la primera muestra antológica de Fernanda Laguna en el Malba

la primera muestra antológica de Fernanda Laguna en el Malba


El corazón de Fernanda Laguna es un imán que consigue atraer proyectos, personas, deseos mientras que su cerebro de gestora logra llevarlos a cabo. Es imposible deslindar a la artista de su rol de posibilitadora, como si hubiese inventado el multi task cultural a fines de los 90, antes de que se convirtiera en un aspecto negativo del vínculo del ser humano con los medios de producción. Sin embargo, en más de trés décadas de carrera Laguna fue muy productiva y el multi task es hoy su sello de artista. Por primera vez se le dedica una muestra antológica en el Malba, que reúne desde sus primeras obras hasta sus proyectos activistas más recientes y recrea algunos espacios culturales y de encuentro que todavía gestiona. Desde su primer local Belleza y Felicidad –que se convirtió en un hito en la historia del arte argentino contemporáneo– la artista que intentó enunciarse como independiente se convirtió rápidamente en un nombre clave en la historia del arte contemporáneo argentino.

Sentada en un living de sillas y mesa de hierro, el tipo de mueble que se encuentra en un jardín, el mismo que se ve en las fotografías pegadas en la pared de los tiempos de Belleza y Felicidad, Fernanda Laguna recibió a Clarín en medio del montaje de su muestra.

Mi corazón es un imán reúne más de 200 obras de todo tipo de materialidades. La muestra, según repone la artista, está dedicada a los espacios y a las editoriales independientes que considera claves en la construcción de la cultura de cualquier comunidad.

Sin embargo, la curaduría de Miguel A. López fue más allá e incluyó abundantes obras pictóricas, objetos intervenidos, ediciones de sus libros, fotografías e intervenciones sobre las paredes que acompañan las obras, otro sello de autor. El próximo año tendrá su versión adaptada en el Museo Reina Sofía de Madrid.

Mundo naif, femenino, cotidiano

Desde sus inicios el trabajo de Laguna osciló entre una abstracción colorida y una figuración derivada de la cultura de consumo masivo y las manualidades. El mundo naif, femenino, cotidiano, de colores pasteles es la puerta de entrada a un arte de protesta, donde los activismos trascienden los formatos tradicionales y urgentes como la pancarta y el cartel, para tomar forma de proyecto comunitario, donde la belleza y el placer cobran especial relevancia.

–Es la exhibición más completa de toda tu trayectoria, ¿por qué hacerla ahora?

–Y uno nunca sabe cuándo va a estar vivo y cuándo va a estar muerto, así que… Siempre es un buen momento. Pero… Digo, no es una muestra definitiva. No la siento como algo definitorio, como el final de la carrera.

Fernanda Laguna recorrió con Viva su muestra “Mi corazón es un imán” en el Malba. Foto: Ariel Grinberg.

–¿Qué va a encontrar el público acá en Malba? ¿Vos elegiste qué mostrar? ¿Elegiste las temáticas?

–Sí, sí elegí. Pensé que todo esto es gente, gente, gente, gente. Mucha gente participando, haciendo cosas, en cada uno de los locales, en Belleza y Felicidad. Y entonces traté de poder manifestar algo de eso. Están los libros, las ediciones que me hicieron. Como que mucha gente va a venir y se va a sentir… se va a ver en algo, o que estuvo en un evento o en algo.

–¿Toda esa gente sigue presente? ¿Sigue con vos?

–Sí, mucha gente. Otras se fueron. Está el público, esa gente que viene siempre. Que es re importante porque también hacen al lugar. Viste, como que vos tenés algo así, vacío, y me parece raro.

Si se piensa en los espacios de arte de los 90, en particular los que surgieron al calor de las expresiones de las disidencias sexuales, el Centro Cultural Rojas aparece como punta de lanza de una generación.

Eran lugares de exhibición, pero sobre todo, de encuentro en tiempos analógicos. Laguna llegó ahí a mediados de los 90 con un arte muy propio, que hoy se entiende como en un camino paralelo al que hacían sus contemporáneos que también circulaban por ese espacio pero cuyos temas se enfocaban más en la homosexualidad, la crisis del VIH, el amor y el kitsch. Sin embargo, tenían un punto en común: los materiales cotidianos, urgentes, a disposición en un contexto de crisis y escasez de fondos.

