Los sueños, los secretos y los desafíos extremos de Tiziano Gravier, el hijo de Valeria Mazza, a horas de su debut en los Juegos Olímpicos de Invierno

Los sueños, los secretos y los desafíos extremos de Tiziano Gravier, el hijo de Valeria Mazza, a horas de su debut en los Juegos Olímpicos de Invierno


«Sos vos, la pista y el cronómetro. Y tenés que hacer lo mejor que puedas». Tiziano Gravier resume en esa simple frase la razón por la que, cuando era muy chiquito, se enamoró del esquí alpino, un deporte que descubrió durante las vacaciones familiares, al que terminó dedicándole su vida y que lo llevó, con mucho esfuerzo y trabajo de por medio, hasta los Juegos Olímpicos de Invierno de Milano-Cortina, que arrancarán oficialmente este viernes, con la ceremonia de inauguración que se celebrará en la primera de esas ciudades sede.

«Lo que me gustó fue que al momento de competir, todo depende de uno, aunque eso puede ser un arma de doble filo. Es un deporte en el que todos arrancan con el cronómetro en cero y, la mayoría de las veces, en igualdad de condiciones. Es un poco cruel a veces, cuando no va muy bien es duro y te obliga a ser muy sincero con vos mismo, autocrítico. Pero cuando va bien es una sensación espectacular. Al final, al momento de pararse arriba de la pista y tirarse, hay que tener mucha confianza y mucha garra», reflexiona el porteño de 23 años -hijo de la modelo Valeria Mazza y el empresario Alejandro Gravier– en charla con Clarín, días antes de su debut absoluto en una cita olímpica de mayores.

Gravier, uno de los ocho integrantes de la mayor delegación albiceleste de las últimas dos décadas, competirá en las nevadas montañas de Bormio, una pequeña localidad ubicada en medio de los Alpes, a unos 200 kilómetros -tres horas en auto- al noreste de Milán. Arrancará su participación en el Super G (el miércoles 11 de febrero a las 7.30 de Argentina) y luego se presentará en el Slalom Gigante (el sábado 14 desde las 6). Esas son dos de las tres disciplinas de velocidad del esquí alpino, en las que compite habitualmente en el circuito de Copas del Mundo, y representan un desafío casi extremo, porque en una bajada se pueden superar los 100 kilómetros por hora. Un desafío que Tiziano aprendió a disfrutar.

«Para mí, la sensación de hacer muy buenas curvas a alta velocidad es espectacular», asegura. «Quizás cuando llegás abajo, cuando terminás, podés pensar un poquito más en la bajada. Pero la verdad, yo disfruto cuando hago buenas curvas a gran velocidad».

-Habitualmente esas pruebas duran entre uno y dos minutos. ¿Cuán importante es no perder la concentración en esos momentos?

-Cuando vas a esa velocidad, sos vos y tu cuerpo, se sienten todas las piernas y hay muchas cosas para hacer en tan poco tiempo, así que tenés que estar muy concentrado. En ningún momento se me va la cabeza de lo que tengo que hacer. Voy pensando siempre en anticiparme mentalmente a lo que se viene, pero también en mantener la calma en el cuerpo para no hacer movimientos bruscos o apurados. Al final, hay que esquiar en el presente pero un poquito también en el futuro, porque cuando pensás demasiado en el presente, las cosas se pasan demasiado rápido.

-¿Hay consciencia de riesgo?

-Hay una noción de riesgo, pero somos profesionales y trabajamos todo el año para ir a competir bien preparados, confiar en nuestro cuerpo y en lo que hacemos. En Super G lo más rápido que fui fue a 135 kilómetros por hora. Pero eso se entrena desde el lado técnico, el físico y el visual también. Uno tiene que estar mentalmente preparado, porque a 130 km/h ves algo que está lejos y en una fracción de segundo lo tenés encima. El esquí es un deporte de riesgo, pero entendemos que es parte del juego.

-¿En algún momento de tu carrera sentiste miedo?

-Capaz cuando era más chico. Cuando arrancás a entrenar más las disciplinas de velocidad, al principio impresiona. Cuando las pistas son heladas, sabés que vas a ir a fondo y todavía no tenés muchísima experiencia, capaz que algunas mariposas en la panza aparecen. Aunque no sé si la palabra sería miedo. Diría que tenés un poquito de dudas. Pero eso se trabaja. Y lo que está bueno es poder charlarlo cuando lo sentís. Tengo un entrenador que me decía eso. Esta bueno hablarlo, porque cuando lo hablás y lo concientizás, capaz el “miedo” baja y las dudas se van.

-Vos quizás estás acostumbrado a esas velocidades. ¿Cómo lo manejan tu familia, tus papás?

-A mamá le cuesta un poco más. (Risas) Hay un video muy gracioso de mi último Mundial Junior en Austria, que fue hace dos años. Logré un buen puesto en el descenso, entre los primeros 15. Y mientras yo estaba bajando, ella se emocionó, pero del miedo que le agarró. En esa carrera creo que habíamos llegado a 125 km/h y no le gustó nada. Pero ellos también saben que vengo entrenando todo el año y que estoy preparado. Y que no soy uno de esos locos que se tiraría si no confiara plenamente en lo que hago.

