las «esposas tradicionales» y las libertarias-fem buscan su lugar

las «esposas tradicionales» y las libertarias-fem buscan su lugar


Cuando el feminismo del siglo XXI reclamaba (o reinstalaba en la discusión pública), entre otras cosas, nuevos protagonismos para la mujer, aparecieron las tradwives. Ellas son, en rigor, un fenómeno de redes sociales nacido en los Estados Unidos y Gran Bretaña. Pregonan el retorno a los roles de género tradicionales, sobre todo la vuelta de las mujeres al ámbito doméstico.

En su comunidad online, The Tradwife Club, proponen darles prioridad a la familia, la casa y el apoyo al marido por ser “pilares fundamentales de una vida feliz”.

En este marco, presentan al “esposo tradicional” como aquel que “asume la responsabilidad de proveedor, protector y líder del hogar”.

En redes sociales, las esposas tradicionales se caracterizan por una estética que evoca los años cincuenta, son mayoritariamente blancas, de clase media alta, sonríen y preparan recetas de cocina en mansiones bucólicas, mientras sus hijos corren y ríen alrededor.

La mayoría se ubica en la derecha política, promueven ideales conservadores y ligados al supremacismo blanco y suelen ser fundamentalistas religiosas.

Algunos de los valores que fundan la comunidad son la “fe y espiritualidad”, la “crianza intencional” y la “modestia”.

Entre las tradwives más conocidas está Estee Williams (27), quien en uno de sus reels de Instagram afirma que no está en contra de las mujeres que quieren seguir una carrera, pero la prioridad “siempre debería estar en ser una esposa y una madre, y eso es lo mejor de este movimiento. Estamos volviendo al orden en un mundo caótico”.

No hay nada de malo en querer que te cortejen, usar cosas femeninas o casarte con tu verdadero amor.

Alena Kate PettitEscritora tradwife

En la misma línea está la australiana Jasmine Dinis (25), quien comparte afirmaciones bíblicas sobre feminidad.

En uno de sus reels más recientes dice: “Si querés que tu marido cambie, entonces recordá que tu sumisión silenciosa lo va a cambiar mucho más rápido que tus opiniones ruidosas”. Y lo justifica citando el pasaje de la Biblia de Pedro 1:3.

Si la Biblia es el texto de cabecera de las tradwives, el libro de Alena Kate Pettit (38) Damas como nosotras ocupa, sin duda, un lugar importante ya que funciona como una guía para la feminidad tradicional a través de la fe.

En él se lee: “No hay nada de malo en el sueño que tuviste cuando tenías seis años. Querer que te cortejen, usar cosas femeninas, casarte con tu verdadero amor, hornear pasteles, criar bebés y vivir felices para siempre”.

Cambiar lo que pertenece al mundo de los sentimientos, de lo visceral y de lo privado es lo más desafiante.

Mónica TarducciAntropóloga

Una intensa minoría

Ahora bien, es importante destacar que el fenómeno de las tradwives corresponde más a una tendencia en redes que espectaculariza la intimidad y que promueve una aspiración más que a un movimiento en verdad masivo.

Y aunque el estilo de vida que defienden es contradictorio con el hecho de que estas influencers son empresarias que monetizan su contenido, cabe la pena preguntarse qué es lo que atrae de esta fantasía que retoma el ideal victoriano de mujer como “ángel del hogar”.

En conversación con Viva, Silvana Darré Otero, doctora en Ciencias Sociales (FLACSO-Argentina), explica que esta figura funciona como “una fantasía insostenible para la mayoría, pero un vehículo eficaz para la difusión de la metapolítica de derecha y los discursos antifeministas en el ecosistema digital”.

También sostiene que el fenómeno dialoga con el cansancio frente a un modelo que prometía compatibilizar carrera, pareja e hijos sin modificar las condiciones materiales de vida.

En ese sentido, el atractivo de estas narrativas, asegura Darré Otero, “no puede separarse de la precariedad económica ni de la dificultad para conciliar trabajo y vida personal que atraviesa a las generaciones más jóvenes”.

Esta académica añade que en muchos comentarios de las influencers tradwives aparece una responsabilización hacia el movimiento feminista con mensajes como “me cansé del feminismo y de trabajar 20 horas por día, quiero volver al pasado”.

Esto supone una paradoja ya que, dice, “responsabilizan al feminismo de algo que es propio del capitalismo, del sistema de producción y de organización del trabajo, en el cual hay que trabajar cada vez más”.

La antropóloga Mónica Tarducci, directora del Instituto de Investigaciones y Estudios de Género de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, advierte que el feminismo enfrenta dos grandes campos de batalla: el de los derechos legales, políticos y económicos; y una transformación cultural mucho más lenta.

