Muchas familias tienen un árbol genealógico que se parece más a una enredadera. Por caso, son árboles tan frondosos, se ramifican tanto que, entre tanto follaje y tantos frutos, se vuelven un laberinto inextricable. En la tribu de los Churba -como le gusta decir a Martín-, las generaciones se han nutrido con la misma savia creativa y el arte, en casi todas sus manifestaciones, está en su ADN.
De ese familión, en la cúspide, está Alberto que, con 93 años, sigue siendo un faro y un referente del diseño argentino y del mundo. Fue él quien en 1960 creó el Estudio Churba CH y puso el apellido al frente. Lo bueno de esta historia es que se hilvana con el relato de sus protagonistas, tres de ellos, que recibieron a Viva dispuestos a contarla. Federico, diseñador industrial (49), y Leticia, diseñadora gráfica (50), son hermanos; Martín (55), el primo de ambos, es diseñador textil. Los tres pertenecen a la tercera generación Churba. Además del éxito profesional, muestran su afecto y su memoria cada vez que surge un recuerdo y comparten emociones.
Seis hermanos
La historia comienza con seis hermanos. Llegan dos: Ezra – apodado Bacri- desembarcó en la Argentina a los 5 años con su hermana Olga, de 3, circa 1919. Emigraron desde Damasco, Siria, y bajaron en el puerto de Buenos Aires con sus padres, de origen sefaradí.
Aquí, por estas latitudes, nacerían los otros cuatro hermanos: Enrique, Ester, José y Alberto, el más chico, 18 años menor que Bacri. Alberto, sin descendencia, es el único que vive de los seis. Goza de merecido prestigio al punto de integrar las colecciones permanentes del Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York y del Victoria & Albert Museum de Londres. En 2025 vimos su muestra Diseño Infinito en el Museo Nacional de Arte Decorativo, con su famoso sillón Cinta, alfombras, textiles y cristales emblemáticos. Sus diseños fueron populares gracias a su trabajo para Alpargatas y Kalpakian.
“Bacri se casó con Lela, nuestros abuelos -dicen Fede, Leti y Martín- y tuvieron tres hijos: León, Natalio y Graciela.” León –fundador de la tienda de muebles Gris Dimensión, fallecido– se casó con Betty Ischin -ambos arquitectos- y tuvieron a Leti y Federico. El matrimonio fue breve y luego León se casó con Mónica Melhem, arquitecta. De esa unión nació Blas (30), también arquitecto. Sin duda, la pasión por las proporciones áureas nutre esta rama familiar.
Natalio se casó con Lidia –a quien llamaban Lela, como a su suegra- y de su unión nacieron Martín y Andrea. “Natalio va por su tercera mujer -acota Martín-, y es también padre de Valeria. Graciela, nuestra tía -diseñadora de alfombras- se casó con Pablo Salomón y tuvieron dos hijos: Carola, que es dueña de Broca Muebles, y Manuel, cineasta.” Solamente con los descendientes de Bacri, hay mucha tela para cortar.
Una galería llamada Churba
Pero antes de seguir, vale añadir que entre Bacri y Alberto gestionaron la compra de la famosa galería Juramento, rebautizada Churba, durante los ‘50, en la esquina de Cabildo y Juramento, en el barrio de Belgrano.
Hermanos con el primo. Leticia, Federico y Martín. /Fotos: Ariel Grinberg Esos dos pisos elevados con rampas fueron centro de modernidad, con vidrieras que exhibían las últimas tendencias, y donde Alberto puso su estudio. Juntos, fueron dinamita: Bacri era un emprendedor, un comerciante cabal; Alberto, el genio creativo. Y niños testigos de lo que hacían, fueron los tres hijos de Bacri: León, Natalio y Graciela. ¿Cuántas veces oyeron decir “nos vemos en Churba”? El apellido fue durante mucho tiempo sinónimo de esa famosa galería de Belgrano.
La charla es tan extensa como entretenida. Los tres primos son locuaces pero se escuchan y agregan detalles, cuando surge una anécdota. ¿Qué quiere decir “Churba”? Presumen que la etimología del apellido viene de “chorba” o “yorba”, que en sirio significa sopa de garbanzos o lentejas y, lo admiten, es riquísima. “Todos cocinamos y tenemos pasión por la comida turca”, dicen. Si bien cada uno hizo su camino, hay algunos temas que los atraviesan, más allá del arte.
La etimología del apellido viene de “chorba” o “yorba”, que en sirio significa sopa de garbanzos o lentejas.
