En la Casa Argentina –Maison de l’Argentine– de la Cité Internationale Universitaire de Paris se alojan residentes de posgrado que completan su formación en universidades e institutos franceses de diversas disciplinas. Se trata de un espacio históricamente asociado a la excelencia académica, al intercambio cultural y a la convivencia plural. Sin embargo, en estos días la institución ha cobrado notoriedad en los medios argentinos y franceses a raíz de los escándalos protagonizados por su actual director, cuyos actos parecen contradecir de manera directa los principios universales de Libertad, Igualdad y Fraternidad que inspiran tanto a Francia como a la tradición democrática argentina.
Libertad, porque ha dispuesto el retiro arbitrario de una placa recordatoria de las desapariciones ocurridas durante la última dictadura cívico-militar argentina, en un gesto que no solo agravia la memoria de las víctimas y sus familiares, sino que también desoye el consenso histórico construido en torno a los derechos humanos, precisamente cuando se aproximan los 50 años del golpe de Estado de 1976. Y es sabido que quien desconoce la historia, corre el riesgo de repetirla.
Igualdad, porque ha expresado públicamente su rechazo a principios básicos de igualdad de derechos, tanto en materia de género como en el respeto a la diversidad, desconociendo valores que hoy constituyen pilares fundamentales de la vida universitaria y democrática.
Fraternidad, porque ha rechazado el diálogo con residentes y autoridades de la propia Cité Internationale, ignorando los mecanismos institucionales que históricamente han garantizado la convivencia en este ámbito plural.
De este modo, el actual director desatiende las bases mismas de la vida comunitaria que han caracterizado a la Maison de l’Argentine desde su fundación en 1928, posible gracias a la donación de Otto Bemberg. La Casa Argentina en París fue concebida, tras los estragos de la Primera Guerra Mundial, como un proyecto de paz basado en el conocimiento, el encuentro entre culturas y la formación de nuevas generaciones en un espíritu de cooperación.
Ese espíritu se ha manifestado durante décadas en su extraordinaria biblioteca, en su parque, en su teatro y en su cantina, como un verdadero espacio de encuentro entre el pensamiento académico y la creación artística.
Por sus habitaciones y pasillos han transitado figuras destacadas de la cultura y la ciencia argentina, como el pianista Bruno Gelber, el cirujano Juan Carlos Chachques, el escritor Marcos Aguinis o el extraordionario Julio Cortázar, entre muchos otros. Todos ellos formaron parte de una tradición que hizo de la Casa un ámbito de proyección internacional del talento argentino.
Los hechos ocurridos en las últimas semanas no solo desvirtúan esa trayectoria, sino que también afectan la imagen de la Argentina en su vínculo con Francia y con la comunidad académica internacional.
Allí donde supo haber exposiciones, conciertos, conferencias y debates, hoy se advierte una preocupante reducción del espacio público a reuniones de grupos de extrema derecha, lo cual resulta incompatible con la historia y la misión de la institución. Más aún, pone en evidencia un desconocimiento –o una negación– tanto de la memoria argentina como de los valores fundacionales de la propia Cité Internationale.
No se trata simplemente de una disputa ideológica o de una “batalla cultural”. Lo que está en juego es algo más profundo: la vigencia de principios que han permitido construir espacios de convivencia democrática en contextos internacionales complejos.
La Maison de l’Argentine no es un edificio más. Es un símbolo. Y como tal, implica una responsabilidad, la de sostener, en cada gesto institucional, los valores que le dieron origen.
Llama la atención que nuestro actual embajador no tome cartas en el asunto, ya que desconocer esta responsabilidad erosiona los lazos de confianza, respeto y cooperación entre sociedades.
Preservar la memoria, promover la igualdad y sostener el diálogo no son consignas abstractas: son condiciones indispensables para la vida democrática, y es precisamente en ámbitos como la Cité Internationale donde esos valores, en lugar de ser atacados, deben ser defendidos.
Diana Saiegh es exdirectora de la Casa Argentina en París.










