«La Desgracia de Gijón», un cambio reglamentario y la chance de sanar una herida abierta desde casi medio siglo

«La Desgracia de Gijón», un cambio reglamentario y la chance de sanar una herida abierta desde casi medio siglo

El sorteo del Mundial 2026 dejó a la Selección Argentina en un grupo accesible, pero también con dos viejos conocidos: Argelia y Austria. Más que un simple cruce deportivo, el duelo entre africanos y centroeuropeos reaviva una historia que marcó a fuego la memoria del fútbol mundial. Será la primera vez que ambas selecciones coincidan en una fase de grupos desde España 1982, escenario de uno de los episodios más controvertidos en la historia de las Copas del Mundo recordado como «El Pacto de El Molinón» y, con más crudeza, como «La Desgracia de Gijón”.

Aquel 25 de junio de 1982, en el estadio El Molinón, Alemania Federal y Austria disputaron un partido que quedó grabado a fuego por los peores motivos. Con Argelia a la expectativa de lograr el pase a la segunda fase tras haber derrotado a Chile por 3-2, el choque entre germanos y austriacos derivó en un pacto silencioso. Y también vergonzoso.

Un gol de Horst Hrubescha los 10 minutos del primer tiempo selló el 1-0 que clasificaba a ambos y dejaba afuera a los argelinos. Desde aquella incidencia, el fútbol desapareció: no hubo ataques, no hubo intensidad, solo pases inofensivos.

El público español estalló en bronca, entre silbidos y cantos de “¡Fuera, fuera!” y “¡Que se besen!”. Algunos argelinos que presenciaban el encuentro en el estadio estallaron en gritos de furia y silbaban al tiempo que arrojaban pesetas al campo de juego en señal de desprecio.

Incluso los propios comentaristas renunciaron en vivo a seguir el bochorno. “Esto es una vergüenza. No pienso seguir comentando este espectáculo”, sentenció el alemán Eberhard Stanjek. Su par austríaco, Robert Seeger, fue aún más contundente: “Queridos televidentes, apaguen sus televisores. Esto no es fútbol”. El diario asturiano El Comercio fue lapidario: “Timo a 40.000 espectadores”.

Al minuto 90, sin tiempo de descuento, el árbitro escocés Bob Valentine pegó el pitazo final y ambas selecciones, tras el paso por el vestuari, debieron salir del estadio bajo la protección de la policía española. Los tres equipos quedaron con cuatro puntos y solo avanzaron Alemania -sería el subcampeón tras perder la final con Italia- y Austria -quedó eliminada en la segunda fase tras quedar segundo en el Grupo D-.

La indignación global fue tan fuerte que la FIFA se vio obligada a cambiar sus reglamentos. Hasta entonces, los partidos de la última fecha no se disputaban en simultáneo, lo que habilitaba este tipo especulaciones. Desde México 1986, todos los encuentros decisivos de la fase de grupos se juegan a la misma hora. Se trató de una de las reformas más trascendentes en la historia de la Copa del Mundo en tiempos en los que poco y nada cambiaba.

Para Argelia, aquel torneo fue una mezcla de orgullo y desilusión. Liderada por Rabah Madjer y con Rachid Mekhloufi como entrenador, había logrado un triunfo histórico ante Alemania y también vencido a Chile, pero quedó eliminada por un arreglo escandaloso que dio la vuelta al mundo. Más de cuatro décadas después, el destino le ofrece una oportunidad única: volver a cruzarse con Austria en un Mundial, esta vez con la chance de cerrar una herida que nunca cicatrizó del todo.

Austria, por su parte, también carga con ese recuerdo incómodo. Aunque salió beneficiada, las imágenes de sus jugadores pasándose la pelota sin intención ofensiva se transformaron en una mancha en su trayectoria mundialista. Hoy, con un equipo renovado, buscará demostrar que su lugar en la elite se gana adentro de la cancha.

En 1982, Argentina —entonces vigente campeona— compartía grupo con Bélgica, Hungría y El Salvador, lejos de aquel escándalo. En 2026, en cambio, será testigo del reencuentro entre Argelia y Austria, dos selecciones unidas por una historia que aún duele.

El comentario de Clarín de «La Desgracia de Gijón»

La siguiente es la crónica escrita por el periodista Miguel Ángel Bertolotto, enviado especial al Mundial de España, publicada en la edición de Clarín del 26 de junio de 1982.