Astrología en familia
Federico, por ejemplo, padre de Nina (16), Gala (14) y Olivia (7), casado con Heidi Goldfeder, arquitecta, cuenta que la astrología siempre fue un tema de interés en su casa. “Mi mamá Betty Ischin es también astróloga y le regaló una carta natal a mi hija mayor que nació un 18 de febrero. ¡Para todos era acuariana, pero resulta que la carta reveló que es pisciana del cenit!”
Leti cuenta que Betty es egresada de la primera promoción de Casa XII, la escuela de astrología de Eugenio Carutti. Y que ella, cuando era adolescente y la veía estudiar, la cargoseaba diciéndole bruja.
Leticia. La diseñadora gráfica de esta generación de la familia Churba.Pero llegó el día en que Leti también descubrió su interés por esta disciplina y se anotó en un instituto de Colegiales. “Es una gran herramienta para el autoconocimiento. Soy del 28 de abril, re taurina, y tengo una cosa fuerte con los placeres; hice todo lo que tiene que ver con lo taurino y lo venusino. No te hacía ni un huevo duro y un día empecé a obsesionarme con la cocina. Tomé clases con Marcia Krygier (fallecida), hermana de Axel, músico de La Portuaria. Era una genia, otra taurina. Tuve un bar, amé la experiencia, pero ya fue. Hice de todo: bijouterie, moda, diseño, pintura y cerámica en mi empresa Tarro…”
La astrología es una gran herramienta para el autoconocimiento
Leticia ChurbaDiseñadora
A Leti le encanta charlar y lo hace con espontaneidad. Suena su celular y lanza un grito de alegría: “¡Juana aprobó historia!”. Juana es su hija de 18 años -que ingresará a la Universidad Di Tella, a la carrera de Diseño Integral- y la otra es Violeta, de 15. “No me casé con ningún arquitecto, rompí la racha. ¡Y aunque me descasé (risas), me llevo bárbaro con el padre de mis hijas!”.
Casamientos con arquitectos -como el de Martín con el arquitecto Mauro Bernardini, juntos desde hace 26 años y padres de Alexis de 15- y separaciones para reincidir en matrimonios y tener más hijos: éste es otro rasgo de familia que no parece haber quebrado las ramas sino, más bien, haberlas podado, para resurgimiento de renovados brotes.
¿Cómo sintieron las separaciones los chicos de entonces? Fede y Leti asumen que eran muy chiquitos. Hablan los dos. “No tenemos recuerdos de los cuatro en la casa de Martínez, porque el matrimonio de los viejos duró poco y nada; nos acordamos de que papá, medio culpógeno, nos traía regalos. Una vez vino con un tocadiscos de juguete que era espectacular. Y entre los dos le sacamos todos los tornillos, lo deshicimos. Queríamos ver adentro. ¡Fue divino! Al ser tan seguidos, éramos muy compañeros de juegos. Y nuestro juego preferido era ¡desarmar cosas! Siempre estuvimos habilitados a explorar, a disponer del espacio. Pienso que esto tuvo que ver con nuestra relación futura con el diseño. Jugábamos con insectos, armábamos displays para circos de hormigas y desfiles de vaquitas de San Antonio.”
Pienso que desarmar juguetes de niños tuvo que ver con nuestra relación futura con el diseño.
Federico ChurbaDiseñador
Su infancia estuvo marcada por las mudanzas. Ella cuenta: “Nos mudamos como veinte veces, éramos nómades. De Martínez a Palermo, y luego a Belgrano. Teníamos amigos de los distintos colegios, más que del barrio. Íbamos a Gris Dimensión y veíamos armar las vidrieras y también participábamos. O íbamos a Natan, que era el negocio de los abuelos, a pocas cuadras, donde jugábamos con los rollos de tela. En casa de Lela, la abuela que nos une con Martín y en la de Flora, su abuela materna, jugábamos a dar vuelta los sillones. Era muy común acompañar a mamá a una obra en construcción. Ella ejerce como arquitecta, pero labura como interiorista. Tuvo negocio propio en una sucursal de Gris, aún estando separada. Los viejos se llevaron siempre bien. Hoy me está ayudando con un espacio multi-arte que proyecto en Saavedra.”
Una vida entre muebles
Otro punto que los tres primos rescatan es el de la disponibilidad de mobiliario. Leti cuenta que cuando decidió irse a vivir sola, tenía a la mano mesas, sillas, sillones, adornos, vajilla: “Todo eso estaba ahí, para elegir y usar. Nunca tuve que comprar nada. Pero me acuerdo del escándalo que me hizo papá cuando quise un puff de jean, re hippie, que me encantaba y vendían en Palermo. ¡Cómo te vas a comprar eso! ¡Yo traigo los mejores muebles italianos y vos querés eso!, me dijo. ¡Me lo compré, obviamente! No vivimos esto de heredar lo de la abuela o del tío. Siempre todo estuvo a la mano y en vida”.