Lo que tengo ganas de hacer

Jorge Gumier Mayer, director de la galería del Centro Cultural Rojas, recibió la carpeta de Laguna y le abrió la puerta sin tener certezas de si lo que hacía era una genialidad o si se trataba de cuadros de una señora mayor aficionada. Desde su irrupción en el sistema del arte porteño hizo lo que sintió. “Voy a hacer exactamente lo que tengo ganas de hacer y no me voy a mover de ese lugar –recordó que pensó en aquel momento–. Entonces, empecé a copiar figuritas de brillantina y a tejer gobelinos que ya venían que ya venían pintados”.

Fernanda Laguna recorrió con Viva su muestra “Mi corazón es un imán” en el Malba. Foto: Ariel Grinberg.

En 1999, muy tempranamente en su carrera, Laguna inaugura junto a su par Cecilia Pavón el local Belleza y Felicidad y, no lo sabía en ese momento, su espacio será una bisagra en una época del arte argentino; es el puente que une uno de los períodos más disruptivos como fue la década del 90 con la generación que pese a la crisis del 2001 siguió haciendo arte.

Belleza y Felicidad fue una regalería, galería de arte y editorial independiente que funcionó en tiempos de transformación de modelos artísticos y de pensar nuevas formas de organización afectiva y política. Pero lo que sobre todas las cosas empujó al dúo Laguna-Pavón (trabajan juntas hasta finales del 2001, luego Laguna queda al frente del proyecto) a abrirla fue la ausencia de espacios independientes.

“Desde el primer momento no sabíamos bien lo que íbamos a hacer, pero fue tal la necesidad que había en la comunidad de que hubiera un espacio que tuviera que ver con el presente, que tuviera que ver con poder hacer una muestra en dos meses. Entonces, esto fue como un espacio armado desde la precariedad. La precariedad es como una estética, se convierte en una estética”, explicó Laguna durante la presentación de su muestra a la prensa.

Fernanda Laguna recorrió con Viva su muestra “Mi corazón es un imán” en el Malba. Foto: Ariel Grinberg.

Durante sus ocho años y medio de actividad sus salas y anexos albergaron 226 exposiciones y cientos de eventos que incluyeron poesía, moda, performance y música. Como editorial, Belleza y Felicidad resignificó la idea de libro publicando cientos de novelas breves y poesía, principalmente queer,en folletines fotocopiados que se distribuían junto con objetos decorativos expandiendo el circuito literario.

–Vos sos de la generación del post-90, post-crisis. ¿Cómo hacían para pensar en arte en una época donde todo era sobrevivir?

–Primero fue pensar que no había espacios independientes. Era otra cosa hacer arte, digamos. El único espacio que era independiente era el Rojas, que era de la universidad, pero que se manifestaba como un espacio independiente. Y fue como que… No solo eran las necesidades de comer y de vivir, sino también de poder expresar. Como que había un vacío en la parte de artes visuales para artes visuales que fueran menores. Menores en el sentido de más espontáneas. Por ejemplo, eventos, muestras que surgían de un día para otro. Entonces, como que también estaba esa necesidad dentro de todas las necesidades que había en la época. Un poco en lo que trabajamos siempre fue, lo que dice Roberto Jacoby, en las tecnologías de la amistad. La amistad como tecnología, un entramado que permite que se hagan cosas. La amistad pensando no en tu mejor amiga, sino como como un lazo entre personas. Que alguien que se junta en un bar a tomar algo y de ahí surge la amistad. Y por ahí dura tres horas la amistad. Había mucho de eso en esa época.

–Usabas la vida cotidiana como tema, elementos que creaban ternura dentro de la vida cotidiana. ¿Por qué surgió todo eso?

–Yo vengo de una formación muy católica, que la dejé y no la quise más porque me hacía mucho daño. Entonces, el arte me pareció que era un lugar también de lo sagrado. Siempre traté de profanar el mismo arte para que se vuelva algo utilitario. Como la copa del cáliz, que se utiliza y después la podés usar para tomar vino en tu casa. Con mis cuadros trataba de hacer algo que se vea como un cuadrito de cualquier casa, como algo que lo podría haber hecho cualquiera. No son cuadros geniales. No me interesa la genialidad ni ese lugar.

Fernanda Laguna recorrió con Viva su muestra “Mi corazón es un imán” en el Malba. Foto: Matías Martín Campaya.

–¿Desde esa época ocupabas todos los casilleros de gestora, artista, poeta? ¿Te sentís todo el tiempo todo eso o depende el proyecto en el que estés? No hay muchos como vos.

–Sí, Rosario Blefari. Era una época también que las mujeres éramos más de ser varias cosas por esta cuestión de compartir, de la sociabilidad que tenemos. Siempre se habla del genio solitario y la mujer como que siempre viene con más gente. Había muchas que eran actrices, músicas, fotógrafas, plásticas. Lo que pasa es que todo eso antes no era visto como un valor. Ahora ya se ve que podés ser todo eso. como si fuera un transformer. No es que uno es una cosa y después es otra.