-Hablás de que es necesario hacer una preparación mental, que es importante poder mantener la concentración en todo momento durante la competencia. ¿Tenés un psicólogo o una persona con la que trabajás eso especialmente?

-Sí, desde hace varios años. Trabajamos bastantes cosas. Lo más importante es la comunicación constante con mi equipo. También mucho la preparación mental, la confianza para las competencias. Y la importancia de, en los momentos previos a competir, hacer todo lo posible para tener la cabeza más “limpia” o despejada y así tener el foco puesto en el momento.

«Estoy realmente muy contento con lo que se viene. Hace cinco años me puse como objetivo venir a estos Juegos y la verdad que desde entonces pasaron muchísimas cosas. Mucha mejora personal», afirma ya con la cabeza en Milano-Cortina.

Tiziano puso la vara alta en cuanto al resultado para la cita olímpica, pero sobre todo para que le sirviera de motivación para su preparación.

«Hace dos años nos pusimos un objetivo de resultado, pero más que nada como un norte para todas las cosas que tenemos que cumplir para lograrlo. Dijimos que queremos estar entre los 15 mejores, para mejorar el mejor resultado histórico de un argentino, que fue un 16° puesto. En base a eso fuimos trabajando. Aunque en este último tramo antes de los Juegos me sirve más enfocarme en el proceso para ser el mejor que puedo ser y dejar que el resultado sea una consecuencia», explicó.

E invitado a soñar un poco con lo que vivirá en las próximas semanas, afirma que espera «sorprenderse».

«Me acuerdo en los Juegos de la Juventud de Lausana, cuando llegamos a la Villa había una cantidad impresionante de atletas y la mayoría no eran de mi deporte. Yo estaba tan concentrado en mi competencia, que casi me había olvidado que se disputaban también otros deportes. Era espectacular y me llamó mucho la atención», cuenta entre risas. «Unos Juegos de mayores tienen otra magnitud y otro impacto. Y espero también sorprenderme un poco en ese sentido y disfrutar la experiencia al máximo. Porque es algo único».

De Buenos Aires a Bariloche y de ahí, al mundo

La historia de Tiziano con el esquí es «un poco particular», porque a diferencia de muchos de los atletas con los que suele competir, él no nació en la montaña ni siguió una tradición familiar. Sus papás, que le encontraron de grandes el gusto a este deporte, lo mandaban junto a sus hermanos a la escuelita cada vez que iban de vacaciones a Bariloche. Así, aprendió de grandes instructores y siguiendo a Balthazar, su hermano mayor, se fue enganchando cada vez más.

«Cuando yo tenía cinco años, a Balthazar lo invitaron a una competencia nacional en San Martín de los Andes y lo acompañamos con mi viejo, sin saber absolutamente de esquí. Le fue muy bien, le gustó y entonces nos fuimos metiendo. A los 14 años ya me iba muy bien y era siempre campeón nacional y sudamericano de mi edad. Entonces empecé a competir internacionalmente. Y mientras seguía compitiendo, los resultados me iban demostrando que era bueno en lo que hacía y que podía seguir mejorando», recuerda.

-¿Crecer en una familia tan conocida, con mucha gente pendiente de todo lo que hacés, te generó más presión?

-Creo que no, porque crecer así fue algo “natural” para mí. Y mis padres desde chicos nos enseñaron cómo manejarnos en ese sentido, a entender que es una responsabilidad, pero también a disfrutarlo y a sacarle provecho. No me agregó presión. Mi familia fue siempre un apoyo muy importante desde lo emocional también. Entiendo que soy bastante privilegiado por la casa en la que nací, por los viejos que tengo, que son unos fenómenos, y por los hermanos que tengo, que son todos grosos, cada uno en lo que hace. Quizás al estar un poco más expuesto, cuando no tengo buenos resultados, tiene un poco más de impacto. Pero eso hizo que se abrieran algunas puertas en algún momento. Y esas oportunidades hay que saber aprovecharlas también. Es algo que estoy intentando hacer de la mejor manera, desde la responsabilidad y el respeto. Aprovechar las oportunidades que uno tiene es fundamental y parte del juego.

Su padres -que viajaron a Italia para acompañarlo en los Juegos- fueron también los que lo empujaron a estudiar una carrera universitaria luego de terminar el colegio secundario. «Yo tenía clarísimo que quería seguir con el esquí, pero en casa me dijeron que tenía que estudiar algo», cuenta. Un programa especial para atletas de la Universidad de San Andrés le dio la chance de viajar para competir mientras iba haciendo la carrera de Negocios Digitales.

