La literatura fantástica de Julio Cortázar vista en clave política

La literatura fantástica de Julio Cortázar vista en clave política

Este 12 de febrero se cumplió otro aniversario del fallecimiento del escritor argentino Julio Cortázar, ocurrido en 1984. Aprovechamos esta fecha para evocar al reconocido escritor argentino, centrándonos no en su trayectoria en general, sino en un aspecto específico de ella. Nos interesa aquí explorar la relación entre ciertos relatos fantásticos de su autoría y su postura política inicial.

Como es conocido, Cortázar se manifestó en contra del peronismo, aunque posteriormente reconoció que esa posición fue un error de juventud. Lo llamativo en su caso es el tipo de literatura que desarrollaba en relación con aquella postura: el género fantástico. En los textos de corte realista, la dimensión política suele ser evidente. Por ejemplo, en No habrá más penas ni olvido, de Osvaldo Soriano, que analizamos recientemente en una nota en este medio (6/01/2026), se representa de forma clara el enfrentamiento entre facciones opuestas del peronismo en los años setenta.

En cambio, los relatos fantásticos no muestran la política de manera explícita, ya que este género se caracteriza por sorprender al lector con una ruptura de la realidad inicial, sumiéndolo en la duda sobre lo sucedido. Aunque cualquier obra literaria admite diversas interpretaciones, en el género fantástico este rasgo se acentúa notablemente.

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Respecto a Casa tomada, el primer cuento que comentamos, el propio Cortázar ha señalado que nació de una pesadilla y que no fue escrito con intención política, aunque ha admitido que esa lectura es posible. Es importante mencionar que Casa tomada no solo es uno de sus relatos más célebres, sino también el ejemplo paradigmático de cómo se han interpretado políticamente algunos de sus textos.

El cuento fue publicado originalmente en una revista en los años cuarenta y luego incluido en el libro de relatos Bestiario (1951). El narrador describe una casa espaciosa, apta para varios habitantes, pero en la que solo viven su hermana Irene y él. Ambos son solteros y, por pertenecer a una familia acomodada, no trabajan y viven de una herencia. Además, se detalla la casa, indicando que tiene dos sectores separados por una “maciza puerta de roble”.

La rutina de los hermanos se ve interrumpida de repente por un hecho extraño: “El sonido venía impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. (…) Me tiré contra la puerta antes que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo (…) Fui a la cocina, calenté la pavita, y cuando estuve de vuelta con la bandeja del mate le dije a Irene:

—Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado la parte del fondo.

Tras la ocupación de una parte de la casa por desconocidos (en ningún momento se explicita quiénes son), los hermanos intentan adaptarse a vivir en el sector no invadido. Sin embargo, después de un tiempo, esa aparente normalidad se rompe nuevamente por otro avance de los ocupantes, que parecen haber atravesado “la puerta de roble”. Ante la ocupación total, los hermanos no tienen más opción que abandonar la casa, concluyendo así el relato: “Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada”.

Una interpretación política de este cuento fue propuesta por Juan José Sebreli en su ensayo Buenos Aires, vida cotidiana y alienación (1964), donde sostiene que Casa tomada expresa de forma fantástica, aunque el autor no lo haya buscado, la angustia que la irrupción de los “cabecitas negras” generaba en la clase media. Por su parte, Germán Rozenmacher, con una visión ideológica opuesta a la de Cortázar, da a entender en su cuento Cabecita negra (1962) una perspectiva similar.

Esta interpretación, tanto de Sebreli como de Rozenmacher, de Casa tomada se ha vuelto tan clásica que se ha tornado imposible de ignorar, como sugiere el escritor y crítico Carlos Gamerro: “Lo importante, de todos modos, no es establecer quién llegó primero, sino admitir que la lectura de Rozenmacher-Sebreli de Casa tomada, lejos de constituir un disparate o un divague, se ha convertido en la mala lectura, o lectura fuerte hasta el punto que ningún crítico que quiera interpretar el cuento de Cortázar en otra clave puede darse el lujo de desecharla y mucho menos de ignorarla, sino que se siente obligado a refutarla”.

Por otra parte, recordemos que una característica esencial del género fantástico es que, aunque al principio se presenta una situación de manera realista, esta se ve abruptamente alterada por un hecho insólito. En este relato, ese elemento disruptivo es la ocupación de la casa por extraños nunca identificados. Precisamente, esa irrupción ha dado pie a una lectura política del texto, ya que podría asociarse con la aparición de las masas peronistas en la política argentina. Además, la irrupción en el género fantástico ocurre de manera repentina, al igual que la entrada inesperada de los seguidores de Perón en la escena nacional.

Ese ambiente de “invasión” se percibe en otras narraciones de Cortázar de esa época, por lo que, si se interpreta que dicha “invasión” está relacionada con el peronismo, el conjunto de relatos así considerados abarcaría diversos cuentos. De ellos, uno de los ejemplos más nítidos es La banda, cuento incluido en Final del juego (1956).

La banda es un relato enmarcado, es decir, hay un narrador que relata lo que le contó otro narrador, protagonista de la historia central: “En febrero de 1947, Lucio Medina me contó un divertido episodio que acababa de sucederle. Cuando en septiembre de ese año supe que había renunciado a su profesión y abandonado el país, pensé oscuramente una relación entre ambas cosas”.

