Donald Trump tiene un umbral de dolor que no se mide en las encuestas, sino en los mercados de valores; en las cotizaciones de la Bolsa, la deuda y las materias primas. Así, en una mañana que amanecía negra en los parqués internacionales, el presidente ha anulado su propio ultimátum, que vencía esta madrugada, para anunciar ahora un parón de cinco días en los ataques sobre instalaciones energéticas de Irán y conversaciones “productivas” para terminar la guerra. El viraje de discurso ha sido de una magnitud proporcional al giro de los mercados. El precio del petróleo se ha desplomado por debajo de los 100 dólares por barril brent, con una caída que llegó a ser del 15%, mientras el Ibex ha cambiado una caída del 2,5% por ganancias de casi el 3% y, al cierre, un avance del 1,04%.
La jornada ha sido más propia de una película de los hermanos Marx que de las, supuestamente, hipersofisticadas finanzas de 2026. Los mercados arrancaron desplomados, se dispararon con el mensaje de la Casa Blanca, frenaron su euforia ante las primeras respuestas de Teherán —varias agencias de noticias desdeñaron el anuncio asegurando que no había contactos “directos o indirectos”— y aceleraron después, cuando el presidente explicaba a la cadena financiera Fox Business que un acuerdo podría llegar en pocos días. Una vorágine gestada de madrugada (desde las 7:00 hora local), mucho antes de que abriera Wall Street. Para cuando lo hizo, subía el 2%, el petróleo había regresado a los niveles de hace más de una semana y el Ibex subía el 3%. Después, la ausencia de claridad volvió a enfriar los ánimos.
Antes de todo eso, la perspectiva de una escalada militar había atemorizado a los inversores. El presidente había dado 48 horas a Teherán para permitir el tráfico por el estrecho de Ormuz, amenazando con atacar las infraestructuras eléctricas iraníes en represalia. En respuesta, Teherán amenazó con atacar plantas eléctricas y de gas en el Golfo. “De cumplirse las amenazas de Irán, país que a estas alturas tiene ya poco que perder, el escenario económico global se complicaría aún mucho más, lo que se reflejaría en nuevas caídas en los mercados de bonos y acciones mundiales”, explica Juan José Fernández-Figares, director de análisis de Link Gestión. Durante la mañana, de hecho, las pérdidas de la Bolsa (con un 3,5% cerró Japón) se extendían a los bonos, el oro y la plata, en una sesión de ventas masivas que solo beneficiaba al dólar.
Ahora, por el contrario, el presidente estadounidense ha anunciado que Estados Unidos y la República Islámica de Irán “han mantenido durante los últimos dos días conversaciones muy positivas y productivas sobre una resolución completa y total de nuestras hostilidades en Oriente Próximo”, según su publicación en Truth, algo que Teherán niega. “He ordenado al Departamento de Guerra que aplace cualquier ataque militar contra centrales eléctricas y las infraestructuras energéticas iraníes durante cinco días”.
No es la primera vez que el mercado tiene que cotizar un cambio de opinión de Donald Trump, comunicado como siempre en su propia red social, Truth. Hasta el punto de que se ha acuñado una expresión, TACO (Trump always chickens out, traducida como Trump siempre se acobarda), para los momentos en los que el presidente de Estados Unidos olvida bravatas y amenazas y da marcha atrás en decisiones que hacen daño en los mercados (y, en este caso, también al bolsillo de consumidores y votantes). Ocurrió con los aranceles, con el anuncio de despido a Jerome Powell al frente de la Reserva Federal, con la propuesta de anexión de Groenlandia y está ocurriendo ahora con la escalada en los ataques a Irán. Hace casi un año, el día que anunció la tregua de 90 días en la aplicación de los aranceles, el S&P 500 marcó una subida durante la sesión (de mínimo a máximo) del 10%.
En la sesión de este lunes, el petróleo brent, según los datos de la agencia Bloomberg, cotizaba en 113 dólares a las 12:05, hora peninsular española. A las 12:08 cotizaba en 96, un desplome del 15% en tres minutos para uno de los activos financieros con más volumen de negociación del planeta. La misma senda ha seguido el Ibex 35, que pasó de los 16.313 puntos a las 12:05 a los 16.995 a las 12:11, un 4,2% más arriba. La oscilación ha tenido, también, sus perdedores. Repsol se desploma un 6,6% después de pasar buena parte de la sesión entre las ganancias y las pérdidas. Y, en el lado contrario de la balanza, IAG sube el 4,7%, con una subida intradiaria del 8%. Las primas de riesgo europeas, que empezaron el día con subidas (la italiana llegó a 100 puntos básicos), desandaron el camino. A la inversa se movió el dólar, que osciló un 1,5% contra el euro para cerrar en torno a 1,16 unidades.
Las cotizaciones señalan el día de hoy como uno de los principales puntos de inflexión en el conflicto, pero no es el primero, y está por ver que sea definitivo. El pasado lunes 9 de marzo, el precio del petróleo registró la jornada más volátil de su historia, tocando los 120 dólares a primera hora de la mañana, antes de desplomarse un 30% y terminar por debajo de 90. La relativa complacencia de los inversores ha sido una de las constantes del conflicto, precisamente por la perspectiva del umbral del dolor de Trump. Al empezar los ataques de Israel y EE UU los analistas apuntaban a un plazo de cuatro semanas (que se cumplen este sábado) para que concluyeran las hostilidades y se recuperara la normalidad en el mercado. Pero a medida que se iban disipando los mejores escenarios, como ocurrió hace dos semanas, la presión ha vuelto a las cotizaciones. “Las crisis petroleras anteriores se desarrollaron a lo largo de muchos meses en términos del aumento de los precios del petróleo a medida que el impacto total se hacía más claro: fue durante unos cuatro meses en 1973 y un año en 1979″, recuerda Fernández-Figares
Pporque, mientras se cruzan las declaraciones, la situación sobre el terreno es la misma: el estrecho de Ormuz está cerrado, privando al mundo no solo del 20% del petróleo y el gas que se consume, sino también de fertilizantes, combustibles refinados y plásticos. Aun en el escenario de un final del conflicto, es una incógnita el tiempo que puede llevar la recuperación del suministro marítimo, teniendo en cuenta tanto los efectos de tres semanas de colapso como los daños sobre infraestructuras energéticas.
La Agencia Internacional de la Energía ha calificado la situación energética actual como la más grave de la historia, y su director ejecutivo, Fatih Birol, ha asegurado que 40 instalaciones ligadas a los hidrocarburos, en nueve países diferentes, han sido “severamente o muy severamente” dañadas. “Los daños implican que llevará algún tiempo que los yacimientos petrolíferos, las refinerías y los oleoductos vuelvan a estar operativos”, afirmó Birol. Son plazos, en todo caso, demasiado largos para el foco del mercado, más preocupado hoy de cotizar una marcha atrás de Trump que, para ser eficaz, necesita también de la luz verde de la contraparte iraní. De lo contrario, las exportaciones de petróleo seguirán comprometidas.
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