En agosto de 1975, Argentina se sumó a la lista de países, como Brasil, que estaban montando versiones no autorizadas del musical The Rocky Horror Show. Este era una creación de Richard O’Brien estrenada dos años antes en Londres, en donde confluía la parodia al cine de terror y de ciencia ficción de los ’30 a los ’50 con la irreverencia sexual post-Hair (O’Brien actuó brevemente en Jesucristo Superstar) haciendo énfasis en la fluidez de género, todo musicalizado por el glam rock tan en boga por aquél entonces, que a su vez revistaba el rock and roll de los Fifties.
Reparemos en la primigenia presentación argentina. Fue en la ya no existente sala Pigalle de Recoleta. Entre otros, actuaron Ana María Cores, Linda Peretz, Rolo Puente, Eddie Sierra, alguien con el hermoso nombre de Marta Hendrix, y Valeria Lynch. Produjo Héctor Cavallero (famoso por haber sido pareja de Susana Giménez, y hasta hace poco, director de Radio Nacional). Cuando recién iban por la segunda semana de funciones, una bomba en el teatro puso fin a esta primera encarnación. Era un método muy común por la derecha peronista armada de esa época, la Triple A.
Cuando recién iban por la segunda semana de funciones de la versión argentina, la Triple A puso una bomba en el teatro
¿Cómo se habrán sentido los sectores más recalcitrantes ante la idea de que un grupo de sediciosos montaban una obra donde su principal protagonista se presentaba como un científico loco, travestido, proveniente del planeta Transexual, de la galaxia Transylvania?
Se trataba de un científico que buscaba crear su propio hombre perfecto. Mientras, todo esto era presenciado por Brad y Jane, cuyo auto se había detenido durante la luna de miel, y encima eran más que convencionales en sus gustos sexuales. Eran perfectos para el experimento del doctor Frank-N-Furter (juego de palabras con frankfurter, una manera de referirse al hot dog o pancho en algunos lugares: Uruguay, sin ir más lejos), quien, cual Dr. Frankenstein, quería crear un hombre perfecto: Rocky.
En Brasil, mientras tanto y aún en Dictadura, se había estrenado -también sin permiso del autor- en el día de San Valentín, en el Teatro da Praia, en plena Ipanema, libre de conflictos mayores. También se proyectó, en algún momento, la película de la que vamos a hablar, cosa que hasta ahora jamás había sucedido acá, salvo en circuitos de filmotecas o en proyecciones de fans. No pasaba la censura.
La película del culto
Ese 1975 también se lanzó la transposición cinematográfica del musical: The Rocky Horror Picture Show. Tanto el musical original, en sus sucesivas adaptaciones (legales o no), como la película y sus continuos relanzamientos, son material de culto.
Pero el filme es un suceso aparte, ya que cuenta con el honor de ser, cinco décadas después de su aparición, la película que más continúa apareciendo en cartel, en una distribución limitada. No importa si es en un cine independiente de Nueva York en 2017 (como este autor atestigua) o en el Lorca de avenida Corrientes (donde, aunque revivida para las últimas noches de 2025, y es posible que llegue a la primera semana de 2026). En este caso, la versión ha recibido una restauración 4K, básicamente la misma que se utiliza en el aquí escaso Blu-Ray.
¿El musical o la película?
No se puede hablar del largometraje sin comentar la obra que -con algunos cambios- dictó lo que se ve en cine. En Inglaterra, la homosexualidad había dejado de ser considerada una ofensa criminal recién en 1967. A su vez, un año después, se relajaron las normas de censura en el teatro: basta de objetar en un “bien común”; sí a dejar que el gusto público fuese el árbitro.
En Rocky Horror, a diferencia de Hair, estrenado en 1968, no importaba el desnudo tanto como la perversión o el fetichismo.
En Rocky Horror no importaba el desnudo tanto como la perversión o el fetichismo.
Richard O’ Brien, el creador y guionista de Rocky, conoció al futuro director de aquella, Jim Sherman, durante la realización de Jesucristo Superstar. Décadas después, O’Brien, quien antes que nada se consideraba un actor (y actúa tanto en la puesta original de Rocky Horror como en algunas remakes), consideraba ante la televisión: “Los temas más interesantes en el universo eran sexo, política, rock‘n’roll y drogas.”
Un científico loco travesti. El género fluido era el central de Rocky Horror.La premiere del musical ocurrió el 19 de junio de 1973, en el Royal Court Theatre, un lugar de sesenta y tres butacas.
