El espacio de dos plantas frente al Riachuelo fundado en 2018 como usina de experimentación para proyectos contemporáneos, PROA 21, tiene por primera vez una directora artística. La francesa Lucie Haguenauer, formada en gestión cultural en la Sorbona de París, con experiencia como curadora y residente en Buenos Aires desde hace 16 años, ya tiene lista la programación 2026 del edificio ubicado a pocos metros de la Fundación PROA, su “casa madre”.
PROA 21 mantiene su espíritu de laboratorio artístico y se convierte en un espacio de residencias temporales de artistas de diversas disciplinas, de las artes visuales a la música y las escénicas al cine y la escritura, que están llamados a interactuar entre sí y con los visitantes, que pueden acercarse a conocer los procesos de trabajo de los talleres en los horarios en que está abierto: de miércoles a domingo por la tarde.
Allí ya trabaja el primer artista invitado, Nazareno Pereyra, en una obra que cubrirá las paredes de la planta baja con un texto en lápiz azul Francia: No podemos permitir que la inteligencia artificial escriba nuestros poemas, tal el título de su proyecto, es un relato contemplativo y narrativo que registra en cuadernos su camino en tren y colectivo hasta La Boca. Esta suerte de proceso de diario íntimo surgió a partir de una inquietud de Lucie para profundizar sobre los textos que aparecen en sus trabajos visuales.
Todos invitados por Lucie en diálogo con el equipo de PROA, los artistas convocados comparten «una juventud en el sentido de la posibilidad de crecer, un potencial”, define la flamante directora artística, que interviene con sus inputs en el proceso de trabajo. “Los cruzo con artistas de otras disciplinas y me gustaría que en cada residencia haya un pensador, porque se trata de una conversación que crece, hace que suba la cuesta y nutre el trabajo”. La primera invitada será Margarita Martínez, le seguirá una bailarina. En mayo Nazareno recibirá al colectivo Mover la lengua, de danza y poesía, que se instalará en la planta alta.
Al final de cada residencia, una activación actuará como cierre, y mientras dure los artistas reciben por su trabajo unos 1.200.000 pesos al mes. “Por el contexto y la necesidad de financiamiento, en Buenos Aires prevalece una urgencia de crear, nosotros tenemos ganas de que los artistas puedan profundizar para crear una obra contundente. Es importante darle los medios a los artistas para trabajar”, define.
El espacio de trabajo para «No dejemos que la inteligencia artificial escriba nuestros poemas», de Nazareno Pereyra. Como impulsora y directora del megaproyecto Orillas abiertas, que desde el Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia aportó 500 mil euros solo en becas y más de un millón en movilidad, producción y acompañamiento a los artistas seleccionados entre más de 2500 que participaron de la convocatoria, aquí Lucie dirigirá el equipo de PROA 21, que continúa bajo la coordinación de Renzo Longobucco y Pilar Victorio.
«Las instituciones que tienen legitimidad en el campo como PROA 21 pueden facilitar un montón de redes para que los artistas puedan escalonar en su recorrido”, sostiene. “En la residencia se ofrece un espacio, una plataforma y un también un interlocutor”.
Detalle de la instalación en progreso. Otoño, invierno, primavera, verano
Dividido en las estaciones del año, el programa se inspiró en la exitosa experiencia de Temporada Alta, el programa de creación de artes escénicas que tiene lugar de enero a marzo en las instalaciones, con estrenos en el jardín. Mientras el verano seguirá con artes escénicas, otros tres bloques tomarán ejes conceptuales.
Para el otoño, la voz del artista que surge a través de la escritura, su cuerpo y su expresión; mientras que para el invierno será turno del juego como médium para el encuentro y para pensar alternativas de mundos posibles, y la primavera abordará la relación entre la naturaleza, más precisamente las plantas y la ciudad con el jardín en el centro.
La programación es rica y se puede consultar en proa21.org. Unas preguntas finales para conocer a Lucie.
Lucie Haguenauer frente al Riachuelo. -Después de tantos años viviendo en Buenos Aires, ¿cómo podrías describir el ámbito cultural de la ciudad?
-Buenos Aires se caracteriza por su creatividad visceral. Mientras haya tormenta siempre va a haber alguna creatividad que sale muy de adentro, tanto desde los artistas como también de las ganas del público de ver y de “consumir” cultura. Eso es muy particular de la Argentina, de Buenos Aires. Se nota mucho cuando estás en contacto con extranjeros que vienen acá, que siempre lo resaltan y no es poca cosa, es un montón.
-¿Y entre las dificultades?
-Las dificultades son muy intrínsecas al medio ambiente de la cultura, muy agudizadas últimamente por el tiempo que estamos pasando, muy golpeados. Yo vengo de un país con una gran política pública de cultura, desde lo patrimonial hasta lo contemporáneo, y esto hace un terroir o medio ambiente muy importante para que puedan florecer las obras, pero también eso de estructurar un medio ambiente que favorece la creación. Que haya instituciones que tomen cada uno la posta en esa creación y hagan parte de la producción y la creación, la producción y la difusión de las obras.
Pienso que acá hay que trabajar en alianzas entre diferentes instituciones a diferentes niveles, tanto desde gobiernos que pueden ser nacionales, regionales y de la ciudad más instituciones privadas, etc., para llegar a desarrollar formas complejas, donde los artistas fueron hasta el fondo de lo que querían decir.
-Tu trabajo continúa en el Instituto Francés, como los argentinos con varios empleos. ¿Cómo siguen estos vínculos personales e institucionales?
-Sí, me argentinicé un poco. Negocié con el Instituto Francés, que es el Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia, un part time para trabajar en la Fundación PROA. Siempre hay proyectos en común, desde antes de que yo llegara en 2008 al Instituto Francés, así que va a seguir habiendo a medida de las oportunidades y la programación de Proa. En el Instituto francés trabajamos para las instituciones argentinas que quieren traer artistas o profesionales franceses.
-Sin pensar en el presupuesto, ¿cuál es tu sueño en la gestión cultural?
-Esta cuestión de los cruces disciplinares, también entre diferentes nacionalidades, para crear juntos es un buen objetivo que me encantaría hacer. Que sea una forma escénica, tipo muestra grande con la intersección de varias nacionalidades y disciplinas. Porque me parece que todos se van felices de esos encuentros y hay algo rico en esa exposición, esa mezcla de culturas que es muy potente. Pero a esto le sumaría que el público pueda participar, como por ejemplo un proyecto con Thomas Hirschhorn. Cuando el público se acerca al arte o al proceso de creación, sin conocerlo pero con mucha intriga, se lleva algo siempre rico y esa generosidad del intercambio en el arte todavía existe.