Y Martín comenta: “En nuestra tribu, porque somos eso, tenemos casas con las mismas cosas. Porque todos nuestros parientes hacían muebles, objetos, alfombras y estaban en las casas de todos. Fuimos a la muestra de Alberto en el Museo de Arte Decorativo y fue como entrar a la casa de mi abuela”.
Federico Churba. El diseñador industrial que tiene estudio propio. Vivir entre muebles, objetos de deco y géneros, ver el trabajo en los talleres, conocer la trastienda de los locales en Recoleta o escuchar sobre piezas importadas de Italia o Finlandia, implica haber respirado un clima donde la estética y los negocios eran temas cotidianos.
Sin embargo, mientras las cuestiones de diseño eran fortalezas, los números fueron la parte más difícil de encarar. Fede recuerda el origen de Perfectos Dragones, un emprendimiento de bijouterie que concretaron con Leti. “Éramos seis diseñadores -gráficos, industriales y de moda-, pero tuvimos que contratar asesor de marketing y contador. No sabíamos cómo armar el negocio ni hacer una planilla de Excel. Tuvimos una buena idea y Dragones duró 20 años, entre 2001 y 2020. Fuimos -según nos dicen- el mejor proveedor que tuvo el Malba, donde vendíamos. Pero la remamos en dulce de leche.”
El primero que se fue de Perfectos Dragones persiguiendo un proyecto personal fue Fede. “Desempolvé una oficina en Gris Dimensión y empecé a generar mi proyecto. Quería armar una marca de muebles de altísima calidad y sofisticar la fabricación nacional. Empecé haciendo pequeñas tandas, que al principio iban a parar a la vidriera de Gris. Allí mechaba mis muebles entre los mejores del mundo, los italianos de alta gama (Se echa para atrás, entrecierra los ojos y sonríe.) Y ponía una mesita allá, una lámpara por acá. Hasta que en 2012 abrí mi propia tienda y estudio fCH.”
Su lámpara Hanoi es un emblema, con un valor simbólico de peso, porque fue la primera que vendió al extranjero. Martín se suma y dice que también empezó con su tío León, a los 19, en Gris. “Fue la puerta más importante que me hayan abierto. Y hace poco, cuando celebramos los 40 años de Gris, mostraron los textiles de la estampería que dirigía León, en la que trabajé con Leti.”
Generosidad en familia
Abrir puertas, hacerle espacio al otro y respetar su independencia es un gesto generoso que no es tan frecuente en empresas de familia. Martín opina que es “una impronta familiar donde el padre, el tío o el hermano ceden un lugar al sobrino o al hijo, sin la idea de que trabaje para ellos”.
Martín Churba. El cerebro detrás de la marca Tramando, ropas con raíces y proyección de futuro a la vez.“No es que te decían Hacé esto, cortá aquello. Te daban la libertad para que te dedicaras a tu propio proyecto y también te cobijaban hasta que alzabas vuelo -agrega-. En una empresa familiar donde se ligan vínculos afectivos con comerciales no es simple; es súper delicado porque exige construir juntos una relación de confianza que no deteriore lo otro. Y no tenemos un recuerdo sobre algo difícil que nos haya ocurrido.”
En una empresa familiar se ligan vínculos afectivos con comerciales y no es algo simple.
Sin ir más lejos, aquí donde estamos, el estudio de Fede, Martín se instaló un año y medio con su empresa de diseño textil, Tramando, que fue el primer cliente que tuvo Leti. Fede añade: “Darle un lugar al otro también implica adaptar la propia realidad y que también nos sirva. Creo que esto viene mangiatto desde Bacri. Yo estaba empezando Diseño Industrial en la UBA y mi viejo me podría haber dicho sentate al lado mío, andá y hace esto. Y sin embargo dijo, ‘Incorporemos un área de objetos a Gris’. En lugar de sumarme a la estructura prefirió crear un rubro nuevo. Siempre estuvo ese apoyo que era ‘instalate acá y empezá’. Pienso que los Churba somos una familia ensamblada al crearnos esos nidos, esos espacios ofrecidos para que el otro se desarrolle”.