Revolucionar la vida cotidiana es muy difícil. Cambiar lo que pertenece al mundo de los sentimientos, de lo visceral y de lo privado es lo más desafiante”, afirma.

Jasmine Dinis, una influencer tradwife.

Desarman el supuesto de que, para ser feminista, tenés que ser anticapitalista, estar a favor de Palestina y tener una posición contra Trump.

Melina Vázquez y Carolina SpataroInvestigadoras

Buscando un cuarto propio

Melina Vázquez y Carolina Spataro, en su libro Sin padre, sin marido y sin estado, analizan el movimiento de mujeres que forman parte de las nuevas derechas y que votaron a Javier Milei en las elecciones presidenciales del 2023. Un grupo que considera que el Estado es el peor enemigo de las mujeres y cree que en el espacio liberal “faltan minas”, por lo que busca sumar nuevas adherentes.

La pregunta que surge es: ¿se puede ser feminista y militar en espacios políticos cuyos principales referentes se presentan como antigénero y antifemenistas?

Vázquez y Spataro observan lo que ellas consideran uno de los movimientos más grandes del siglo XXI y las definen como aquellas mujeres que “buscan un cuarto propio entre dos tipos de disputa: con los sectores más conservadores del universo liberal-libertario y con el feminismo que ellas llaman ‘de las zurdas’”.

Estas militantes usan ropa de colores pasteles, se burlan del flequillo corto, llevan bijouterie y collares de perlas, reparten merchandising de stickers rosas con consignas como “Marx isn’t my vibe” (“Marx no me va”) o “Con libertad no ofendo ni temo”.

Quizás sea por estos modos de producción estética que surge en el imaginario colectivo la idea de la “novia libertaria” asociada a una tradwife.

En conversación con Viva, las autoras aseveran: “Podríamos dar mil razones para estar en desacuerdo con algunas de las premisas que ellas sostienen, la importancia que le dan a la meritocracia por ejemplo. Así y todo, jamás podría decir que la figura que explica a esas mujeres es la de las tradwives. Sin duda, las nuevas derechas han configurado un elemento en torno a una mujer que se queda en la casa ordeñando vacas, pero realmente cuando miramos a las mujeres activistas, estas figuras de esposas tradicionales no aparecen. Es un concepto que se instala sobre todo para subestimar al adversario político».

Las autoras agregan que lo que vienen a desarmar estas mujeres es “el supuesto de que, para ser feminista, tenés que ser anticapitalista, estar a favor de Palestina y tener una posición contra Donald Trump; o sea la cadena de equivalencias que propone el progresismo para pensar quién puede o no ser feminista”.

También denuncian la captura partidaria del feminismo al afirmar que “la izquierda nos robó las banderas”, y que el feminismo nació liberal y luego el feminismo radical que surge a fines de los sesenta comenzó a “mezclar la lucha de géneros con la de clases”.

El feminismo liberal-libertario no se rige por los temas que son clave en la agenda del feminismo que predomina en la Argentina, principalmente el aborto legal, la ESI, y la temática LGBTQ+.

Quizás el punto más controvertido para el feminismo “hegemónico” (como ellas lo llaman) sea la defensa del libre mercado como el mejor aliado para el empoderamiento y la emancipación de las mujeres.

En relación a esto, también sostienen su militancia sobre el paradigma del mérito usando a modo de frase motivacional el dicho de la filósofa Ayn Rand: “La pregunta no es quién me va a dejar, es quién va a detenerme”.

También están a favor de la libre portación de armas y muchas practican defensa personal y tiro.

“Más acá de cualquier intento de poner en juego un feministómetro que permita definir prescriptivamente si estas mujeres son o no feministas, optamos por mostrar los debates que sostienen en torno a este concepto y, sobre todo, invitamos a pensar más allá de los estereotipos y prejuicios para entender este activismo en sus propios términos”, escriben Vázquez y Spataro en la introducción del libro Sin padre, sin marido y sin estado.

Surgió una grieta en lo que antes se suponía monolítico. Y esto alienta incomodidad en dos direcciones. Incómodas están las mujeres liberal-libertarias que siguen construyendo un cuarto propio en espacios abiertamente antigénero y antifeministas.

Incómodas están las feministas “hegemónicas” que se enfrentan a un movimiento hasta el momento invisible, pero que ahora es imposible no abordar.

A la pregunta de si observaban que el feminismo estaba perdiendo vigencia en los últimos años en la Argentina, Vázquez afirma: “Al contrario. Lo que vemos es que es un movimiento que sembró mucho más allá de los campos que ya conocíamos y su masificación hizo posible que otras mujeres lo lleven a su activismo. Se está escribiendo un nuevo capítulo y la centralidad del feminismo en el discurso de la batalla cultural demuestra que se presenta como un enemigo vigoroso”.

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