeros que facilitaban su refinación para diversos usos. “México le estaba enviando a Cuba su mejor petróleo crudo, que es el Olmeca y el Istmo. Eso nos sorprendió porque esos dos crudos, medianos y ligeros, que tiene Pemex son muy importantes. México no estaba exportando crudo Maya porque las refinerías de Cuba son antiguas y no tienen capacidad de conversión o procesamiento para el Maya, el más pesado”, explica. Pemex había reconocido ante la Comisión de Valores de Estados Unidos (SEC, por sus siglas en inglés) que enviaba unos 17.200 barriles de crudo al día.
Piñón apunta que el 60% de las termoeléctricas del país no están funcionando, principalmente por la falta de mantenimiento. Añade que la falta de acceso a combustibles líquidos impide, además de la movilidad y la generación de energía eléctrica para su uso general, la posibilidad de distribuir agua. Un problema que podría exacerbar en los días por venir. Por otro lado, cuenta, está el sistema eléctrico, dañado y envejecido, pero que ha sostenido en los últimos tres años un suministro intermitente de energía. “El sistema eléctrico cubano desafortunadamente no se puede resolver a corto plazo. Es una solución que va a tomar años. Ellos están tratando, por cierto, de incrementar las energías renovables, particularmente la energía solar, pero son pequeños parques solares que operan solo cuando el sol brilla”, explica. Los esfuerzos por obtener energías alternativas, sin embargo, todavía son muy incipientes y carecen del capital necesario para seguir adelante.
La historia energética de Cuba, señala el experto, se ha caracterizado por mantener una dependencia de potencias petroleras alineadas ideológicamente con el régimen: primero la Unión Soviética y más tarde, Venezuela. “Con Chávez, del 2007 al 2015, Cuba estaba recibiendo casi 100.000 barriles diarios”, calcula Piñón. El experto estima que el régimen cubano contó con diversas oportunidades para replantear su estrategia para evitar la crisis energética a la que se enfrenta ahora. “Cuba no ha querido soltar su modelo económico centralizado y es el único país todavía que funciona bajo un modelo de los días de Stalin. Con la excepción de Corea del Norte, no sé de otro país que tenga un sistema económico tan cerrado y con una mala gestión”, apunta.
Piñón salió de Cuba en 1960, a los 14 años, hacia Estados Unidos en lo que se conoció como la Operación Peter Pan tras el triunfo de los revolucionarios en 1959. En Estados Unidos labró una carrera en la industria energética que ha recalado en la investigación académica. Ha vuelto a la isla como visitante en varias ocasiones, sin embargo, percibe que la situación ante la carencia de energía es “penosa” y que será cada vez más complicada para los cubanos en la isla mientras los días sigan avanzando. “Algún lado tiene que ceder”, insiste sobre el diálogo político que puede existir entre La Habana y Washington. “Lo que está pasando es duro para todos, ya sea cubanos de aquí o cubanos de allá”.