Vitalidad y evolución del clan
Clan, tribu o familia; ensamblada o que ensambla, la herencia de Bacri está viva. A los Churba les legó el élan vital, ese concepto del filósofo francés Henri Bergson, que significa impulso vital y que aquí aplica si lo entendemos como fuerza creativa, intangible, que impulsa la evolución, explica la creatividad y el cambio en la vida de las personas.
El primer paso de hacer nido se cumplió con Alberto cuando Bacri le dio un local en la galería Juramento. La sana costumbre pasó de una generación a otra. Pero también Alberto sentó precedente cuando se fue de la galería y puso su propio taller.
Martín redobla la idea: “Alberto sentó ese precedente demostrándonos que estaba permitida la emancipación. Eso fue lo que le dio oxígeno a la familia. Porque ves empresas familiares que siguen y siguen, sin una dinámica evolutiva y no sé si se sienten bien”.
Mucho antes de este episodio, Bacri se puso el sayo de pater familias. Iba a Manchester, Inglaterra, donde habían quedado unos primos. Los veía, compraba sedas, cortaba pañuelos y los traía a Buenos Aires. Dice Fede que una vez, se sentó con su abuelo y lo hizo hablar: “Lo grabé, pasé el texto a mi computadora, me la robaron y lo perdí. En ese diálogo contaba que su padre, nuestro bisabuelo, no era muy trabajador y que se vio obligado a cuidar de sus hermanos. El negocio de los de Manchester era hacer pañuelos y no andaba muy bien porque se peleaban. Entonces Bacri empezó a viajar -eterna travesía en barco- aunque no lo trataban de maravilla. Estaba allá y cortaba pañuelos. Salvó el negocio de Manchester para salvar el de Buenos Aires. Él no sabía de diseño pero a los de Manchester los organizó. Les hizo comprar máquinas de escribir e imprimir papel con membrete, Churba Brothers. Era súper emprendedor; se ganó esa esquina para la galería en Belgrano negociando con un inquilino que se sentía dueño. Y tanto hizo, que lo logró.”
Martín, Federico y Leticia. La última generación creativa del clan Churba. /fotos: Ariel Grinberg Con ese paternalismo de altri tempi resultó inevitable que el modelo de patriarcado deviniese en conductas machistas. Nada que la época reprobase. Pero, de hecho, no fue tan letal. Porque las mujeres Churba trabajaron y estudiaron. “Y aun la tía abuela Olga -dicen nuestros entrevistados- que era una experta en cocina árabe, tuvo su libro de recetas gracias a Alberto que lo editó, lo ilustró y se lo publicó.”
Leti recuerda que cuando se juntaban todos en casa de sus abuelos, eran las mujeres quienes levantaban la mesa y lavaban los platos, mientras los hombres gozaban de una larga sobremesa. Interviene Martín para decir que “el machismo de Bacri llegó al siglo XXI deconstruido”, y que él, como gay, rompió todo el esquema. “Y si bien Fede tiene cuatro mujeres en casa, es un patriarca con estilo propio.” (Risas.)
Martín cuenta: “Natalio, mi papá, heredó la visión comercial y se casó tres veces… Y yo soy un outsider que fue empresario. Pero uno tiene muchas vidas. Fue lindo asumir compromisos empresariales que hoy elijo esquivar. ¡Estoy desemprendiendo desde el 2016 porque me sentía preso en el sistema! Había armado un proyecto para este país que no te da garantías de crecimiento ni sustentabilidad. Cada nudito que había atado tuve que desatarlo y tardé nueve años con ayuda de Mauro y mi familia”.
Fue lindo asumir compromisos empresariales que hoy elijo esquivar.
Para Martín, la influencia de su madre es clave. “Mi mamá hacía ropa infantil con la marca Le mamú”, recuerda. “Cuando acá todo era celeste y rosa, ella fabricaba y vendía vestimenta negra y violeta. Viajaba a Europa dos veces por año y traía modelos en nuestro talle para copiar, que después usábamos nosotros. Verla me formó. Pero yo desistí de repetir eso. Y empecé haciendo colecciones para vender afuera. Al revés. Hoy estoy en mi taller de Acassuso, juntando mis partes en lo existencial y profesional. Junté todo mi archivo de 27 años de moda, tengo 800 piezas que dan para libro o muestra. ¡Trabajé 36 años! Investigo descartes, quiero hacer algo con basura. Estuve en el norte experimentando con la fibra de llama y la planta cháguar; también expongo obra en la galería Herlitzka.”
“Siempre estamos desarrollando alguna idea”, dicen. Sin duda, la pasión por crear germina espontáneamente en los Churba. Bien dicho: los frutos no caen lejos del árbol.