Pronto, se llenó de figuras de renombre, desde Vincent Price (quien reía a la vez que reconocía la influencia de sus películas), hasta Mick Jagger. La leyenda de Rocky et al estaba dando sus primeros pasos. Y Lou Adler, productor musical (trabajó con The Mamas and the Papas y Carole King, entre otros) y de cine, compró los derechos cinematográficos y escénicos para poder montarla en su propio Whisky A Go Go en el Sunset Strip de Los Angeles. De esa versión se desprendió el primero de muchos soundtracks cantados por los respectivos elencos, en este caso se encontraba el malogrado Meat Loaf, de próximo gran futuro solista a nivel ventas. En 1976 se la llevó a Broadway, pero fue un fracaso. Aun así, el culto seguía.
La estrella de la representación original es, qué duda cabe, el británico Tim Curry, el doctor transexual alienígena que gusta de vestirse en corsés.
Rol que Curry revisitó tanto en el cine como en la versión californiana. El director de la película fue Jim Sharman, el mismo que dirigió las presentaciones originales.
Tim Curry. El actor y cantante fue el protagonista de la obra teatral y de la película.El fenómeno se ha perpetuado con las décadas. Incluso hay un dato a tener en cuenta, si se piensa en la revolución que estaba gestando en el rock. Después de una sucesión de teatros, la troupe original se asentó a metros en la misma calle en una boutique ahora conocida como Too Far To Live (Too Young to Die). Un poco después ese negocio de ropa se convirtió en el famoso Sex, regenteado por Vienne Westwood y Malcom McLaren, quien siempre sostuvo que la banda del que era manager, nada menos que los Sex Pistols, nacieron ahí. McLaren lo negó, pero hay más de un testigo que lo hace habitué de las funciones del musical con Tim Curry, ni tampoco faltan integrantes de Rocky Horror que admitan haber frecuentado el local de Sex. Es decir, hay un link entre el nacimiento del punk y el Rocky Horror.
Si bien la tanda original cerró en Londres en 1980, antes de los inevitables revivals, la puesta estaba desperdigada por varias partes del mundo.
Los derechos de distribución, al ser originalmente de 20Th Century Fox están hoy en mano de Disney. Increíble. Ya antes de eso, había habido un homenaje a cuadros musicales en la serie Glee: una remake con un par de vueltas de tuercas en 2016, donde Tim Curry -que había sufrido un ACV- había sido movido a roles de relator e investigador. Una remake que a la mayoría no le gustó. Hoy, como la película original, es todo del emporio Disney.
La película original y la remake de la serie Glee pertenecen hoy a Disney.
El público en modo Rocky
Un fenómeno que hace única a The Rocky Horror Picture Show y certifica su estatus de culto es cómo, con o sin intenciones, quedó abierta para la participación del público estadounidense (en Inglaterra, el fenómeno no prendió tanto). Las funciones de la película son celebraciones de los fans, quienes muchas veces concurren al cine en “modo cosplay” de los personajes (sí, abajo de la pantalla de la sala, hay varios disfrazados de Doctores Frank-N-Furter).
Ahora, las memorias. El año pasado Tim Curry publicó sus memorias llamadas Vaganbundo.Ya al poco tiempo de los estrenos se formó una costumbre: gritarle a la pantalla durante silencios, complementando los diálogos, o directamente copiando la actitud y personalidad de los personajes. Ejemplo: cada vez que el personaje Brad Majors da su nombre, la audiencia le reparte un “forro”. De la misma manera, cada alusión de Janet Weiss (en la película la encarna Susan Sarandon) es respondida por un grito de “Zorra” (y nos estamos autocensurando).
También es común que algunos elencos actúen la obra delante de la pantalla: ¿teatro + cine? Además, cabe mencionar que hubo una producción legal aquí recién en 1994, con Jean Pierre Noher, Natalia Lobo y Juan Manuel Tenuta, entre otros. Existe un disco de aquella puesta. Hubo otro intento en 2016 y 2017 y el año pasado, existió otra encarnación llamada The Rocky Horror Show El Montaje.
Hoy el musical sigue de gira por distintas partes del mundo. Pero es difícil superar el impacto cultural del filme, que crece y crece, y ahora con mejor calidad para su proyección. No todo el tiempo se pueden ver aliens travestidos jugando a Prometeo









