La caza de brujas de Trump que influirá en las elecciones

La caza de brujas de Trump que influirá en las elecciones

Desde que Trump regresó a la Casa Blanca en enero de 2025, las operaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) se intensificaron notablemente. De acuerdo con informes periodísticos y relevamientos de organizaciones civiles citados por PBS NewsHour, se registraron múltiples muertes durante operativos de detención migratoria; un número significativamente superior al de las administraciones anteriores.

La escalada provocó protestas en distintas ciudades del país y la creación de redes comunitarias de alerta temprana ante la presencia de agentes federales. En varios barrios, especialmente en grandes centros urbanos, los residentes implementaron sistemas informales de aviso: silbatos, mensajes en grupos vecinales y patrullajes comunitarios. Un silbato largo alerta sobre la posible presencia de ICE; tres silbidos consecutivos indican que se está produciendo una detención. Para muchos, se trata de una respuesta directa a lo que perciben como una política de “caza indiscriminada”.

“La aplicación de la ley de inmigración no es nueva. Lo que sí es nuevo, en esta situación y con esta administración, es el nivel de violencia y terror que se infinge en la comunidad”, explica Nubia Willman, abogada inmigratoria y directora de programas de Latinos Progresando, una organización sin fines de lucro que brinda servicios legales y apoyo a comunidades inmigrantes en Chicago. Willman sostiene que el cambio más marcado es el abandono de los operativos focalizados. “Previamente, las administraciones usaban tácticas dirigidas a individuos específicos que se buscaban, como una orden de arresto. En contraposición, ahora es un tipo de ‘atrapa a todos’, donde se asume que cualquier persona morena que no encaje con el estereotipo del estadounidense típico seguramente es indocumentada”, afirma.

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Para el politólogo Jaime Domínguez, profesor de la Universidad Northwestern y especialista en política latina en Chicago, la visibilidad de estas prácticas está generando un punto de inflexión. “El hecho de que esto les esté pasando no solo a latinos, aunque sea en menor grado, sino incluso ver la imagen de estadounidenses no morenos y no negros siendo arrastrados por esto, es crítico. Es un enorme punto de quiebre”, señala. Domínguez remarca que la inmigración dejó de percibirse como un tema sectorial. “Ya no es una cuestión latina; es una cuestión estadounidense”, resume y anticipa que el impacto electoral será más visible en los estados disputados, los llamados swing states, que en los bastiones históricamente demócratas como California o Illinois.

Los datos de opinión pública refuerzan ese diagnóstico. Según una encuesta nacional de Reuters/Ipsos, el 58% de los estadounidenses considera que ICE “se ha excedido” en la forma en que realiza las detenciones. Y sondeos de AP-NORC, Gallup, Quinnipiac y Marquette Law School coinciden en que la inmigración escaló entre las principales prioridades del electorado de cara a 2026, ubicándose apenas por debajo de la preocupación por el costo de vida.

Y esta escalada ya empezó a reflejarse en los resultados locales. En Miami, una ciudad históricamente reacia a los candidatos demócratas, Eileen Higgins se convirtió en la primera alcaldesa demócrata en tres décadas, tras una campaña en la que la crítica a las políticas migratorias federales ocupó un lugar central. Y en Texas, el demócrata Taylor Rehmet logró un escaño en un distrito considerado un bastión republicano. Ambos resultados fueron interpretados por analistas como una señal del creciente peso político del tema migratorio.

Sin embargo, en el Partido Demócrata no existe una estrategia unificada para aprovechar ese descontento. “Ha habido mucha lucha visible por parte del partido de la oposición sobre cómo participar en este momento”, explica Tabitha Bonilla, profesora de ciencia política en la Universidad de Northwestern en Chicago. “A algunos líderes les preocupa parecer demasiado progresistas o demasiado reactivos, especialmente en temas raciales, y por eso no estamos viendo tanta protesta como quizá hubiéramos visto hace un par de años”, sostiene.

Aun así, tanto Bonilla como Domínguez coinciden en que la atención sostenida a la inmigración tendrá consecuencias electorales inevitables. Willman, por su parte, es optimista respecto del involucramiento político. “Ahora más personas están prestando atención a lo que está pasando en el país”, dice, y subraya que en ciudades como Chicago, con una amplia población latina –mayoritariamente mexicana–, ese despertar cívico podría ser determinante.

“La historia de desconfianza hacia las instituciones sigue ahí, especialmente entre latinos y otras minorías”, señala Domínguez. “Pero cuando estas políticas empiezan a afectar a otros grupos, el mensaje cambia. La inmigración, como la salud o la educación, deja de verse como un reclamo de una comunidad y pasa a ser un problema nacional”.

De cara a noviembre, ese cambio de percepción podría alterar alianzas, movilizar a votantes tradicionalmente apáticos y redefinir el mapa político en un país cada vez más polarizado por la política migratoria.

*Desde Chicago.

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