Movilización social y el activismo

Belleza y Felicidad albergó fiestas, pero también vio nacer procesos creativos vinculados a la movilización social, el activismo y las causas populares. Esto último trascendió al local del barrio de Almagro y llega hasta el día de hoy como columna vertebral de las producciones de Laguna de la última década. Malba le dedica toda su sala del subsuelo a la versión activista de la artista.

–La sala de la planta baja es la sala más activista. Vos marcaste tres momentos ahí: uno que es la actualidad, otro 2015, y otro la lucha por el aborto. ¿Cómo fue cambiando tu forma de co-habitar el mundo del feminismo y del arte?

–Fue un aprendizaje. Yo creo que el feminismo es un aprendizaje, no es un lugar que existe, sino que es un lugar que permanentemente genera ideas nuevas, genera formas de ser nuevas. Entonces yo fui aprendiendo muchas cosas. También tuve que deconstruir el machismo que hay en mí. Y a veces cuando tenés que deconstruir tanto, después se vuelve como una potencia.

Fernanda Laguna recorrió con Viva su muestra “Mi corazón es un imán” en el Malba. Foto: Matías Martín Campaya.

–Es muy interesante la pared que habla sobre los activismos actuales. ¿Cómo nos paramos hoy? ¿Cómo se sigue aportando el arte en esta situación que no tiene nada que ver con la del 2015 o 2018? ¿Cómo se trabaja en tiempos donde todo se cuestiona?

–Los tiempos actuales son las luchas queer como LGTBIQ y las luchas antifascistas, por ejemplo, contra los migrantes. Contra, también, esto que que se dice mucho, ‘negro de mierda’, hay mucho racismo, clasismo. Yo creo que el feminismo, desde el 2015 a esta parte, lo que tiene de bueno es que logró volverse popular. Y eso es un gran logro, más allá de los sub-logros que hay. Ahora el feminismo está en todos los barrios, hay organizaciones feministas en comedores, etc.

Derecho al placer

El local de Belleza y Felicidad funcionó hasta 2007, pero en 2003 Laguna había lanzado un apéndice de éste en forma de proyecto cultural. Belleza y Felicidad Fiorito nació de una performance casi espontánea: la artista un día salió a la calle y se propuso regalarle 10 paquetes de fideos al mes a la primera persona en situación precaria que se cruzara. En ese contexto conoció a Isolina “La Negra” Silva, que tenía un comedor en la localidad bonaerense.

Mi corazón es un imán resulta un repaso por los momentos más importantes de la carrera de Laguna. A medida que se avanza, el recorrido echa luz a los orígenes de muchas de las manifestaciones feministas actuales en el país y cómo –probablemente en tensión con el feminismo de la academia– encontraron su llamado a la acción en la vida cotidiana, la colaboración, la amistad, la fantasía, el juego y la belleza.

Fernanda Laguna recorrió con Viva su muestra “Mi corazón es un imán” en el Malba. Foto: Ariel Grinberg.

– El proyecto fascinante es el Comedor Gourmet porque toma el concepto de derecho al placer. ¿Cómo surgió eso? ¿Cómo surgió la idea de tener derecho al placer?

–Es algo que siempre estuvo en Belleza y Felicidad Fiorito. Al principio nos cuestionaban por qué llevar arte en una villa y gastar plata en hojas, en cosas, mientras hay gente que no tiene para comer. Es un derecho el arte, de obtener la expresividad y poder aprender a expresarte. Hay muchas necesidades que tienen las personas y una de las necesidades es el derecho al placer. El derecho a poder disfrutar, a sorprenderte con una comida. Decir, ‘uy, este sabor me gusta’, ‘no me gusta’. Aprendés de vos mismo aprendiendo con la comida.

Hoy Belleza y Felicidad Fiorito se articula en cuatro ejes: educativo,con “La Escuelita” y talleres para niños y adultos; expositivo, a través de la galería La Joya –recreada en Malba con motivo de la exhibición de Laguna– y una colección de 30 ediciones y postales que narran el barrio desde el barrio; acciones sociales, como el proyecto Orgullo Cartonero, el Restaurant ByFy el Comedor Gourmet, que da de comer todos los sábados a 250 personas; y trabajo, con iniciativas artísticas orientadas a generar ingresos como el taller de serigrafía, gastronomía y participación en ferias.

Fernanda Laguna. Mi corazón es un imán, 1992-2025, del 13 de marzo al 25 de mayo en el Malba (Av. Figueroa Alcorta 3415).

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