los increíbles misterios de la reina del misterio

los increíbles misterios de la reina del misterio


Tenía un don: imaginar crímenes sofisticados que se esclarecían con artes aún más sofisticadas que las utilizadas para matar. Justamente por eso, sus historias fascinaban, ya fueran en formato novela, obra de teatro, película o serie.

Hasta protagonizó un oscuro culebrón en la vida real que puso en vilo a la opinión pública británica. Sin embargo, Agatha Mary Clarissa Miller, conocida mundialmente como Agatha Christie, murió a los 85 años con la placidez de una dama millonaria en su mansión del condado inglés de Oxfordshire.

Fue el 12 de enero de 1976. Tenía 85 años. Medio siglo después, su nombre sigue siendo una institución en el género policial. Marcada por su origen de clase alta británica, los conflictos y personajes que escribió estuvieron influenciados por el mundo privilegiado en el que se movía, incluyendo viajes a lugares exóticos y hasta con algo de aventura y riesgo.

Egipto, Irak y Siria fueron algunos de los destinos que visitó mientras estuvo casada con su segundo marido, el arqueólogo Max Mallowan, con quien compartía la misma pasión por la egiptología. De hecho, sus visitas a sitios arqueológicos no eran en absoluto turísticas, ya que la escritora estaba realmente interesada en la conservación del patrimonio de ruinas como las de Ur y Nínive, en Irak, o las de Chagar Bazar, en Siria.

Agatha Christie en las excavaciones de Chagar Bazar, hoy Siria. Le interesaba la arqueología: su segundo marido, Max Mallowan, descubrió marfiles decorativos en Nimrud. Foto: EFE.

Nacida en 1890, en el sur de Inglaterra, podría decirse que, gracias a su estilo pulido y efectivo para manejar el género policial, fue una de las precursoras del best seller. Pocos, muy pocos autores, alcanzan los números de Agatha.

Se estima que vendió más de dos mil millones de ejemplares, una cifra que no para de actualizarse. Pero también publicó novelas románticas, cuentos (en ese caso con el seudónimo de Mary Westmacott, para no desilusionar a sus fans del policial) y algunas obras de teatro, como La ratonera o Testigo de cargo.

Algo en la vida de Agatha Christie estuvo marcado por las grandes cifras, porque si bien lo suyo eran las novelas, con La ratonera logró un récord insólito: es considerada la obra de mayor permanencia mundial en cartel, ya que se estrenó en Londres en 1952 y estuvo ininterrumpidamente (con cambios en su elenco, desde ya) hasta el 16 de marzo de 2020.

Agatha Christie y el empresario teatral Peter Saunders celebran el décimo aniversario de la obra de teatro La ratonera. Foto: Archivo Clarín.Agatha Christie y el empresario teatral Peter Saunders celebran el décimo aniversario de la obra de teatro La ratonera. Foto: Archivo Clarín.

Solo pudo frenarla la pandemia de Covid 19. Esta pieza tuvo, además, decenas de versiones en muchos otros países.

Niña con luz propia

Nacida en una familia acomodada (su padre, Frederick Alvah Miller, había heredado cierta fortuna de su familia), durante su infancia, al sur de Inglaterra, Agatha aprendió a leer con apenas cuatro años, en un contexto donde los niños (y las niñas menos aún) no tenían acceso masivo a una educación formal.

Sin embargo, sus padres le inculcaron la pasión por la literatura y así pasaron por sus manos las obras de Charles Dickens, Alejandro Dumas, Edgar Allan Poe y Jane Austen, entre otros.

La escritora, oriunda de Torquay, admitió la influencia de estos autores en su escritura, pero destacó que siempre buscó tener un estilo propio, algo que, consideraba, sólo se podía desarrollar con el paso del tiempo y con miles de horas escribiendo.

La poesía y sobre todo la música también fueron importantes en su formación, tanto que aprendió a tocar el piano y otros instrumentos.

De adolescente, tuvo una estadía como estudiante en París, lo cual contribuyó a fomentar su espíritu viajero desde muy temprano.

Agatha Christie en 1948, en su casa de Devonshire.Foto: AFP.Agatha Christie en 1948, en su casa de Devonshire.Foto: AFP.

En la casa familiar también circulaba el esoterismo, ya que a su madre, Clarissa Margaret Boehmer, le adjudicaban poderes psíquicos. Todo eso se convirtió en material para sus novelas.

De su primer marido, el ex piloto de combate Archibald Christie, con quien tuvo a su única hija, Rosalind, sólo le quedó el apellido, que intentó cambiar luego del divorcio, pero sus editores se lo impidieron porque aseguraban que una nueva firma en sus novelas crearía confusión en los lectores, aunque su estilo ya era fácilmente reconocible.

En aquella niña más bien solitaria y lectora nació una vocación. Más tarde, declararía no sin cierta ironía que, acorde a la época en el que tocó vivir, su profesión de escritora era, en realidad, su segundo trabajo ya que el primero era el de ama de casa.

De ahí que se le atribuyera la frase: “Los mejores crímenes se me ocurrieron mientras estaba lavando los platos”.

Pero antes, la joven Agatha trabajó como ayudante de enfermería en una farmacia durante la Primera Guerra Mundial. Como había pasado con otros temas, todo lo que aprendía iba a parar a su literatura.

En aquella experiencia laboral se instruyó sobre toxicología, ya que tuvo acceso a manipular venenos, medir dosis para posibles envenenamientos y distinguir entre todos sus síntomas.

