La geopolítica a sangre viva: quién domina la energía

La geopolítica a sangre viva: quién domina la energía


CERAWeek, el principal encuentro global de energía que todos los años se desarrolla en Houston en las primeras semanas de marzo, suele anticipar hacia dónde se mueve la industria. Pero este año no se trató de tendencias. Se trató de un cambio de época.

Durante más de una década, el mundo energético se organizó alrededor de una promesa: la transición. Un proceso gradual, ordenado, casi técnico, en el que la innovación, la eficiencia y las energías renovables irían desplazando a los combustibles fósiles en una trayectoria previsible.

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Esta vez, la sensación dominante en Houston fue otra: producir más energía, como sea, para abastecer una demanda creciente en un contexto de mayor presión geopolítica e incertidumbre. La energía dejó de ser un sistema que evoluciona y volvió a ser un sistema que se tensiona.

La expansión de data centers, el entrenamiento de modelos cada vez más complejos y la digitalización acelerada están generando un aumento estructural en el consumo eléctrico que el sistema no está preparado para absorber con la velocidad necesaria. La inteligencia artificial dejó de ser un tema técnico, de algoritmos, para convertirse en un tema energético.

La paradoja es evidente: mientras se discutía cómo reducir la dependencia de los combustibles fósiles, emerge una nueva ola tecnológica que exige más energía fosil—y rápido—.

A ese nuevo vector de demanda se suma un contexto geopolítico cada vez más inestable. Conflictos en zonas críticas, fragilidad en chokepoints globales como el Estrecho de Ormuz y una creciente fragmentación internacional reintroducen un factor que había quedado en segundo plano: el riesgo.

La energía deja de ser un flujo garantizado y vuelve a ser una variable incierta.

En ese contexto, el concepto de energy dominance no aparece como una consigna ideológica, sino como la respuesta de Estados Unidos a un sistema bajo estrés.

Energy dominance: asegurar y condicionar

Estados Unidos está avanzando en una redefinición clara de su política energética. No se trata solo de asegurar su propio abastecimiento, sino de construir poder.

Cuando en Houston se repite que “energy security is national security”, lo que subyace es algo más profundo: la energía como herramienta de influencia. Capacidad de incidir en precios, en flujos comerciales y, en última instancia, en decisiones de otros países.

La energía deja de ser un commodity para volver a ser una palanca geopolítica.

Este cambio se da en el marco de una competencia creciente entre Estados Unidos y China.

Estados Unidos busca recuperar capacidades productivas, acelerar el desarrollo de hidrocarburos e ingresar con fuerza en minerales críticos, donde ha quedado rezagado.

China, en paralelo, profundiza su estrategia de expansión global a través de financiamiento, infraestructura y liderazgo en energías renovables.

América Latina: relevancia bajo presión

En este escenario, América Latina reaparece como un actor relevante por su disponibilidad de recursos: petróleo, gas, minerales y capacidad de expansión. Argentina, con Vaca Muerta, ocupa un lugar destacado en ese mapa, mientras que la recuperación de Venezuela avanza más lentamente de lo que algunos anticipaban.

CERAWeek en Houston 27032026
Horacio Marin, CEO de YPF junto a Doris Capurro, Presidente de LUFT Energía S.A.

Pero esa relevancia no es gratuita. Viene acompañada de presión.

Estados Unidos busca mayor alineamiento, mientras China ofrece alternativas sin condicionamientos visibles. Países como Brasil intentan sostener una posición pragmática, capturando oportunidades de ambos lados sin comprometer su autonomía.

El desafío es sostener ese equilibrio en un mundo que tiende a organizarse en bloques.

Un sistema más complejoAQ

La conclusión de CERAWeek 2026 no es que la transición fracasó. Es que el mundo se volvió más complejo.

Más demanda, más competencia, más riesgo.

El sistema energético que emerge es menos lineal, más inestable y profundamente político.

Y en ese sistema, la pregunta central ya no es qué tipo de energía va a predominar.

Es otra.

Quién tiene la capacidad de controlarla —y de ejercer poder a partir de ella.

(*) Fundadora, CEO y Presidente de LUFT Energía S.A., una empresa Argentina de energías renovables y de inversiones, creada a principios de 2016

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