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Un mono choro de cola amarilla, una especie endémica del Perú, posa sobre la rama de un árbol y salta a otra. Más adelante, un oso andino duerme en una cueva y, al despertar, camina en busca de agua en el Área de Conservación Privada (ACP) de la comunidad campesina de Corosha, en el departamento de Amazonas en Perú. De pronto, el oso es abatido por una escopeta. El video muestra a estas dos especies que habitan este bosque tropical, aunque ninguno de los animales es real: el mono es un pequeño peluche y el oso, en realidad, es un niño disfrazado. Se trata del cortometraje realizado por los menores de la comunidad, quienes, desde su propia mirada, buscan mostrar cómo el tráfico ilegal de fauna afecta la biodiversidad de su territorio.
Durante el corto también aparece la cría del oso, que tras la caza de su madre, intenta sobrevivir desesperadamente. El relato da un giro cuando otro oso llega a rescatarla y la salva de un traficante. En los casi cuatro minutos que dura el trabajo audiovisual, no solo se refleja la desesperanza con la que los niños y niñas —de entre 7 y 13 años— viven la amenaza de que los animales de su comunidad sean víctimas de la caza ilegal, sino también la picardía de cada uno de ellos cuando las risas y los juegos se cuelan en algunas escenas del rodaje.
“La grabación fue muy genial y con mucha diversión”, cuenta Gino Rossel Gonzales Goñas, de 11 años, cuya escena favorita es la que graban dentro de una cueva. “También fue muy duro, lo hicimos en cinco horas”. Rossel tuvo el papel de camarógrafo y fue la primera vez que usaba una cámara. A través del documental querían compartir “la riqueza natural” que los rodea y a los animales que están en peligro de extinción para concientizar a más personas. Nació en Corosha, por lo que esta zona y sus animales endémicos son muy importantes para él. “Somos dichosos de tener estos animales donde vivimos”.
La comunidad campesina de Corosha tiene cerca de 600 habitantes y queda en una zona de transición entre los Andes y la Amazonia. Se conoce como bosque tropical o bosque de niebla y queda aproximadamente a 2.000 metros sobre el nivel del mar. Es un punto con alta biodiversidad: tiene número récord de pájaros y anfibios, se encuentra el mono choro de cola amarilla, el oso andino, el colibrí cola de espátula, entre otros. Además, cuenta con una reserva de agua que abastece a la comunidad y pueblos aledaños.

Por ello, en 2001, los comuneros se organizaron para conservar su espacio y en 2011 —con el apoyo de la asociación Yunkawasi, que trabaja por la conservación, gestión y gobernanza del territorio— crearon la ACP Hierba Buena-Allpayacu, a cargo de la misma comunidad, con 2.000 hectáreas. Ya en 2017 algunos miembros fundaron la Asociación Oso Dorado para poder canalizar y hacer viable el trabajo de conservación en la zona. Fanny Cornejo, directora ejecutiva de Yunkawasi, explica: “Quisimos que se forme una asociación de la propia comunidad para que unan fuerzas y tengan liderazgo, que sean líderes de su territorio e ingresos”. Ahora, además, Oso Dorado es una asociación encabezada completamente por mujeres.
El documental realizado por los niños del centro poblado Beirut forma parte de las múltiples actividades que impulsa la asociación. Oso Dorado se ha convertido en un referente de la conservación comunitaria en Perú y en otros países de Latinoamérica, tras lograr en estos años hacerse cargo de sus proyectos y gestionar de manera autónoma sus propios fondos. Su trabajo se enfoca en la protección de la flora y la fauna, el fortalecimiento del liderazgo femenino y el impulso de negocios sostenibles —como el ecoturismo y la artesanía con propósito—. Desde 2022, la asociación aborda la problemática del tráfico ilegal de fauna silvestre. Uno de sus trabajos ha sido la sensibilización de empresas de transporte y conductores, mediante charlas informativas y convenios que articulan a la empresa privada, el Gobierno y la propia asociación.

Rosmeli Ramos, presidenta de la asociación Oso Dorado, cuenta que cuando iniciaron eran 15 socios; actualmente son 30 —de los cuales 26 son mujeres—. “Nosotros nacimos dentro de los bosques y no queremos que se acaben, lo hacemos por nuestros hijos”, cuenta. Pero aparte de todos los logros que han tenido en temas de conservación —como la protección de recursos hídricos, el cuidado de las especies endémicas y el control de incendios forestales—, un importante logro para ella es el empoderamiento conquistado para las mujeres de la comunidad.
Las mujeres protectoras de la ACP y del mono choro de cola amarilla han luchado contra todo, especialmente contra la negativa de los hombres. Muchos maridos les prohibían asistir a las reuniones de Oso Dorado porque decían que era una pérdida de tiempo, y algunos de los presidentes de la comunidad intentaron impedir su trabajo a toda costa. Ramos recuerda: “Yo antes me quedaba en mi casa, pero ahora salgo, trabajamos y hasta hablamos en público. Las mujeres vencimos todo y salimos adelante”. Sin su trabajo, cuenta, todo el bosque estaría destruido y los animales no podrían vivir ahí. De todas formas, explica Cornejo, las hectáreas protegidas “son muy significativas, pero por sí solas son insuficientes”, ya que “son como una isla” en la zona.

Ese protagonismo femenino también llegó a uno de los trabajos audiovisuales. Junto con Yunkawasi y Oso Dorado trabajó Cinesia, una productora en Amazonas, y quienes fueron los encargados de enseñar a los chicos la metodología de cine participativo y la parte técnica en cinco sesiones. El segundo video fue el documental Antes de irme quisiera llamarte madre, dirigido por Iris Juárez Huachapa, de 15 años, quien decidió contar la historia de su madre y el trabajo que realiza día a día. “Las madres enfrentan desafíos y dificultades enormes y a menudo invisibles para los demás”, dice. “Mi madre se dedica a la agricultura y, como guía turística, trabaja duro. Decidí hacer el documental para que se muestre el trabajo de casa como uno tan exigente como cualquier otro”, cuenta.
Una vez grabados los cortometrajes, los chicos hicieron “el gran estreno”, cuenta Ramos. Vendieron sus entradas a un sol (0,25 euros) que incluía palomitas y gelatina. Por el altoparlante anunciaron el día y la hora y convocaron a todos los padres y los adultos de la comunidad. Fue un éxito. Gran parte de la comunidad asistió y uno de los objetivos de Oso Dorado se cumplió: que más padres sean parte de la asociación gracias al interés de sus hijos.










