La cancha se vino abajo cuando River puso en marcha el homenaje a Norberto Alonso antes del partido contra Belgrano de Córdoba. Se cumplen este lunes 40 años del “gol de la pelota naranja” que el Beto le hizo a Boca en la Bombonera. El actual presidente del club, Stefano Di Carlo, no había nacido, pero como tantos riverplatenses creció con la leyenda. “¡Aloooooonso!, ¡Alooooonso!”, volvió a escucharse en el Monumental, como en los buenos viejos tiempos.
En el partido de la primera rueda de 1986, River ganó 1-0 con gol de Montenegro en un clásico jugado sobre un césped sembrado de papelitos arrojados desde las tribunas cuando los equipos aparecían por el túnel, signo de la época. La pelota, sobre el “verde césped”, como decía Labruna, apenas se distinguía.
Para la revancha, Gatti se acordó de aquel partido. Y supuso, supuso bien, que ocurriría lo mismo. En la semana previa al partido en la Bombonera visitó el local de Adidas y vio la pelota naranja. Le comentó a Francisco Lamolina, árbitro del siguiente Superclásico, si no se podría jugar con esa pelota para que se distinguiera del campo, que seguramente también estaría minado de papelitos. Lamolina aceptó. En Boca no dijeron nada. Así jugaron el primer tiempo, con River ya consagrado campeón e iniciando el año mágico que continuaría con la obtención de la primera Libertadores y de la Intercontinental ante el Steaua de Bucarest.
A la media hora hubo una falta sobre la derecha. Enrique envió el centro y Alonso entró a la inmortalidad cabeceando sin marca y sometiendo a Gatti para marcar el primer gol con esa pelota naranja.
En la segunda parte, cuando barrieron buena parte de los papelitos, se jugó con la Tango tradicional blanca con ribetes negros. Y el Beto marcó el segundo en un tiro libre “con ayuda”. Su remate se desvió en Passucci y descolocó a Gatti. River ganó 2-0, pero aquel partido quedó grabado a fuego como el del “gol de la pelota naranja”.
No conforme con su doblete, Alonso se empecinó en dar la vuelta olímpica, aunque algunos compañeros y directivos le sugirieron no hacerlo para no exaltar los ánimos boquenses. Nada. Alonso encabezó la vuelta frente a los palcos, giró antes de llegar al arco de La 12, donde había hecho su gol célebre, y llevó a todo el equipo frente a las tribunas del Riachuelo, donde la gente de River se tiraba de cabeza celebrando el triunfo, el campeonato y la vuelta.
Gatti; Di Natale, Higuaín, Passucci, Hrabina; Melgar, Olarticoechea, Hoyos (Dykstra); Graciani, Rinaldi y Tapia fueron los once de Mario Zanabria.
Pumpido; Saporiti, Ruggeri, Karabin (Borelli), Montenegro; Enrique, Gallego, Alonso, Alfaro; Amuchástegui (Gorosito) y Morresi fueron los que puso Héctor Veira.
La pelota naranja desapareció varios años, sin que nadie se preocupara mucho por su destino. Se la había llevado a su casa Lamolina, quien luego la donó al Museo River, donde hoy está en una caja vidriada, protegida, como si fuera la Mona Lisa. Alonso también está. Está entre los mayores ídolos de la historia de River.