Tiziano, el segundo desde la izquierda, sin esquís, junto a sus padres Valeria Mazza y Alejandro Gravier y sus hermanos Benicio, Taína y Balthazar, en un evento a fines del año pasado. Foto Movilpress

«Me llevó un poco más de tiempo, porque hacía menos materias por semestre. Pero no me arrepiento. Cuando estaba en Buenos Aires me dio una rutina y es un cable a tierra a veces para desconectar la cabeza del esquí. Ahora me quedan siete materias. Si Dios quiere y yo me siento a estudiar, en diciembre termino. Y voy a tener un título que me va a dar otra oportunidad y una tranquilidad mental de tener otra puerta más abierta», comentó.

Gravier no tardó en conseguir buenos resultados a nivel nacional e internacional. Y, consciente de su potencial pero con los pies en al tierra, en 2016 se puso un objetivo ambicioso: clasificarse a los Juegos Olímpicos de la Juventud de Lausana 2020. Tanto quería competir en esa cita que en 2019, cuando estaba por encarar el tramo final del proceso de clasificación, decidió dejar de jugar al rugby, que practicaba desde chiquito en SIC, para evitar una posible lesión. Y tuvo su premio: en los Alpes suizos consiguió un histórico séptimo puesto en el Super G y quedó a apenas 0s51 del sueco Adam Hofstedt, ganador del oro.

«Me puse ese objetivo y empecé a trabajar mucho. Fue duro dejar de jugar al rugby porque realmente lo disfrutaba y había hecho un grupo de amigos espectacular. Pero llegué a esos Juegos. Y ser abanderado y sacar un diploma olímpico con 18 años fue algo increíble. Ahí fue cuando me di cuenta que me gustaba mucho lo que hacía y que competir con los mejores del mundo me llenaba muchísimo. Esos Juegos me hicieron hacer un click porque estuve a la altura y a centésimas de conseguir una medalla olímpica», recuerda.

Gravier en Cortina 2021, su primer Mundial de Mayores, en el que finalizó 22° en Slalom Gigante.

Entonces su evolución se potenció. En 2021, en su primer Mundial de mayores en Cortina, fue 22° puesto en el Slalom Gigante. Hoy ya tiene tres Mundiales disputados. En 2024 y el año pasado brilló en las Copas Sudamericanas y consiguió resultados que le permitieron llegar al primer lugar del ranking sudamericano de Slalom Gigante y entrar al circuito de Copas del Mundo, la elite de su deporte. Y hoy, afianzado entre los mejores 50 del mundo -apunta a meterse entre los 20 a mediano plazo-, está muy ilusionado con hacer historia para el esquí argentino en Milano-Cortina..

Un par de conceptos para entender mejor el esquí

«El esquí no es un deporte muy popular en Argentina», desliza Tiziano durante la charla con Clarín. Consciente de esa realidad, no tiene problemas en tomarse unos minutos para explicar algunos conceptos del deporte que lo apasiona.

El primero: la importancia del equipo. «Yo compito solo pero tengo un montón de gente atrás que me ayuda una barbaridad. Mi entrenador Pierre Gaidet; los preparadores físicos Pablo Garcia y Edoardo Quiroga, el técnico que me hace los esquís, Federico Murtagh; los kinesiólogos Belen Moreschi y Lucas del Punta; y mi psicólogo Fernando Saccone. Entonces, es un trabajo recontra de equipo», cuenta.

Explica además que los esquís pueden personalizarse para cada atleta -como un jugador de tenis hace con sus raquetas- y que deben «prepararse» cada día antes de competir.

Gravier brilló en 2024 y 2025 en las Copas Sudamericanas, llegó al primer lugar del ranking de la región y se ganó un lugar en las Copas del Mundo. Foto Gentileza Tiziano Gravier

«En esquí alpino hay cuatro disciplinas, Slalom, Slalom Gigante, Super Gigante y Descenso. Para cada disciplinas hay reglamentaciones estrictas sobre qué esquís se pueden usar. Si nos ponemos muy técnicos, hay muchas cosas que podés personalizar, como por ejemplo dónde ponés las fijaciones (que es donde se engancha la bota) o qué tipo de bota elegís. Pero a lo que llamamos «prepararlos» tiene que ver con los cantos, que son los metales que están al costado de los esquís y es lo que nos hace girar. Están afiladísimos como si fuesen cuchillos porque al final nosotros esquiamos más en hielo que en nieve. Por eso yo tengo una persona que me «hace» los esquíes todos los días. Sería algo así como un mecánico de Fórmula 1«, aclara.

Y describe las diferencias básicas que hay entre una disciplina y otra.

«En todas las disciplinas el objetivo es llegar abajo esquivando las banderitas en el menor tiempo posible. Lo único que cambia entre disciplinas es la distancia entre las curvas, lo que hace que cambie también la velocidad a la que uno baja», resume.

Y agrega: «La técnica de base en esquí es siempre la misma, pero al hacer distintos tipos de curvas hay distintos recursos y herramientas que son más propios de una disciplina que de otra. También físicamente son distintas. El Slalom son curvas más cortas, de 10 metros, capaz que vas a 50 kilómetros por hora, pero el ritmo es más alto y son apoyos más intensos, entonces capaz es una disciplina más física. El Slalom Gigante son curvas de 25-30 metros y la velocidad es otra, llegás a superar los 90 kilómetros por hora».

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