Tal vez por eso, las muertes por envenenamiento, con las que estaba fascinada, son mayoría en sus policiales frente a las armas de fuego u otras formas de asesinato.

Once días desaparecida

Pero si de misterio hablamos, probablemente nada supere un episodio que la tuvo como protagonista en diciembre de 1926. Luego de que Archibald le pidiera el divorcio para casarse con una joven con la que jugaba al golf llamada Nancy Neele, Agatha, por entonces de 36 años, desapareció durante once días.

El caso revolucionó a la sociedad británica. Se desató una búsqueda desesperada que incluyó rastrillajes a cargo de quinientos policías y dos mil voluntarios civiles, y el dragado de estanques y arroyos.

Mientras Agatha Christie se convertía en un enigma frente a todo un país, las especulaciones circulaban al por mayor: se la creía secuestrada, muerta o abducida por extraterrestres.

El delirio generalizado era total. Incluso se llegó a decir que su desaparición era parte de una estrategia de marketing para una nueva novela, aunque ella claramente no la necesitaba.

Su caso llegó hasta la portada del diario norteamericano The New York Times, se ofrecieron recompensas por hallarla y hasta se consultó a médiums para dar con su paradero.

Varios días después de que encontraran su auto (un Morris Cowley gris) abandonado al costado de un camino y cerca de un lago, la escritora apareció en un hotel de un balneario bajo el nombre de Teresa… Neele.

El diagnóstico médico fue “amnesia temporal” provocada por una depresión debido al engaño de su marido y a la muerte de su madre, que había ocurrido ese mismo alño. Luego estuvo un tiempo internada en una clínica de rehabilitación.

Un libro reciente, Agatha Christie: Mysterious Life, de Laura Thompson, asegura que la desaparición fue un plan urdido por la propia escritora para conmover a su marido.

Su hipótesis, que dice estar basada en los archivos de la familia Christie, es la siguiente: el 4 de diciembre de 2026, despechada, Agatha le deja una carta de despedida a Archibald y se va con su auto.

Evalúa la idea de matarse, duerme en el coche y, al día siguiente, toma otra dirección. Tira el auto por un barranco y viaja en tren hacia el balneario de Harrogate.

En ese interín, le envía una carta a su cuñado, Campbell Christie, en la que le notifica que se ha alojado en el hotel Hydro. ¿Con qué intención manda ese mensaje? Con la de que Archibald vaya a buscarla. Pero pasan los días y esto no sucede.

¿Con qué intención manda ese mensaje? Con la de que Archibald vaya a buscarla. Pero pasan los días y esto no sucede.

Aunque suene ridículo en estos tiempos de geolocalización y comunicaciones instantáneas, la Policía británica continuó rastrillando la zona donde había aparecido el Morris Cowley gris sin ton ni son, y siguiendo cuanta pista aparecía en los medios de prensa.

Finalmente, Archibald fue a buscarla. Ella le dijo que no recordaba nada de lo sucedido. Dos años después, míster Christie se casó con su amante, Nancy Neele, a la que Agatha le había robado el apellido para registrarse en el hotel.

Escribir: una terapia

La habilidad que tenía Agatha para describir situaciones fácilmente reconocibles en la vida real tuvo una consecuencia inesperada: el MI5, servicio secreto británico, la tuvo en la mira durante la Segunda Guerra Mundial, investigándola para averiguar si sabía algunos secretos de guerra, como proclamaba uno de sus personajes en la novela N or M, en la que se hablaba sobre el rastreo de unos espías alemanes en territorio inglés.

Con un espíritu de aventura único, en 1922, durante un viaje a Hawai, Agatha descubrió el surf y quiso aprender, algo impensado para una mujer y menos aún para una señora de su clase.

Alcanzó un grado de destreza suficiente como para ser considerada una de las primeras surfistas británicas.

Agatha Christie en 1956. Consagrada y enigmática.Agatha Christie en 1956. Consagrada y enigmática.

Confesó que siempre había preferido escribir sus historias a mano y, recién después, pasarlas a máquina de escribir, muchas veces, con la colaboración de una asistente y secretaria a quien le solía dictar sus textos.

Aseguraba que escribir le resultaba natural y que, en algunos períodos más hostiles, como durante la Segunda Guerra Mundial, la ayudaba a desenfocarse de la realidad.

Además, se proponía que los lectores hicieran la pesquisa detectivesca a la par de sus personajes y, para eso, aseguraba que dejaba todas las pistas necesarias, como si fueran las migas que seguían Hansel y Gretel en el bosque, en este caso entre sus páginas, a disposición de quien quisiera encontrarlas y así desentrañar el enigma.

Ya convertida en una auténtica celebridad, recibió de parte de la reina Isabel II, la orden de Comendadora del Imperio Británico en 1956, título reservado para muy pocas personas y, además, el doctorado Honoris Causa de la Universidad de Exeter, en 1961.

Vital y curiosa hasta su final, su última aparición pública fue en la alfombra roja para el estreno de la película Asesinato en el Orient Express, en 1974. La última publicación de su famoso detective Hércules Poirot fue al año siguiente con la novela Telón que, en realidad, había escrito varios años antes.

Sus restos fueron enterrados en una pequeña iglesia cercana a su mansión, Winterbrook House, tal como lo había solicitado. A pesar de su enorme fama, nunca quiso que apareciera su imagen en la portada de sus libros. Prefería el perfil bajo y, como no podía ser de otra manera, el misterio.

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