Un campeón no lo es sólo por levantar una copa o una corona. También se demuestra grandeza cuando uno se repone de adversidades. El Dakar está colmado de estos ejemplos de resiliencia. Y, más allá de aquellos que figuran en las exclusivas listas de ganadores, están los que buscan permanentemente los desafíos que los mantengan en la lucha incesante por superarse.
Kevin Benavides es un gran campeón. Por sus títulos, primer ganador americano en la categoría reina de la gran aventura, en motos, al imponerse en dos oportunidades, en 2021 y en 2023, aquí en Arabia Saudita.
Más allá de sus notables condiciones para ganar la carrera más extrema del planeta, también ha demostrado, en innumerable cantidad de situaciones, que supo sobreponerse a tremendos momentos que lo afectaron. Lesiones complejas, sumamente traumáticas, que no fueron escollo para continuar con sus objetivos.
Se caía y se levantaba. Celebraba victorias e inmediatamente llegaba una mala. Hace un año Benavides llegó a Arabia Saudita con el objetivo de largar su último Dakar en motos. Un tremendo accidente sufrido en su Salta natal, en la preparación para la gran carrera, lo dejó maltrecho, con lesiones en el brazo izquierdo que afectaron tendones y nervios.
El golpe fue a mediados de 2024, cuando sufrió un severo traumatismo en la cabeza, la fractura de húmero, la rotura del nervio radial y daños en las cervicales. Allí supo que ya no estaría donde supo estar, en la cúspide de las motos.
De todas maneras, se presentó y largó. Al promediar el Dakar, Kevin dijo basta. Anunció su retiro en la jornada de descanso, obligado por la ventaja que ofrecía su disminución física. “Vine a demostrar y demostrarme que podía largar y participar del Dakar, pese a mis limitaciones. Pero lo más inteligente es decir basta”, confesó entonces.
Para esos tiempos ya había empezado a probar vehículos livianos. El paso a los autos era inminente. El espíritu deportivo se mantenía inalterable pese a las contrariedades. Finalmente llegó el anuncio y Benavides debutó en la categoría Challenger, la que domina el matrimonio cordobés Nicolás Cavigliasso y Valentina Pertegarini, vencedores en dos oportunidades del Dakar y actuales campeones mundiales de la especialidad.
Al lado de su vehículo, no bien se bajó tras la etapa, siempre perfumado y acomodándose la gorra, tomó el soplete de aire comprimido y se limpió el buzo antiflama y las botitas de competición. “Es impresionante la tierra que se come acá con los autos”, comentaba mientras se aprestaba a dialogar con Clarín.
-Estás en la elite de la historia del Dakar por ser el primer piloto americano en ganar en motos. ¿Cómo se maneja la cabeza, en cierto punto el ego, para pasar de la disciplina donde dominaste a ser uno más en autos?
-Es verdad. Obviamente no es sólo un cambio de categoría y de máquinas. Hay que adaptar la cabeza. Yo estaba solo con la moto, ahora somos dos. Hay que trabajar el ego, ser trabajador y consistente, con humildad. Soy consciente de que soy nuevo en esta disciplina. Hay otros ritmos que con la moto. Hoy vi un montón de autos quedados, con problemas, Se ven otras cosas.
-¿Cómo se maneja el carácter siendo el Dakar una carrera de errores? Acá errores y aciertos ahora son compartidos en autos…
-Sí, es un buen punto ese. Con Lichi (Lisandro Sisterna, su navegante) tenemos pasión y trabajamos como si fuésemos uno solo. En el auto trabajamos juntos. Y sabemos que todo es de a dos. En la moto se podía recuperar tiempo por los errores, en los autos no tenés esa posibilidad porque es más fácil romperlo.
-Debido a tus lesiones, tu paso de categoría fue casi obligado. ¿Cuánto tiempo te llevó tomar la decisión de pasar de las motos a los autos y exponer tu nombre?
-Si no estuviera arriesgando no sería yo. Tranquilamente podría haberme quedado en mi casa mirando la televisión, pero no soy así. Me gustan los desafíos nuevos. El otro día encontré una nota que me hicieron en 2018 que decía que me gustaría correr en autos. La lesión me obligó a adelantar la decisión un año. Y ya estar corriendo ahora es un paso muy grande para mí.