Lucio Medina le cuenta que un día descubre que en el cine Ópera, uno de los más importantes de la época, proyectan una película que no pudo ver en su momento, por lo que decide ir. Allí, Lucio observa que el público presente es inusual: “Señoras preponderadamente obesas se diseminaban en la platea, y al igual que la que tenía al lado aparecían acompañadas de una prole más o menos numerosa. Le extrañó que gente así sacara plateas en el Ópera, varias de tales señoras tenían el cutis y el atuendo de respetables cocineras endomingadas”.

A pesar de lo anunciado, antes de la película aparece inesperadamente una banda musical femenina, similar a una banda militar, con chicas vestidas con uniformes llamativos: “Una inmensa banda femenina de música formada en el escenario, con un canelón donde podía leerse: ‘Banda de Alpargatas’”. Lucio se da cuenta de que era “una función para empleados y familias de la compañía Alpargatas”. La actuación de la banda se prolonga y recibe la aprobación de un público que Lucio considera fuera de lugar.

Tras esa intervención inesperada, proyectan la película prometida. Al terminar y tomar algo en una confitería, Lucio experimenta una especie de revelación: “Un momento de realidad que le había parecido falsa porque era la verdadera, la que ahora ya no estaba viendo. Lo que acababa de presenciar era lo cierto, es decir, lo falso. Dejó de sentir el escándalo de hallarse rodeado de elementos que no estaban en su sitio, porque en la misma conciencia de un mundo otro, comprendió que esa visión podía prolongarse a la calle”.

En este cuento aparece otra característica habitual del género fantástico, relacionada con la anterior: la dificultad de los personajes para distinguir la “verdadera realidad” de una “realidad aparente”, ambigüedad que también afecta al lector y genera extrañeza y desconcierto. En este caso, tras sentirse rodeado de un público que considera extraño, Lucio tiene la revelación de que la realidad que conocía no era la auténtica, sino una ilusión: “Un momento de realidad que le había parecido falsa porque era la verdadera, la que ahora ya no estaba viendo. Lo que acababa de presenciar era lo cierto”.

Aunque de forma distinta, Lucio experimenta una cierta “invasión” de representantes de las nuevas masas peronistas. No es casual el momento de los hechos (1947, época del peronismo), ni la mención de Alpargatas, que remite a la expresión: “Alpargatas, sí; libros, no”.

Asimismo, tampoco es casual que Lucio en ese mismo año 1947 “había renunciado a su profesión y abandonado el país”, partida que el narrador vincula con la nueva realidad descubierta a raíz de lo sucedido. Además, es relevante recordar que el propio Cortázar, al igual que Lucio, se marchó de Argentina en 1951 ante la nueva situación generada por el peronismo, que vivía como opresiva.

Ahora bien, una lectura política de los cuentos fantásticos de Cortázar no solo debe tomar en cuenta el tópico de la “invasión”, sino también el del “rechazo” directo. El texto Las puertas del cielo, incluido también en Bestiario (1951), ejemplifica los matices literarios que puede presentar el antiperonismo del autor. Si en la variante “invasión” hay un “otro” que de alguna manera invade un lugar habitual de los protagonistas, en esta, el narrador (el doctor Hardoy, un abogado de una clase social de más prestigio que otros personajes) concurre voluntariamente donde se encuentran esos “otros”. Junto a Hardoy, los otros dos personajes centrales del cuento son Mauro y Celina, que ofrecen cierta diferencia entre sí: “Mirando de reojo a Mauro yo estudiaba la diferencia entre su cara de rasgos italianos, la cara del porteño orillero sin mezcla negra ni provinciana, y me acordé de repente de Celina, más próxima a los monstruos”. Es decir, el hombre es de tez clara (lo mismo que, por supuesto, Hardoy), mientras que la mujer es de tez oscura.

Además, mientras en los anteriores cuentos la aparición de los “otros” era solo insinuada, en este relato aparecen de manera explícita y claramente desdeñosa: “Me parece bueno decir aquí que yo iba a esa milonga por los monstruos (…). Asoman con las once de la noche, bajan de regiones vagas de la ciudad, pausados y seguros de uno o de a dos, las mujeres casi enanas y achinadas, los tipos como javaneses o mocovíes, apretados en trajes a cuadros o negros, el pelo duro peinado con fatiga, brillantina en gotitas contra los reflejos azules y rosa, las mujeres con enormes peinados altos que las hacen más enanas, peinados duros y difíciles de los que les queda el cansancio y el orgullo”.

Con el paso del tiempo, Cortázar irá modificando su perspectiva ideológica y realizará en 1970 una autocrítica al referirse a la visión propuesta en este cuento: “Un cuento al que le guardo algún cariño, Las puertas del cielo, donde se describen aquellos bailes populares del Palermo Palace, es un cuento reaccionario; eso me lo han dicho ciertos críticos con cierta razón, porque hago allí una descripción de los que se llamaban los ‘cabecitas negras’ en esa época, que es, en el fondo, muy despectiva; los califico así y hablo incluso de los monstruos”.

Por último, cabe señalar que, si bien esta mirada sobre ciertos relatos fantásticos de Cortázar no es caprichosa y ha sido señalada por diversos analistas, igualmente debe recordarse que los textos literarios admiten distintas interpretaciones. Esta lectura en clave política de algunos cuentos del autor es ni más ni menos que una de las posibles sobre ellos.

*Licenciado en Letras (UBA), doctor en Ciencias Sociales (UBA). IG @carloscampora100.

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