Los partidos Liberal y Conservador, que entre mediados del siglo XIX e inicios del XXI se rotaron la presidencia de Colombia, este año no aspiran a llegar a las elecciones presidenciales con ningún candidato o candidata. Tampoco tiene carta fuerte La U, el partido que fundaron antiguos liberales y conservadores para apoyar al entonces presidente Álvaro Uribe en 2006, y que luego quedó en manos de otro cofundador, el expresidente Juan Manuel Santos. Pasa lo mismo con Cambio Radical, el partido originado en el ala derecha del liberalismo y que dirige el exvicepresidente Germán Vargas Lleras, que finalmente no fue ni candidato presidencial ni cabeza de lista al Senado, como esperaban muchos de sus militantes. Esto no quiere decir, sin embargo, que los llamados partidos tradicionales no tengan ganas de jugar en las presidenciales de mayo. Las elecciones legislativas del 8 de marzo, y las consultas entre algunos de los precandidatos presidenciales ese mismo día, probarán el peso electoral con el que cuentan, y a quién intentan endosarle sus votos.
“He escuchado que unos quieren apoyar a Paloma Valencia, a otros les gusta Juan Carlos Pinzón”, dice Lina María Garrido, representante de Cambio Radical. La congresista por el departamento de Arauca se volvió una de las voces más visibles de la oposición desde que hizo la réplica al discurso de Petro el pasado 20 de julio, un impulso con el que ahora apuesta a llegar al Senado con el número 6 de su lista. “Siempre estuvimos a la espera de la decisión de Germán sobre la Presidencia, no esperábamos que él fuera a tener un impasse de salud. Como nos quedamos sin candidato, ahora todos los aspirantes al Senado y la Cámara están haciendo sus apuestas”, cuenta. “Pero no podemos cometer el mismo error del 2022, cuando cada uno se fue a apoyar candidatos distintos, Fico o Rodolfo. Desde noviembre pido que toda la fuerza del partido se vaya con un solo candidato para enfrentar al petrismo”.
Ella quiere que ese impulso sea para el candidato de la extrema derecha, Abelardo De La Espriella, pues argumenta que él es quien más se acerca en las encuestas contra el candidato de izquierda Iván Cepeda. Vargas Lleras ha guardado silencio frente a quién apoyar, y falta ver cuál de los nueve aspirantes gana la consulta presidencial de la derecha sin Abelardo, la Gran Consulta por Colombia. Pero algunos de sus cercanos ya muestran su simpatía por el candidato ultra. Esta semana, Carlos Fernando Motoa, cabeza de lista al Senado, compartió en sus redes sociales la foto de la valla que decidió poner en las avenidas de Cali: aparecen él, Vargas Lleras y De La Espriella.
No todos los miembros de esos partidos tradicionales, sin embargo, creen que los votos que consigan en las legislativas tengan tanto peso en las presidenciales. “Hace 20 años los partidos tradicionales perdimos esa incidencia para la presidencia”, dice Hernán Andrade, exsenador y expresidente del Partido Conservador, quien aspira a regresar al Senado con el número 9 de la lista azul. “Juan Carlos Pinzón tiene carnet conservador, Mauricio Cárdenas también”, dice sobre dos de los aspirantes a la consulta que igual prefirieron recoger firmas. “Ahora jugamos a ser maquinarias parlamentarias. Las redes sociales rompieron los partidos, que ya venían desgastados, y ahora prefieren negociar con el candidato de turno”, dice el político huilense. En su lista al Senado, su partido ha perdido este año al barón electoral barranquillero Efraín Cepeda, quien es candidato presidencial pero se ha mantenido muy abajo en las encuestas y se dedica más a hacer campaña a sus aliados para las legislativas.
Un ejemplo claro de esa debilidad de los partidos tradicionales, señala Andrade, se vio en las presidenciales del 2018: el partido Conservador se fue con Vargas Lleras para la primera vuelta, al igual que La U. El exvicepresidente parecía invencible, pues sumaba el poder de su propio partido, Cambio Radical. Sin embargo, quedó de cuarto, con apenas el 7% de los votos. Solo le fue peor al candidato del Partido Liberal, Humberto de la Calle, quien solo sacó el 2%. “Por eso, los congresistas ahora están más preocupados por cuidar su feudo particular, o por saber si partidos nuevos como Salvación Nacional [que avaló a Abelardo de La Espriella] nos quitan curules», añade. El veterano político no desdeña el poder que pueda mostrar una opción de extrema derecha. “Los conservadores no lo dicen públicamente, pero ya están con De la Espriella, porque el 80% o 90% del voto conservador ya está con él”.
La apuesta del Partido Liberal para las presidenciales será una gran incógnita. La bancada más grande del legislativo se mantuvo fuerte en las urnas en 2022 pese a la falta de candidato, pero sus miembros han estado divididos durante todo el Gobierno de Gustavo Petro, con oficialistas, independientes y opositores. La cabeza del partido, el expresidente César Gaviria, incluso se ha reunido con su viejo enemigo político, el expresidente Álvaro Uribe para conformar una alianza antipetrista.
Pero si la candidata del uribismo, la senadora Paloma Valencia, gana la consulta de la derecha, no es claro que los liberales quisieran apoyarla en las presidenciales. Por un lado, uno de sus senadores más visibles, el atlanticense Mauricio Gómez Amin, retiró en diciembre su precandidatura presidencial para apoyar la campaña de De La Espriella. Por otro lado, varios de sus cabezas en Antioquia, como Julián Bedoya o María Eugenia Lopera, están cerca de la izquierda, específicamente, apoyando la candidatura del exembajador Roy Barreras, quien le compite a Iván Cepeda por la aspiración más fuerte del continuismo, y el 8 de marzo tendrá una oportunidad de aumentar esa puja con su casi inevitable victoria en la consulta del Frente por la Vida. Es algo que no pasa desapercibido y que muestra la división de los tradicionales: “Gracias a la fuerza liberal mayoritaria de Antioquia por su decisión de respaldar mi candidatura en la consulta”, dijo Barreras a Bedoya en un evento organizado en Medellín. Porque si algo han demostrado las maquinarias y caciques de los partidos tradicionales, es que, con o sin presidente propio, con mandatarios de izquierda, centro o derecha, han encontrado siempre cómo cuidar su poder.