La intención es comentar un partido de fútbol. Pero se hace difícil. Especialmente cuando tratamos de hacer encajar los conceptos más elementales en una «payasada» como la que vimos ayer. Hasta parece una falta de respeto hacer un análisis técnico de lo que ocurrió en la primera media hora (y exageramos un poco también), sabiendo que después llegó la vergüenza. Pero vale. Vale porque durante ese lapso todavía se podía creer en la normalidad. Porqué no había huellas evidentes de que otra cosa sucediera. Porque los dos equipos se estaban comportando dentro de lo que manda la ley del fútbol: jugar.

Tiempo de seriedad

Entonces, vayamos a la etapa en la que creímos. Que finalmente fue toda de Alemania. Desde el comienzo. Con una definición bien clara,, dejar a Breitner libre en el mediocampo, sin obligación de marca para que pudiera desengancharse y acompañar continuamente a sus delanteros. Con Rummenigge rotando por el frente de ataque pero dispuesto a ir a buscar el balón desde el medio y convertirse así en el distribuidor de juego.

Esas fueron las armas, hasta entonces leales, de los dirigidos por Derwall. Por eso poco a poco se fueron produciendo las jugadas de peligro frente al arco de Koncilia. La mejor prueba la daban la cantidad de tiros de esquinas cedidos por los austríacos en los primeros diez minutos: seis.

A los 7, Breitner sacó un derechazo desde 25 metros que se fue apenas por sobre el horizontal. Y cuatro minutos después vendría el gol. Littbarski se mandó por la izquierda, la franja que usó con mayor continuidad y facilidad, mandó el centro y Hrubesch, a la carrera, puso el frentazo que picó en el suelo y descolocó a Koncilia. Rummenigge, por las dudas, venía detrás de él. Ningún austríaco se interpuso en el camino. Era el 1 a 0.

La presión alemana continuó unos minutos más. Con seriedad. Porque por ejemplo esa combinación de Dremmler. Hrubesch y Breitner a los 13 minutos, que finalmente terminó con Koncilia tapándole el remate al primero, pudo haberse transformado en el segundo. Y también ese sablazo de Breitner, a los 19 minutos, que también se fue a escasos centímetros del travesaño.

¿Y Austria? Decididamente habían determinado no atacar mucho. Para ello, reforzaron su defensa con Weber, y adelante dejaron solos, muy solos, a Krankl y a Schumacher. Tan solos que nada más que a Schumacher le largaron algún pelotazo para que lo cazara. El de «mayor gravedad», fue el que a los 22 minutos le ganó Schumacher en un mano a mano. Casi nada.

Tiempo de burla

Para el segundo tiempo de fútbol no tenemos nada para contar. Porque los centros, los pases, las pelotas a cualquier parte, cuando se hacen como autómatas, no sirven. Al menos para quien pretenda tener la ilusión de ver un partido de fútbol. Que no es lo mismo que un partido de fútbol previamente programado. Las protestas del público estaban justificadas. Ninguno de los dos hizo algo por conseguir el gol que clasificaría a Argelia. Por eso todo se estacionó en el medio campo, mientras los gritos de «fuera, fuera» retumbaban de los cuatro costados.

Repercusiones en Argelia

«El sorteo del Mundial 2026 trajo a la memoria de los argelinos escenas de los hitos más destacados de la selección absoluta en la historia de los Mundiales, entre los que destaca el famoso escándalo de Gijón de 1982, después de que situara a los jóvenes jugadores del seleccionador nacional Vladimir Petkovic en un enfrentamiento con la selección absoluta de Austria, en una oportunidad que muchos ven como una fecha de revancha y redención tras cuatro décadas de aquel incidente que sacudió al mundo del fútbol», sostiene el diario argelino Ennahar tras conocerse el sorteo del Mundial 2026 realizado en Washington DC.

También hay entusiasmo por jugar con la Argentina de Lionel Messi, de quien recuerdan el amistoso jugado en 2007. El esperado choque con la Argentina de Lionel Messi también se robó los focos, sobre todo con el regreso a la conversación sobre el último partido que enfrentó a “la Pulga” con los Verdes en 2007, cuando la selección argelina ofreció una gran actuación en un amistoso que terminó con el Tango ganando cuatro goles a tres, en un partido que quedó grabado en la memoria de los hinchas gracias a la gran actuación defensiva ante uno de los mejores jugadores del mundo».

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