-¿Quién es tu ídolo en autos?
-Stephane Peterhansel. Corría en motos, se pasó a los autos. Es Monsieur Dakar, ha ganado en 14 oportunidades. Sabe gestionar muy bien las carreras. Es muy constante y además inteligente.
-Hablaste en varias oportunidades con Peterhansel. ¿Qué conceptos pudiste aprender de él?
-Él me dijo algo muy importante, que en esta carrera hay que cuidar. Hay que ir tranquilo y cuidar. Me quedé con sus consejos. Por ejemplo en estas etapas cumplí con esa premisa, en algunos sectores privilegié el cuidado por sobre la velocidad.
Tras el diálogo con Clarín, Kevin comió una banana, bebió agua mineral y se fue a su ex equipo KTM, donde su hermano Luciano corre en motos. Allí se metió en el motorhome que el menor de los Benavídes comparte con la joven estrella Edgar Canet. Casi de manera paternal, los bromeó por el desorden, lo subió a las redes sociales, y volvió para hablar con su navegante Sisterna para delinear la etapa del día siguiente.
Una jornada difícil que padecieron los argentinos
No fue la jornada más feliz para los argentinos. De hecho, ninguna categoría registró victorias de representantes nacionales. Pese a ello, David Zille, que el domingo había ganado la primera etapa en la disciplina Challenger, se mantiene al frente de la clasificación general, tras ubicarse en el cuarto lugar en la segunda etapa, que unió los campamentos de Yanbú con AlUla, sobre un recorrido total de 504 kilómetros.
Zille sufrió lo que la mayoría de los participantes: pinchadura de neumáticos. Pese a ello, se mantuvo con buen ritmo para defender su lugar de vanguardia en la general.
En esa misma categoría, el matrimonio Cavigliaso, con Nicolás y Valentina, se ubicó en el 9° lugar, con dos pinchaduras y un problema mecánico, lo que lo coloca en el sexto puesto en la tabla, a 11 minutos de Zille. En tanto, Kevin Benavides también sufrió inconvenientes y arribó a 1h19 del ganador de la etapa, el chileno Lucas del Río.
En motos, Luciano Benavides llegó con el neumático trasero roto. “Estoy acá de casualidad”, comentó el salteño a Clarín al arribar al campamento de Al Ula. “Había muchas piedras, muy cortantes, que te desgastaban la cubierta. Tuvimos sectores muy largos de río seco y piedras”, destacó el argentino, que fue 9° en la etapa y está 6° en la general, a 10m4 del líder.
Lo mismo indicó el neuquino Santiago Rostan: “En un momento los neumáticos estaban tan gastados que no se podía frenar, y al acelerar te quedabas patinando. Muy feo”.
En motos, Daniel Sanders capturó la vanguardia de la general, al aprovechar dos caídas del joven Edgard Canet. “En un río seco encontré un camello, y al querer pasarlo, me caí. Luego me distraje con la bomba de combustible, y también me caí. Por suerte no fueron a altas velocidades y sigo delante”, comentó el chico de 20 años, que está segundo en la general.
En autos, Seth Quintero comandó la avanzada de Toyota, que puso a cinco pilotos adelante en la etapa. Sin embargo, el líder de la general es el viejo conocido qatarí Nasser Al Attiyah, con un Dacia.
Malas noticias en Side by Side, la categoría de autos más livianos. El cordobés Jeremías González Ferioli, candidato al triunfo, sufrió la pinchadura de tres neumáticos y quedó tirado en el medio de la especial. Si bien se engancharán, ya quedó sin chances de pelear por la anhelada victoria.
En tanto otro ex ganador en cuatriciclos y ahora en autos, el lobense Manu Andújar, también lidió con los inconvenientes generales de la etapa: llegó 14° en la etapa y ocupa el 10° lugar en la general, a 34m37s del líder, el francés Xavier De Soultrait.
La actividad continuará el martes con la tercera etapa, que será un “rulo” con largada y llegada en el campamento de Al Ula, sobre un recorrido total de 666 kilómetros, de los cuales 422 serán de prueba especial.










